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Chantajeando al candidato presidencial

Luis Agüero Wagner
Redacción
martes, 18 de marzo de 2008, 18:05 h (CET)
El militar retirado Lino César Oviedo, candidato a la presidencia del Paraguay, reconoció esta semana que perdió respaldo del diario más leído de la capital paraguaya (ABC color) cuando se negó a denostar contra la administración de Itaipú, una represa hidroeléctrica binacional compartida entre Paraguay y Brasil cuya privatización el dueño de dicho diario busca impulsar a cualquier costo, y cuya supuesta mala administración utiliza para atacar al Mercosur.

Debo decir que resulta lamentable el espectáculo de ciertos políticos pusilánimes exhibidos cual trofeo del señor Aldo Zuccolillo cuando se allanan a seguir su línea editorial contra el Mercosur, buscando instrumentar el tema de las hidroeléctricas para crear disturbios en el bloque regional, como si nos faltaran problemas en el país y el subcontinente. Y tanto más notorio el triste papel de títeres al tratarse de medios de comunicación bien conocidos por sus vinculaciones directas e indirectas con intereses imperiales extranjeros a la región, y su anacrónico Maccarthismo que pareciera ignorar que la guerra fría finalizó hace casi dos décadas.

Algunos de los pusilánimes referentes de la politiquería a quienes el dueño del diario (Aldo Zucolillo) utiliza para sus campañas como los representantes de Tekojoja, sólo son chauvinistas cuando se trata de denostar contra la administración de Itaipú, dado que no se sienten heridos en sus sentimientos nacionalistas cuando reciben los dólares de USAID en las ventanillas de cobro habilitadas por la embajada norteamericana.

Difícilmente podamos conferir autoridad moral para censurar el entreguismo de ningún gobierno a quienes albergan en sus filas a notorios voceros de coacciones externas desnacionalizantes pagadas por embajadas extranjeras, y que se llenan la boca condenando al imperialismo brasileño pero cierran los ojos ante las intervenciones del imperio norteamericano.

Decía Albert Camus que amaba demasiado a su país para ser nacionalista, frase que podríamos hacer nuestra cuando algún personaje quiere enviar a un pobre y pequeño país como Paraguay a una nueva guerra su gigantesco vecino del este. Sin desmeritar a Brasil como imperio, considerando lo mal que la pasó el Paraguay hacia 1870 cuando aplicó la “confrontación directa” con el coloso sudamericano en una gigantomaquia digna de titanes contra olímpicos en la mitología griega, resulta contradictorio este nacionalismo y antiimperialismo tan selectivo en ciertos zares de la prensa paraguaya. Especialmente si consideramos que la única vez que abrieron la boca para acusar al imperio norteamericano (que impuso en Paraguay la dictadura anticomunista de la que se presentan como víctimas), fue para criticar a Jimmy Carter por preocuparse del tema Derechos Humanos.

Eso por no citar los panegíricos que dedicara, antes del giro en política exterior de sus amos de Washington, a grandes filántropos como Jorge Rafael Videla o el editorial defendiendo al dictador Augusto Pinochet detenido en Londres (ABC, 8 de noviembre de 1998).

Tampoco el dulce nacionalismo condice con la prosapia de Aldo Zuccolillo, hijo de don Antonio Zuccolillo Abbondante, quien vendiendo “abondante” azúcar a los bolivianos en plena guerra del Chaco entre Paraguay y Bolivia no pudo haberle explicado a su vástago gran cosa sobre la rentabilidad del patriotismo. Sí concuerda, en contrapartida, con el hábito del dueño de ABC de intentar borrar su pasado vergonzante con itinerarios de ida y vuelta, y mentir con insistencia goebbeliana. En este empeño, hasta fue capaz de contratar a Christian Zimmerman para predicar desde ABC la receta del mago Martínez de Hoz , de cuya efectividad estaba a punto de convencernos cuando salieron a la luz sus aventuras de Bancopar y otras financieras.

Aún menos podría aceptarse el papel de censor de una prensa fabuladora, sin autoridad moral ni compromiso con la verdad, que jamás ha pretendido ocultar sus tendencias socialdarwinistas y neoliberales al enfocar temas económicos y políticos, su hipocresía a la hora de condenar una dictadura que alabó por décadas, ni tampoco su ocasional visión legionarista y anti-nacional de la historia paraguaya en el enfoque de sus momentos culminantes. Aunque lleve décadas disfrazando de nacionalismo sus incontenibles afanes de convertir Itaipú en la manzana de la discordia del Mercosur, al tiempo de erigirse en abogada de expoliadores intereses extranjeros -eventualmente brasileños- que operan en el país prometiendo redimirlo, presentándose fraudulentamente como voceros de los intereses generales de la sociedad.

La sociedad paraguaya sabe perfectamente que este sector de la prensa que lleva tanto tiempo empeñándose en fingir nacionalismo en el tema específico de un verdadero símbolo de integración entre Paraguay y Brasil como la represa hidroeléctrica de Itaipú, es el mismo que dedicó grandes espacios a denigrar a héroes nacionales, a defender intereses ajenos a la región y a criticar a cualquier gobierno de signo progresista que busque solidarizarse con el Paraguay.

Aunque algunos politiqueros pretendan convencernos que tal o cual candidatura surgió en el seno del pueblo, la pusilanimidad de la mayoría de ellos con respecto a la línea editorial de esta prensa ultraderechista subsidiada por la National Endowment for Democracy demuestra su absoluta dependencia de los intereses que animan a los grandes empresarios del rubro de la comunicación. Es que los políticos necesitan de la prensa para hacer conocer al público que están constantemente defendiendo causas nobles, aunque sean muy magros los resultados de su accionar, sobre todo porque la cobertura periodística no abarca todos los azimuts del espacio, y las buenas intenciones pareciera que no existen si no están los fotógrafos. Este hecho invariablemente se repite en el caso que nos ocupa.

Del mismo modo que hubiera sido deseable que nuestros negociadores en temas como Itaipú exhibieran mayor patriotismo y hayan sido intransigentes a la hora de defender los intereses nacionales, algo que no está en discusión, tampoco estaría demás que ciertos políticos y parlamentarios de la oposición demuestran una mayor autonomía de pensamiento y originalidad a la hora de elegir sus reivindicaciones, que cada vez aparentan más ser subproductos propagandísticos auspiciados por ciertos diarios. Para colmo, casualmente se trata de los medios conocidos por emprender las más bochornosas campañas contra la verdad.

Ya lo dijo Alexander Pope: el que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de la primera.

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