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Etiquetas:   Reales de vellón  

De la crisis financiera a la inyección de dinero líquido

Sergio Brosa
Sergio Brosa
martes, 18 de marzo de 2008, 08:10 h (CET)
Bear, Stearns & Co. Inc. es uno de los mayores bancos de inversiones del mundo, así como de negociación de acciones e intermediación financiera. Su principal accionista es Joseph C. Lewis, con 8,1 millones de acciones que representan el 7% aproximadamente de la compañía.

Joseph C. Lewis, un inglés multimillonario que vive en Las Bahamas, según la lista de Forbes de los más ricos del mundo en 2007, ocupa el puesto 369. Y de acuerdo con la lista del Sunday Times, es el número 16 de entre los británicos más ricos de 2007. Lewis apareció en la prensa mundial porque el 10 de septiembre de 2007 pagó 860 millones de dólares por sus acciones en Bear Stearns. En marzo de 2008 esas acciones valen 375 millones debido a su caída en bolsa, afectado por la crisis de las hipotecas subprime.

Como es obvio, el problema no es la fortuna de Joseph Lewis o la del presidente del banco, James E. Cayne que detenta el 5,8% de sus acciones, sino el dinero de los miles de inversores e impositores de la firma. La pérdida de credibilidad en la institución podría acarrear una serie de bancarrotas en cadena con difícil predicción de su final.

El Bear Stearns se constituyó en 1923 y ha sido durante mucho tiempo uno de los bancos más rentables de Wall Street.

La Reserva Federal ha tenido que acudir en ayuda del Bear Sterans, antes de que tuviera que presentar suspensión de pagos o, como corresponde a los EE.UU., acogerse al Capítulo 11 de la Ley de Bancarrota que resulta muy sonoro y específico.

En efecto, la Fed, como se conoce coloquialmente a la Reserva Federal o banco central norteamericano, ha tomado la decisión extraordinaria de acudir en ayuda de la institución financiera, activando una facultad que le fue concedida en 1930 y que raramente se ha hecho efectiva, por no entrometerse en el libre mercado.

Pero la situación actual es muy diferente y de inyectarse o no ahora ochocientos mil millones de dólares para atender las solicitudes de reintegro de sus inversionistas, las bancarrotas en cadena que podrían sucederse en el ámbito financiero mundial, podrían ser incalculables.

La operación se hará como puente a la espera de hallar una solución estable, a través de J.P. Morgan Chase, banco comercial con acceso a las facilidades crediticias de la Fed. Por su parte, Bear Stearns pondrá en garantía sus activos inmobiliarios y las operaciones a largo plazo, en lo que activan la entrada de nuevos fondos privados para restablecer el equilibrio financiero de la institución.

La clave de toda esta magna y desusada operación de la Reserva Federal responde a la afirmación de Eugene White, profesor de economía de la Universidad Rutgers, la universidad estatal de Nueva Jersey: “Estamos en el filo de la navaja y si la gente pierde la confianza en lugares como el Bear Stearns, nadie volverá a prestar nunca a nadie”.

Así están las cosas en los EE.UU. Aquí, por suerte no hay crisis financiera al decir del gobierno en funciones, ganador de las elecciones del 9-M. El partido perdedor hablaba de crisis y tal vez por ello perdió la carrera electoral. Pero en USA están tratando de evitar el colapso de la Bolsa que se produjo en el otoño de 1987 y aunque a algunos les pueda parecer extraño, afectó gravemente a las bolsas españolas y a las de todo el planeta.

Hay quien no quiere entender que estamos en un mundo global, para lo bueno y para lo menos bueno también y no tan sólo para lo que hace referencia al calentamiento. Tantas medidas como se están tomando para frenar el fenómeno atmosférico del calentamiento global –en Gran Bretaña van a penalizar fiscalmente de forma severa a todos los usuarios de automoción– y en el área económica parece que no pasa nada. Pues no hay más que fijarse en el ladrillo.

Aunque a juzgar por las aglomeraciones en aeropuertos y carreteras en el comienzo de la Semana Santa, cuyo primer día de fiesta es el próximo jueves, no el viernes pasado, ciertamente da la sensación de que hablar de crisis económica sea asunto de charlatanes. Pues mejor así, la verdad.

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