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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Augurios

Mariano Estrada
Redacción
domingo, 16 de marzo de 2008, 19:57 h (CET)
Lo primero que yo leí de Borges, hace ya muchos años, fue lo siguiente: “Por el deceso de alguien –misterio cuyo vacante nombre poseo y cuya realidad no abarcamos-, hay hasta el alba una casa abierta en el Sur”.

Pues bien, estos versos, que son los que inician el poema “La noche que en el Sur lo velaron”, fueron los que me abrieron la puerta de la literatura borgeana, que, como sabemos, es una literatura de las que, además de crear adición, dejan una huella que tarda mucho en borrarse. Si es que al fin se borra, porque alguien ha llegado a decir incluso que, quien bucea en las páginas de Borges, si es escritor, ya no podrá desprenderse nunca de determinadas adherencias.

Yo creo tener aún algunas, pero en los años que siguieron a la lectura de ese magnífico poema, confieso que leía de Borges hasta lo que no me gustaba y que, por cierto, es lo que me sigue sin gustar.

No es extraño, pues, que un buen día quisiera expresarle mi gratitud, que era mucha y cierta, y que de pronto me viera escribiendo el libro “Vindicación de JL Borges”, del que sólo he dado a conocer algunos fragmentos: aquellos que, mirados con indulgencia, me han parecido aún presentables.

El primero de los que dejo hoy aquí, titulado Augurios, tiene un alto componente mimético. El segundo lo he puesto para que el lector se quede un rato pensando.

AUGURIOS
Un amigo de la infancia, muy dado para su mal a las supersticiones, deshojó una margarita para saber de un amor. La flor le dijo que sí y, efectivamente, el amor fue consumado. Otras cosas hizo que no voy a referir en estas líneas; es lógico entender que algunas le depararan desagradables sorpresas.

Pero hay una, llegada a mi conocimiento por tercera persona, que constituye el objeto del presente relato. Para saber de la suerte en las diversas facetas de su vida, se había dado a ejercer una especie de cábala. De los procedimientos y combinaciones que usó, nada ha llegado a saberse. Se sabe, eso sí, que no se limitaban a los Libros Sagrados.

Uno de ellos le predijo su muerte, jamás conoceremos con qué amargas palabras. Cerró el libro que sostenían sus manos, se dirigió a la salita, donde su esposa redimía del polvo unos cuadernos y, mirándola a los ojos, dijo: “Voy a morir”. Y en aquel instante preciso cayó fulminado por el rayo. No le dio tiempo a sentarse.

La certeza de su muerte le pudo llegar de múltiples formas. La que aquí se da a entender es una de ellas, pero no pasa de ser conjetura.

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios. Del libro “Vindicación de JL Borges”.

Coda:

El certificado

Pero dime: ¿en qué lugar tuviste la certeza de que estabas muerto? ¿En el polvo fatigoso de un andar perdido, a la sombra de un puente hospitalario, en algún esconce aleve del espacio-vida? ¿Fue en la guerra, en la paz, fue tal vez en la casa? ¿Y cómo es que tu alma no se halló donde dices que fue hecha cadáver?

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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