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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Una victoria o una calamidad? El tiempo lo juzgará

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 14 de marzo de 2008, 23:09 h (CET)
Nos guste o no nos guste, lo cierto es que el PSOE del señor Zapatero ha ganado las elecciones. Nos guste o no nos guste, la ciudadanía le ha dado a ZP un nuevo voto de confianza para gobernar durante cuatro años más y, nos guste o no nos guste, España tendrá que soportar una vez más sobre sus ya debilitadas espaldas un gobierno progresista.

No es hoy día de análisis pormenorizados sobre los votos que hayan podido sacar, de más o de menos, los dos partidos más importantes de implantación nacional ni, por supuesto, se presta a sacar conclusiones precipitadas sobre lo ocurrido y determinar las causas que han dado lugar a que, una mayoría de ciudadanos, hayan decidido decantar su voto hacia la izquierda del PSOE. Sin embargo, sí creo que pueden trazarse, a grandes rasgos, algunas pinceladas que nos pueden ayudar a comprender los motivos de esta victoria que, no por esperada, deja de sorprender a aquellos que no son demasiado duchos en los avatares políticos.

En primer lugar, los votos de los emigrantes. Es obvio que aquellos que han conseguido afincarse en España gracias a la manga ancha de los socialistas, gentes en su mayoría de poca cultura, de extracción proletaria y de tendencias izquierdistas hayan querido pagar el favor a aquellos que los aceptaron. Todavía no han tenido tiempo para percatarse del incierto porvenir que les aguarda ni de reaccionar ante el 53% de paro que ya están sufriendo. Otro componente pudiera ser el millón y medio de jóvenes que se han incorporado este año a la masa de votantes. Es posible que una gran parte de ellos hayan salido adoctrinados de las escuelas públicas por un profesorado mayoritariamente de izquierdas más propicio a imbuirles sus ideas progresistas que los conocimientos que pudieran tener. La influencia de las teorías relativistas, la amoralidad de la sociedad y la búsqueda del placer inmediato han propiciado que sean un fácil caldo de cultivo para contagiarse del materialismo, sin ética ni moral, que impulsa a una parte importante de nuestra juventud. Pero de donde han sacado más tajada ha sido sin duda de aquellos partidos de izquierda, extrema izquierda y nacionalistas que les han apoyado durante toda la legislatura. Han sido fagocitados hasta tal punto que algunos han quedado fuera del Parlamento y varios sin grupo propio como es el caso del irascible señor Gaspar Llamazares.

En todo caso, quisiera resaltar una curiosidad. Observen ustedes la similitud de circunstancias entre la victoria socialista del año 2004 y la del 2008. Ambas fueron precedidas, con pocas horas de diferencia, por atentados terroristas. Sin querer establecer un parangón entre la masacre del 11-M y el asesinato del ex concejal socialista, ambas han coincidido en proporcionar rédito electoral al PSOE. Y fíjense en la diferencia entre aquel execrable acontecimiento y el crimen de Mondragón: el primero afectó a una ingente multitud de personas, lo suficiente para convencer al electorado de que el gran culpable del suceso había sido el PP, por lo de la guerra de Irak; en cambio, en esta ocasión, ETA ha actuado, diría yo, con comedimiento. Desde que se produjo el fin de la tregua decretada por la banda terrorista, contrariamente a lo que se hubiera podido esperar, fueron escasos los atentados, la mayoría realizados con explosivos de escasa potencia y sin causar víctimas humanas; han dado la sensación de actuar torpemente, sin la eficacia de tiempos atrás y han caído como moscas en manos de la policía, como si no les importase demasiado que los apresaran.

¿Qué es lo que le podía interesar a ETA que sucediese en estas elecciones? Por supuesto que no saliese vencedor el PP, porque sabían que las posibilidades de negociar con sus dirigentes eran nulas y, por otra parte, la persecución policial iba a convertirse una de las prioridades de los populares y no, por cierto, para tratarles a cuerpo de rey como lo son en la actualidad los presos etarras. Un atentado contra un trabajador, antiguo concejal del partido socialista, podría convertirse en una eficaz ayuda para el PSOE, experto en sacar tajada de cualquier circunstancia que les fuere favorable. El espectáculo montado por Patxi López increpando a Rajoy en presencia del cadáver, como si el dirigente del PP fuera el culpable del asesinato; las declaraciones extrañamente politizadas de la hija del fallecido, en las que se habló de posible manipulación por los partidos (en clara alusión al PP)de la muerte de su padre; la convocatoria a un voto masivo y la alusión a las ideas socialistas del asesinado, tenían un marcado sabor electoralistas. Si a ello se añade la presencia, en plan protector, del señor Chávez, abrazándola y dándole besos en las mejillas, no me negarán ustedes que resulta bastante sospechoso. Es decir, que en las dos ocasiones, el 2004 y el 2008, dos atentados han ayudado a que los socialistas explotaran la vena sentimental de los votantes y satanizasen al PP. Ambos con importantes réditos electorales.

Sin perjuicio de que, en otros artículos, tratemos más en profundidad el tema, lo cierto es que ya se ha acabado el tiempo de las promesas, ya no valdrán las descalificaciones a la oposición para justificarse, y estamos entrando, desde hoy, en las realidades del día a día. Será el momento de ver en lo que quedan las promesas electorales del partido socialista; habrá que ver de donde se saca el dinero para cubrir todas las subvenciones, bicocas, ayudas sociales, mejoras de pensiones y aumentos de salarios mínimos. Ha llegado el momento de enterarnos de si la crisis económica existe o sólo son imaginaciones de cuatro “alarmistas antipatriotas”. Veremos si, por mor de tales obras sociales, se van a elevar los impuestos o si se sacará el dinero de debajo de las rocas; porque todos estaremos de acuerdo en que, si el Gobierno piensa cumplir con lo prometido, se van a necesitar muchos millones de euros y esto, precisamente, en un momento en el que el desempleo sube vertiginosamente. Los ingleses dicen “wait and see” y puede que el tiempo y las futuras actuaciones del Ejecutivo nos permitan comprobar aquella cita de Fuller que decía: “El buen arquero no es juzgado por sus flechas, sino por su puntería” Esperemos que no ocurra, como mucho nos tememos, que las flechas sean de papel, el arquero ciego y apunten hacia la demagogia.

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