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Opinión
Etiquetas:   La parte por el todo  

Banderas de nuestros padres

Óscar Arce Ruiz
Óscar Arce
domingo, 16 de marzo de 2008, 07:41 h (CET)
Los resultados de las últimas elecciones (al menos de las siete u ocho últimas) muestran que la teórica convivencia de partidos no consigue vencer a la realidad estanca bipartidista de la política española.

Independientemente de quién consiga un mayor número de votos y/o escaños, lo que está claro es que la única incertidumbre reside en cuál de los dos partidos mayoritarios conseguirá rebasar al otro. Y es curiosa, en ese contexto, la experiencia que llevó a cabo Jordi Évole (el ‘follonero’) en el programa de la Sexta ‘Salvados por la campaña’.

En particular, me pareció especialmente notable la ocurrencia de aparecer ante militantes y simpatizantes de ambos partidos en ocasiones diferentes pronunciando exactamente las mismas palabras. El resultado fue, en ambos casos, una ovación y un mar de aplausos y felicitaciones. Incluso algún abrazo se llevó el bueno de Évole.

Bajo mi punto de vista, esto viene a demostrar cuánta razón tenía Marx al definir la ideología como un producto social, vinculada especialmente a la situación económica.

Y digo esto, porque viendo las reacciones ante las palabras vacías del ‘follonero’ en los asistentes a los mítines electorales, uno se pregunta si no es la inercia lo que mueve sus votos. Hay quien vota, en efecto, siempre al mismo partido, como hay quien desea que siempre gane el mismo equipo de fútbol.

Dudo si todas estas personas pueden decir que es su ideología lo que les vincula a la papeleta. Creo que son más los ‘fans’ del partido que los idealistas.

En cambio existe un importante número de personas que deciden de qué lado cae la balanza cada cuatro años. Su manera de ordenar el mundo se basa en su experiencia más material, más económica si se quiere. Es la manera de relacionar su capital con el capital global los que configura en cada momento su ideología. Para que voten a tal o a tal otro, a estos es necesario convencerles.

Dentro de este grupo, quien pueda beneficiarse gratuitamente de unas determinadas prestaciones sociales demasiado caras se inclinará hacia un bando. Quien prefiera que el producto de su esfuerzo personal repercuta en su vida personal se inclinará hacia el otro.

Porque la ideología se origina en las raíces de la estructura social y son productos de ésta. La ideología cambia cuando varían las circunstancias, pues nadie tira piedras a su propio tejado.

No son los que agitan la banderita quienes legitiman a un partido determinado para acceder a la cúspide (les cederían su voto de cualquier modo). Quienes apuestan realmente son quienes desgranan la economía para saber en qué lado han de posicionarse.

Es a ellos, irremediablemente, a quienes están destinadas las promesas.

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