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La patria periodística y el continuismo en Paraguay

Luis Aguero Wagner
Redacción
sábado, 15 de marzo de 2008, 10:34 h (CET)
En el segundo tomo de su libro "Los dueños de Argentina", el periodista Luis Majul denunció el acuerdo extra-publicitario entre Daniel Hadad (uno de los favorecidos de Alfredo Yabrán) y la empresa Benito Roggio, por el que el primero recibía 3.000 dólares mensuales sin la contrapartida de publicidad. El caso de Hadad, quien tiene en su haber frases tan coquetas como "para una empresa informativa, ganar dinero es un deber ético", hizo afirmar en su momento a algunos que Argentina encabeza la lista de países con menor objetividad entre sus medios masivos.

Yo me preguntaría en qué categoría se encuentra Paraguay, donde abundan acuerdos aun más deshonrosos y por cifras que superan los tres mil dólares en varios dígitos. No impide esta realidad palpable que algunos propietarios de medios pretendan autocalificarse enérgicamente como portavoces de la libertad de expresión y de los intereses generales de la sociedad paraguaya, siendo apenas obsecuentes servidores de los intereses dominantes en la corrompida actividad empresarial del país.

Sabemos que a pesar de tanta jactancia estúpida, es bien conocida la dependencia informativa que padecen estos medios del suministro institucional de datos avalados por agentes de poder, muchas veces de gobiernos extranjeros, lo cual les resulta conveniente porque les permite ahorrar los costos de una auténtica investigación periodística, que puede producir una incómoda información poco clara que además podría despertar protestas, reclamaciones o retiros de auspicio.

El resultado es que todo lo que el pueblo recibe de estos medios así limitados, que muchas veces para colmo albergan periodistas que reciben salarios de gobiernos o medios extranjeros, son subproductos de campañas de propaganda y descrédito iniciadas por un gobierno o empresa de comunicación hacia otro gobierno u otro medio, por lo general con fines políticos que no siempre respetan los auténticos valores democráticos.

Esta realidad es coherente con medios de difusión que en su mayoría se montaron o fueron traspasados por capitales manchados con sangre, que solo se dedican a defender indignantes privilegios, y que se cuentan entre los principales responsables del rumbo errático y lunático de la transición paraguaya.

Vale la pena una breve cartografía para extraviados sobre las raíces del poder mediático en Paraguay.

Cuando a mediados de los años 60 el importador sirio-libanés de cigarrillos, telas y bebidas Elías A. Saba, el número 2 del régimen militar -insistentemente vinculado al narcotráfico, de acuerdo a prestigiosas fuentes norteamericanas-, Andrés Rodríguez, y el empresario del entorno estronista Aldo Zuccolillo aunaron esfuerzos para el alumbramiento de "ABC Color", las facilidades para importar rotativas offset sin pagar impuestos y otros privilegios, así como el interés de recuperar el negocio de combustibles perdido con la entrada en operaciones de la refinería de Villa Elisa, pesaron obviamente mucho más que el afán de promover la ética periodística y la veracidad de la información.

Pasaron varias décadas para que este diario con delirios de poder paralelo dejara de manifestar su obsecuencia a Stroessner , y agradecer su "grata presencia" en los brindis por su aniversario, además de derrochar elogios para Pinochet, Videla y otros dictadores, y empezara a descubrir las "atrocidades de la dictadura". Y esto último solo porque para entonces su propietario ya se había embarcado en construir su propia plataforma política (el plan "Zeta") para llegar a la presidencia de Paraguay.

La combativa militante comunista Idalina Gaona ("camarada Alicia", según los Archivos del Terror) me confió en una oportunidad que estando detenida por la policía de la dictadura, solía alternar las sesiones en que recibía torturas con los encendidos discursos anticomunistas que los hermanos Levi Ruffinelli iban a pronunciar con frecuencia, por falta de otro auditorio, ante los presos políticos, a quienes buscaban lavar el cerebro en beneficio de la civilización occidental y cristiana. Fernando Levi Ruffinelli, que era incapaz de reunir el suficiente número de seguidores para conformar su directorio, había sido la "brillante elección" de Zuccolillo como vocero de su "Plan Z". Detalle que por sí solo explica el fracaso del proyecto.

A pesar de estos antecedentes, Zucolillo no deja de acusar a la candidata Blanca Ovelar de encarnar el “continuismo” en la actual campaña electoral de Paraguay, a pesar de haber tenido ella sus orígenes en una familia simpatizante del socialismo que era perseguida por Stroessner mientras el propietario de ABC color hacía negocios con el dictador y dedicaba loas en sus editoriales a Pinochet y Videla. El compañero de fórmula de Blanca, Carlos María Santacruz, pertenecía al Movimiento Popular Colorado, un grupo disidente que fue perseguido con saña por la dictadura en tanto el compañero de fórmula del obispo Fernando Lugo, el candidato a vicepresidente Federico Franco, gozaba de las mieles del colaboracionismo en el parlamento títere que legitimaba a Stroessner con una falsa oposición rentada. Sin embargo, la prensa que dirige Zucolillo se empeña en mostrar al beneficiario de la dictadura como la alternativa de cambio, a través de sus escribientes a sueldo.

