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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El Chikilicuatre y la España de hoy

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 14 de marzo de 2008, 07:15 h (CET)
Debo confesarles, señores, que estos días de resaca electoral en los que los unos y los otros se han empeñado en explicarnos a base de números, datos, estadísticas y justificaciones el porqué de los resultados de las últimas elecciones; me he dedicado a pasearme por las calles para observar directamente a las personas que van circulando por ellas, para ver si lograba distinguir los votantes de los distintos partidos en liza; intentar descifrar por su semblante lo que ocultaban en sus anversos y averiguar cual era el color de aquellos por los que se habían decidido a votar, si es que, por alguno habían optado. Mi decepción ha sido grande cuando he podido comprobar que las personas con las que me he cruzado tenían el mismo rostro somnoliento de los que deben madrugar para acudir a su trabajo, el mismo rictus de aburrimiento de aquellos que saben que van a someterse a la rutina estresante de su labor cotidiana y el fruncimiento de frente indicativo que no se daban cuenta de por donde circulaban ni con quien se cruzaban, enfrascados, como siempre, en sus preocupaciones habituales de las que tan difícil es desprenderse. En definitiva que para la gente, la gente corriente, la vida sigue igual y lo peor es que saben que, hayan votado a quien hayan votado, todo seguirá lo mismo para ellos sin que sus vidas cambien para nada y con la única esperanza de que no vaya a peor.

Debo reconocer que ha pasado dos días intentando explicarme como, un partido que ha cometido tantos fallos garrafales durante los cuatro años que se ha mantenido en el poder; que ha conseguido enfrentar a los españoles como hace años no ocurría; que ha primado unas autonomías sobre otras para poder seguir gobernando; cuyos dirigentes han utilizado el engaño, la mentira, la ocultación y la traición para intentar vender España a los terroristas y que se ha dedicado a intentar desprestigiar a la oposición antes que ocuparse de gobernar para el pueblo que lo había elegido; ha podido ganar de nuevo unas elecciones en las que ha conseguido revalidar por cuatro años más su mandato. Me preguntaba qué clase de droga se le ha proporcionado al pueblo español para que haya permanecido ciego ante el deterioro de la nación, mudo ante hechos tan espeluznantes como ver al autor de veinticinco asesinatos chantajear al Estado y salir airoso de ello, y sordo ante las protestas de las víctimas del terrorismo cuando salían a la calle a millones reclamando la justicia que tan vilmente se les hurtaba por parte del Gobierno y de la propia Justicia.

Pero vean por donde he descubierto la clave de todo ello. Un hecho aparentemente banal que no debiera de provocar más que una alzada de cejas por lo insólito pero que a mí me ha servido para desentrañar la clave de lo que ha ocurrido para que se haya votado masivamente al PSOE. El “Chikilicuatre”, sí señores, este estrambótico y espidifragilistico apellido – ¿o será nombre de batalla?– me ha proporcionado la clave de lo que está sucediendo en España. España, señores, ha dejado de ser la de don Pelayo y Covadonga, la de don Fernando y doña Isabel, tanto monta monta tanto, la de Cristóbal Colón y la de la guerra contra Napoleón. Nada de aquel pueblo bravo, patriota, defensor del honor y de las costumbres queda de nuestra querida piel de toro. Las nuevas generaciones, las que no vivieron la guerra civil ni padecieron las hambrunas posteriores, las que nacieron en prosperidad, han podido estudiar (bajo el régimen franquista muchos de ellos), las que han tenido motos y coches y han estado bien alimentados; todos estos neo-ciudadanos han decidido que mejor es no acordarse de lo que hicieron nuestros ancestros, prescindir de las enseñanzas de sus mayores, olvidarse de la religión, la moral y la ética, y vivir a “tope” su existencia. El “comamos y bebamos que mañana moriremos” citado por San Pablo en su epístola a los Corintos, se ha convertido en el lema común de muchos de nuestros conciudadanos.

El Chikilicuatre ha sido elegido popularmente, con el voto mayoritario de los ciudadanos, para representar a España en el devaluado concurso de “Eurovisión”. Un “punki” de tupé exagerado; un “Don Quijote” del siglo XXI magro de carnes, potente dentadura, escuálida guitarra y desmesuradas patillas, ha sido el gran escogido por lo que, se supone, constituye el paradigma del gusto musical de los españoles. Una canción. “El chiki chiki se baila así”, a tono con su intérprete, va a representarnos, para vergüenza de todos los que todavía conservamos una pizca de sentido común, en un certamen que va a ser visto por millones de tele espectadores.

Este es señores el arquetipo del votante del PSOE. Si señores el Chikilicuatre es la clave del triunfo de los socialitas en España; el farandulero de tres a cuarto, aquel a quien para destacar de los demás y hacerse famoso no le importa prescindir del decoro, ni le preocupa la calidad de su trabajo, ni hacer el ridículo, ni lo que piensen los demás. El que sólo se preocupa de sí mismo, el que defiende lo suyo; como van a lo suyo las madres que después de gozar en la cama para evitar estorbos matan a el feto; como van a lo suyo aquellos que para conseguir subvenciones apoyan al Gobierno; como van a lo suyo los que mienten y presentan a la oposición como si fuera el Lobo para alimentar sus ambiciones; como van a lo suyo los que engañan al pueblo prometiéndole riquezas y ocultando la crisis económica. ¡Si señores, no lo duden, la parafernalia de los egoístas que viven a codazos apartando a quienes les estorban en su camino! Los hay a millones, son los que van a cambiar España. La trocearán, como si fueran un Landrú cualquiera, la empobrecerán y, cuando no quede nada de ella, se la darán a los perros separatistas para que roan los huesos que hayan quedado de su labor hispanicida. Ya sé que es echar voces al viento pero, qué quieren que les diga, ¡me quejo de vicio!

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