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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Palmeros hodiernos

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 17 de marzo de 2008, 04:58 h (CET)
Al desentrañar los SUEÑOS, se pierde el control sobre lo acontecido en su transcurso; se mezclan escenas en el tiempo y en el espacio. Su extraño carácter, sus formas desdibujadas, no pierden del todo una consistencia fascinante, ese algo expresado, quizá sólo intuído. ¿Qué nos muestran en realidad los sueños? Nos adentran en situaciones surrealistas, la consideración de cada interviniente entra en acción. No es un resumen, es una vivencia; de tan íntima y personal, de difícil captación para los demás.

Puestos hoy en esto del surrealismo, les propongo el acercamiento a uno de esos sueños intrincados; enlaza pasado y futuro, sin apenas una hilación a la vista. Se trata de una propuesta, de un sueño abierto a las intuiciones o consideraciones de quien esté interesado en intentarlo. Si yo lo probé en mi pueblo, cada uno elija la ubicación, la fecha y las variantes que estime convenientes. Como fondo sonaba la estimulante armonía de las famosas 10 MELODÍAS vascas, del vitoriano Jesús Guridi; narrativa, amorosa, elegíaca o festiva, proponen una vitalidad entrañable en el ámbito onírico. A su vez, desfilaban 6 palmeros muy ceremoniosos, con toda probabilidad durante un Domingo de Ramos, aunque no constaba ninguna anotación de fechas; cada palma o palmero portaba un lema muy visible en clara referencia argumental, muy apropiados para los ambientes actuales. No ofrecían más detalles en la susodicha escena. La significación de los lemas e incluso su orfen de aparición sugieren algunas vías interpretativas.

Ahora, los PALMERALES ya no presuponen aquella magia de los tiempos lejanos, de narraciones subyugantes; eso no se debe sólo a la sequía o a los cambios del clima. Ya quedan pocas magias, qué le vamos a hacer. Todo es más directo e impulsivo en los momentos que corren; no se recurre a grandes significados, no nos dicen casi nada unas simples ramas cortadas y casi secas. Si en tiempos, los adornos se vertían con un simbolismo creativo y superador de desventuras; hoy no disponemos de minutos libres para símbolos; nos conformamos con la mediocridad, como en otras materias, ná de ná, o en todo caso, muy poco. ¿Qué querrán señalarnos los lemas colgados en las palmas del sueño?¿La música ambiental, pretenderá esa sugerencia de otros fondos? Una vez más, no dispondremos de una respuesta nítida y contundente. ¡En tan pocas ocasiones conseguimos esa rotundidad!

Captamos enseguida el lema de la primera figura, la palma de la IMPLICACIÓN. Su nitidez inica el desfile, como una señal para el asentamiento de la presencia humana. No expresa detalles o circunstancias, se limita al enunciado del lema. Ni tan siquiera muestra las posibles cualidades de esa participación, fueran abundantes o escasas; como una invitación a la entrada en materia, previa a otras valoraciones. Meterse en el ajo. Mientras las tendencias en nuestros ambientes derivan por impulsos contrarios, nos acostumbran a la indiferencia o la dejadez. ¿Todo se acaba con un voto o una firma? ¿La delegación de facultades se convierte en el acto supremo? No es un leve compromiso el derivado de esta sugerencia, su ausencia destaca en el ambiente.

Le seguía otro palmero, portador de la RAZÓN activa, orgulloso de su emblema. Confieso que al principio no acertaba con su enunciado, eso de una razón con mayúsculas, son palabras mayores; razones pequeñitas para ir “trampeando”, hubieran sido más previsibles. Viene a ser, un razonemos bien, que algo irá quedando. Los gestos y el carácter vivaracho del portador, expresan a las claras esa intención de una función activa, hasta con intensidad. No entra en cosas razonables, subterfugios o melindres. Medio y mensaje transmitían una convicción consistente. Quedaba clara esa expresión de calidad en la proposición. Por lo mismo, se reflejaba su distancia frente a los razonamientos acomodaticios.

El desfile continúa con una chocante proclama centrada en la consigna de FRONTERIZOS, muy clara, en todo lo alto. Condensa esa realidad en la que vivimos, cercana a los bordes, ¿A los precipicios?, reclamando la máxima concentración. Nada más evidente, no disponemos de campos propicios para seguridades inconmovibles, aunque seamos propensos al establecimiento de fronteras rígidas de separación. El sueño no entra en esto, se limita al resalte de unos límites existenciales de cara a las actuaciones, inspiradores y creativos, por su propia excelencia natural, sean desaprovechados o no; que esa es otra cuestión. Es el recuerdo de las zonas limítrofes como ámbito de actuación, como fuente de posibilidades y retos.

El cortejo solemne sumaba un cuarto componente dedicado a la EMANCIPACIÓN, de expresión radiante, como una sugerente tentación. Ante tanto emancipador de baratillo, como observamos a diario, aquí sólo se muestra una especie de iluminación, como un anuncio libre de ataduras; sin los peajes infaustos de unos servilismos plegados a intereses con poca dignidad. En esta manifestación domina el aroma de libertad; no es que invite a eliminar los intereses repugnantes, simplemente no se digna en su consideración. No se trata de pensar en esto o en aquello, es el hallazgo del “acontecimiento” radical, de constituirse en una persona en ejercicio. No obstante, permanece la opción; tomar en cuenta o no, esta fascinante sugerencia.

Acostumbrados a los ambientes de hoy, uno espera algarabías, aglomeraciones, turistas y vocerío. Por eso destaca el siguiente palmero, con su emblema SILENCIOS. ¿Qué querrá decir esta alusión? En palabras de Szymborska, “El no decir es un no lugar”; no parece apropiado eso de enarbolar alegatos de pasividad o ausencias. Prefiero asumirlo como una orientación hacia las cosas no conocidas a fondo, las emociones, la sensibilidad o el misterio. Prefiero la invitación a convertirnos en una excepción, “Cada pensamiento es una excepción”, según escribió Paul Valéry; me gusta esa incitación a pensar, escapando de “La regla general de no pensar”, dicho por el mismo autor. ¿Escribiría lo mismo hoy?

A punto del despertar, aún surgía un último romero, con su palma de la TRANSMUTACIÓN. Lo que faltaba, sin explicaciones ni añadidos. ¿En qué se deberá uno transformar? Se intuye la importancia de una buena elección. Si nos entretuviéramos con diosecillos, recordemos la frase de F. Schiller: “Contra la estupidez, los mismos dioses luchan en vano”. Otra opción es la de una resignada y minúscula oruga, sin voz, entre la globalización energúmena, sin rechistar. En el supuesto de una pretensión como personas, disponemos de una vía terrestre, lo más apañada posible; o bien, otra vía, más allá de las estrellas, de temores, angustias, anhelos y esperanzas. ¿Mutaciones orientadas? ¿Por quién?

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