Para hacerse una idea de hasta qué punto el periodista ha sido siempre considerado apenas una mercancía en Paraguay , valga recordar que cuando estuvo en la calle el diario Noticias (una especie de joint Venture informal entre Stroessner y Nicolás Bo Parodi, al igual que canal 13) ya contaba entre sus redactores a varios ex-periodistas de ABC color, a pocos meses que éste último hubiera cerrado en marzo de 1984, como corolario de una rencilla de su propietario con su protector el dictador Stroessner.. Para colmo, el mismo jefe de redacción de ABC (Luis Alberto Mauro), dando un ejemplo de dignidad y lealtad a su jefe, se pasó con las mismas funciones a Noticias.

La historia de otro medio al que últimamente se presenta como símbolo de la refulgente libertad y esplendorosa democracia que supuestamente vive el Paraguay, el Canal 9 TV (SNT), no se aleja mucho de la regla general en lo que historial respecta dentro de la patria periodística, por lo que podríamos afirmar que se ha apartado bastante de los ideales de glorificar a la dictadura que le alentaban cuando transmitía desde el viejo edificio público del Instituto de Previsión Social, en Constitución casi Pettirossi, que había sido cedido gentilmente por Emilio Cubas a un pariente de doña Eligia Mora de Stroessner (es decir, un pariente del dictador de Paraguay). Para estar a tono con Ñanduti y Última Hora, montados con dinero público distraído por el coronel Pablo Rojas de la Intendencia Militar, el Canal 9 se equipó con fondos del Ministerio de Hacienda que Stroessner autorizó utilizar al efecto a su ministro César Barrientos.

En tradición que aún hoy mantiene nuestra pundonorosa patria periodística, a la que le llueve generoso el dinero de Itaipú y otros entes del estado a los que paradójicamente atacan con fiereza, lo público y privado estuvieron confundidos desde un principio en este canal de noticieros tan puntillosamente selectivos en cobertura. El Canal 9 contó, está demás decirlo, con irrestricto respaldo oficial y dinero del pueblo a manos llenas, como todo medio de comunicación que prospera en el Paraguay hasta el día de hoy.

Las ganancias -tradición también rígidamente respetada-, al contrario de las inversiones, que son siempre públicas, acaban invariablemente siendo privadas. Así fue que luego de ser derrocado Stroessner por un golpe militar el 3 de febrero de 1989, este medio televisivo, cuyo montaje lo pagó el pueblo con sangre, sudor y lágrimas, acabó "privatizado" por la familia del nuevo hombre fuerte, que lo asimiló sin mayor trámite a su patrimonio. No implica todo esto que floten bajos los humos de los operarios del canal en cuestión, ídolos del "periodismo serio" al servicio hoy de capitales extranjeros, desembarcado por estas playas solo para torturarnos con grotescos culebrones.

Algunos de estos padres de la patria periodística son los mismos que se beneficiaron con tierras destinadas a la reforma agraria, en pago por sus buenos oficios de animadores de la "fecha feliz" de la Segunda Reconstrucción (como se conocía a la fecha de cumpleaños del dictador). De la agricultura de subsistencia pasaron pronto y sin escala al ramo de la comunicación, cuando el coronel Pablo Rojas recibió la orden del general Stroessner de utilizar fondos públicos para inaugurar radios y diarios al servicio de la propaganda del régimen. Es decir, estamos hablando de gente con vasta experiencia en vivir del erario público paraguayo.

En un gesto desvergonzado de ingratitud e incoherencia, estos ahijados de la dictadura se abocaron a combatirla en su fase Terminal pero no por principios ni convicciones, obviamente, sino estimulados por mejores ofertas que habían recibido de agencias norteamericanas.

El caso de estos periodistas, vendidos al Diablo por un precio que daría vergüenza a Fausto, recuerda aquella advertencia del informante "Garganta Profunda" a los periodistas de "The Washington Post" que destaparon el escándalo Watergate, en 1972: "Síganle la pista al dinero" (Follow the money).

Nadie espere tampoco un aporte real a la sociedad o a la cultura paraguaya, algún compromiso con el patriotismo, de ninguno de los programas tan alegremente tendenciosos que pagan los empresarios de la patria periodística en Paraguay. El verdadero leitmotiv es enfatizar los aspectos que le interesan al dueño del medio y declarar inexistentes para el comunicador y para el comunicado vastas áreas de la acuciante realidad, una forma más aceptable y civilizada de la censura que imponía por la fuerza bruta la dictadura.

Todos estos desfasados exponentes de un país que quisiéramos olvidar, apenas han logrado graduarse de farsantes al presentarse como "luchadores contra la dictadura" y prohombres de la democracia. Un pedestal al que jamás podrían haberse elevado a juzgar por la conducta y afán de lucro antisocial, así como la carencia de ética, de la que han hecho gala en todos estos años contribuyendo al fracaso de la democracia.

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