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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Zaplana, amargo adiós

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 17 de marzo de 2008, 04:58 h (CET)
Esta semana leyendo y escuchando a los voceros mediáticos del Partido Popular en algunos momentos he tenido la sensación de que quien había ganado los comicios del pasado domingo eran Mariano Rajoy y su muchachada. Al parecer los encargados del aparato de “agitación y propaganda” de los populares no recordaban la imagen triste del gallego en el balcón de Génova ni tampoco las lágrimas de su desconsolada esposa la noche electoral, segunda noche triste para Mariano, y habían olvidado que durante toda la jornada del lunes el líder de la oposición había permanecido “missing” mientras meditaba si continuaba o no dirigiendo el vuelo de la gaviota popular. Ellos seguían voceando que la derecha era la triunfadora y que el PSOE había sido aupado a Moncloa con los votos de la extrema izquierda.

Pero la realidad es que el mayor número de escaños está en manos de la socialdemocracia y que es José Luís Rodriguez Zapatero quien volverá a presidir el Gobierno de España por voluntad de una mayoría de votantes. Pero esta derrota le sabrá menos amarga a Mariano Rajoy ya que le ha servido para comenzar a ir lanzando por la borda el lastre de algunos de sus conmilitones. Cuando muchos, incluso entre sus correligionarios, esperaban que Rajoy tirase la toalla y volviese a su bien remunerado y cómodo puesto de Registrador de la Propiedad éste ejerció de gallego y desconcertando a todos se aferró al sillón esperando que a la tercera sea la vencida. Al fin y al cabo también Felipe González y José María Aznar sufrieron dos derrotas antes de llegar a la bancada azul del Congreso de los Diputados.

En el momento en que Rajoy dijo que continuaba al frente del partido comenzaron las estrategias entre los militantes del Partido Popular para conseguir un buen puesto de salida en la carrera que lleva al Consejo de Ministros. A la frase de que “continuo porque es lo mejor para España y para el PP” dicha por Rajoy contestó el alcalde de Madrid con un “yo sigo”, sin imponer condiciones de cualquier tipo mientras estallaba una lucha soterrada entre Esperanza Aguirre y Francisco Camps por ver quien cuenta más en los favores de Rajoy. Y mientras esto sucedía en los despachos la rumorología avanzaba los nombres de dos de los principales damnificados de la derrota popular en las urnas, los nombres de Ángel Acebes y Eduardo Zaplana eran las cabezas de turco que iban a pagar la segunda derrota de Rajoy ante Zapatero.

A pesar de que en los análisis que hace públicos el Partido Popular se sigue reafirmando en que su política de bronca y crispación le ha dado buenos resultados, en petit comité son conscientes que su extremada derechización les ha hecho y les hará difícil llegar hasta Moncloa. De ahí que para estos cuatro años quieran dejar atrás y sin significación pública a los que hasta la fecha han sido los principales iconos utilizados en el acoso y derribo al Gobierno socialista. El trío formado por Aznar, Acebes y Zaplana va a ser apartado de la primera línea para dar paso a gentes provenientes de las filas afines a Esperanza Aguirre y Francisco Camps dirigentes de Madrid y la Comunidad Valenciana, los dos bastiones en los que Mariano Rajoy va a apoyarse durante estos cuatro años en el caso de que gane el congreso del partido el próximo junio.

Y Eduardo Zaplana, el que lo fue todo en el Partido Popular, se ha visto obligado a hacer mutis por el foro, en silencio, sin alharacas y de una manera inusual en él ha dejado el puesto de portavoz popular en el Congreso minutos antes de que un buró fax le anunciara el cese. Es de suponer que este “harakiri” del cartagenero que gobernó el País Valenciano se habrá visto compensado por un sustancioso “finiquito” en especie para que no intrigue desde la sombra, cosa a la que es muy dado. No olvidemos que su lanzamiento político fue llegar a la alcaldía de Benidorm de la mano de una tránsfuga a la que desde el año 1991 los valencianos están pagando el favor mediante un empleo público para ella y su marido, también se vio implicado en el llamado “caso Naseiro” sobre financiación ilegal del PP y en el que fue el único que no salió salpicado. Cuando saltó de Valencia a un ministerio en Madrid dejó, por unos meses, a José Luís Olivas al frente de la Generalitat valenciana, puesto que después pasaría a ocupar su “delfín” Francisco Camps, entonces amigo y que ahora ni tan siquiera le ha dedicado unas palabras de ánimo en su adiós.

Quien todo lo tuvo en su mano ahora marcha en silencio y por la puerta de atrás. Tal vez ahora, con menos trabajo, Eduardo Zaplana dispondrá de tiempo para pasear por esa Terra Mítica que él creo y que en estos momentos anda paseando su nombre y documentos por los tribunales ya que, al parecer, no cuadran los números y existen algunas dudas contables y tributarias en sus documentos oficiales. Sus “lunes al sol” serán cómodos, ahora ya tiene algo más que aquel automóvil de 16 válvulas al que aspiraba en sus tiempos de concejal en Benidorm. El lastre de Zaplana ya lo ha lanzado Rajoy por la borda del balcón de Génova, ahora le queda Acebes, aunque tal vez éste se salve. Al menos esa es la campaña que ha iniciado desde TV3 el programa satírico “Polonia” donde camisetas con ”Save Acebes” proclaman el deseo de sus guionistas de que no les dejen sin un personaje que cada semana les da tanto juego. Yo prefiero salvar a las focas.

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