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Etiquetas:   Perspectiva de Levante   -   Sección:   Opinión

La importancia de llamarse Ferrusola

Domingo Delgado
Domingo Delgado
martes, 18 de marzo de 2008, 08:10 h (CET)
Estos días son noticia unas deplorables declaraciones de Marta Ferrusola, consorte del ex presidente Pujol, que denostaba sobre la figura de un presidente de la Generalidad catalana, que no fuera catalán de origen, que no supiera o no hablara habitualmente en catalán, y que además el nombre y apellido no fueran catalanes.

Tales declaraciones hay quien ya las ha calificado de racistas, xenófobas, de etnicistas, e incluso de “catetas”, que en el fondo creo que es a lo que responden.

Cuando el nacionalismo desbordante llega a etiquetar como bueno y válido, todo lo que resulta exclusivo de un determinado territorio, y tacha de malo, denostable, o extraño, todo lo que viene de fuera, aunque más o menos convivan a diario con ese extraño que ha venido de fuera, no deja de ser una actitud tribal, necia, e inaceptable en los tiempos que corren. Ya que se hace acepción de personas, en función de su lugar de origen, y de si practican o no una forma dialectal.

Esto que para los defensores de la tribu parece ser necesario, para mantener una falsa e inconveniente mitología de privilegios, que contravienen no sólo el espíritu constitucional, sino los más elementales derechos humanos, en cuanto a igualdad de derechos de todas las personas; que nos lleva de nuevo a retroceder en la “noche de los tiempos” de la historia, que tantos problemas de convivencia generaron, dando lugar incluso a conflictos armados, tanto en España como en Europa. Cuando los nacionalismos han sido excluyentes, y han ido más allá de un cierto acerbo cultural, la convivencia siempre se ha resentido por lo que de injusto contienen, en su natural elaboración discriminatoria.

De tal manera que nos encontramos en la actualidad con que en la Cataluña nacionalista, se multa a comerciantes que se anuncian en castellano, se viene practicando una selectiva inmersión lingüística en los niveles básicos y medios educativos, hasta el punto de negar el derecho de estudiar en español, y se alienta progresivamente, por la “casta político nacionalista” al separatismo, a la autodeterminación.

Esta actitud que contrasta con el “seni” catalán, y que no es el común sentir de la ciudadanía de Cataluña, sino de su “casta político nacionalista” interesados en remover los sentimientos, las emociones, la irracionalidad, frente a la racionalidad y el sentido común, para poder “vender” mejor su producto, y mantener su presencia en el “mercado político”. Además contrasta con la evolución de la humanidad en el momento actual, inmersa en un proceso planetario de “globalización” facilitada por las relaciones comerciales internacionales, y por las nuevas comunicaciones que acercan las distancias progresivamente, y con ello el mutuo conocimiento, el respeto, la tolerancia y sobre todo la igualdad de todo el género humano. O acaso, ¿venden las empresas catalanas sus productos sólo en Cataluña?, ¿tienen problemas de postergación o rechazo sus ciudadanos en otros lugares de España?.

Por tanto, cuidemos mucho las formas y los contenidos legales para que no se discrimine a ningún ciudadano por su lengua o lugar de procedencia, ya que de lo contrario, el resentimiento por la injusticia, la humillación y el desprecio más o menos expresos, dará problemas de convivencia general.

Hoy día nadie niega el hecho de la cultura vasca o catalana, de su lengua e idiosincrasia, y por ende, el derecho de vivir en su conformidad, pero exacerbarlo a costa de recortes de derechos, no parece ni que sea lógico, ni desde luego justo.

Afortunadamente, el cálculo del esposo de la Ferrusola ha sido mayor, y se ha disculpado. Aún dándole el crédito que tengan sus palabras, no dejan de ser las declaraciones de Ferrusola una pueblerina referencia a lo que se respira en su casa, que poca o ninguna importancia tendrían si no se tratara de la esposa del ex presidente Pujol, y si no se dieran esos hechos discriminatorios a los de fuera desde la Cataluña oficial, que no desde la Cataluña real, hoy por hoy.

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