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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

No se salva ni la leche

Domingo Martínez (Burgos)
Redacción
viernes, 14 de marzo de 2008, 07:42 h (CET)
La situación que está atravesando el sector ganadero español, la crisis es más fuerte en algunos subsectores catalanes, es muy delicada, ya que el aumento de coste de los inputs agrarios –sobre todo gasóleo y piensos- junto con el descenso de precios en origen le han puesto en un escenario difícil que se ha llevado por delante no pocas explotaciones, otras que están si se van o no y, en general, muchos millones de euros en pérdidas.

La crisis no se ha sufrido con igual intensidad en unos subsectores que en otros, ya que no son comparables el ovino-caprino, el vacuno de carne o el porcino con el vacuno de leche, que ha podido respirar gracias a que la fuerte demanda mundial y la menor oferta han elevado los precios en origen, aunque es cierto que esta coyuntura viene a paliar una tendencia de precios a la baja que durante diez años ha dañado mucho a los ganaderos de leche.

Por tanto, el anuncio de la industria de que bajará (¿otra vez por que será primavera?) en 6 céntimos el pago por litro de leche ha puesto en pie de guerra a los productores, que apenas empezaban a recuperarse de años de penuria, lo que se está traduciendo en manifestaciones en muchas regiones y actuaciones que no tienen visos de terminar en breve ya que pelearán por conseguir unas cotizaciones más acordes a la realidad del mercado que a las imposiciones de la industria. Algunas organizaciones, no sin razón, han amenazado con ir al Tribunal de la Competencia. También nos lleva a preguntar: ¿Bajará los precios en el mismo porcentaje las lineales de las grandes superficies?

Hay que apoyar, a todos los ganaderos, con fuerza porque la suya es una reivindicación más que justa, por eso es una lástima ver que la indignación ciega el razonamiento y lleva a actuaciones tan condenables como la de vaciar un camión francés con 25.000 litros de leche. Eso, lo haga quien lo haga, y aun con los atenuantes mencionados, es condenable.

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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