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Opinión

Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Separaciones

Mariano Estrada
Redacción
jueves, 13 de marzo de 2008, 00:34 h (CET)
Diz que las rupturas o disoluciones matrimoniales ya casi alcanzan a tres de cada cuatro.

Vamos a ver cómo explico yo esta cosa tan fácil: si se casan cuatro y se separan tres, queda uno casado, ¿no? Pero uno solo es lo que se dice un soltero, de modo que vamos a hacer sonar la música de otra manera. Lo que quiero decir en realidad es que, de cada cuatro parejas que se casan, se separan tres. O sea, que queda una casada, que son dos. Y dos ya pueden seguir estando casados, si ésa es su santa voluntad, como es obvio.

De lo dicho se pudiera colegir, sin embargo, que una sola pareja casada, o sea, dos personas, va a encontrarse muy sola y aburrirse cantidad en las largas noches de invierno, cuando esto no es así exactamente, por lo que voy a intentar explicarme de otro modo.

La equivalencia real es ésta: de cada cien matrimonios que se contraen, hacen aguas setenta y cinco, que es lo mismo que tres, y se mantienen veinticinco, que es lo mismo que uno. La diferencia estriba en que si uno son dos, veinticinco son cincuenta. Y esto ya empieza a ser otra cosa, porque cincuenta son legión, dan para hacer una guerra a tomatazos y nadie puede decir ya que se aburre.

Este dato me ha llamado mucho la atención porque hace poco más de dos años el porcentaje de disoluciones que yo manejaba en un poema era del sesenta por ciento. Es decir, dos escasos de cada tres. En un bienio ha subido un quince, que es la niña bonita ¿Tal vez la niña bonita de Rajoy?

En unos años más, el setenta y cinco y el cien podrán darse la mano a medio camino, y entonces andaremos en el ochenta y siete y medio. Ya sé que ese medio no se entiende muy bien, porque podría querer decir que una pareja tiene un miembro de cada parte. Ella permanecerá perfectamente casada, como la dejó Fray Luís de León hace ya un rato, y él se irá de culo a la soltería. O al revés. No sé si me explico.

Lo que me preocupa de verdad es lo que puede pasar el día en que el porcentaje de disoluciones pille al porcentaje de matrimonios. Y no porque no quede ninguna pareja en pie, para dar testimonio a las generaciones venideras, sino porque el porcentaje de las rupturas, acostumbrado a crecer, no va a conformarse con la paridad, que será realmente un estancamiento. Y a lo mejor hay que hacer un banco de matrimonios a cuenta, de manera que los porcentajes puedan tomar las rupturas en préstamo ¿Que esto ya es pura fantasía? Bueno, antes tampoco se comprendían los préstamos en moneda corriente. Y ahí estamos, disfrutando de un dinero que no tenemos y pagando en un futuro del que nadie va a saber si vendrá ¿O no puede imaginarse una sociedad en la que las rupturas sean acreedoras de los matrimonios que tengan que venir? ¿Ein, tíos? Es sólo otra forma de las hipotecas.

Coda: antes, todo el mundo sabía lo que eran las separaciones: tú te vas por un lado y yo me voy por otro. Ahora las separaciones vienen a ser las rupturas menos los divorcios. O sea, el pi minus erre al que se refería Gabriel y Galán, poeta extremeño-castellano del que tengo la sospecha de que nos hemos divorciado los solteros, los casados y los que podíamos llamar separatistas.

Queda claro, por tanto, que las separaciones del poema no son las separaciones del artículo, sino las rupturas o disoluciones. Pero entiendo perfectamente que no se me entienda, aunque creo que se me entiende muy bien.

SEPARACIONES

Cuando amamos de cerca,
somos parte del sueño
que intentamos forjar.
Cuando amamos de lejos recreamos
los sueños anteriores
a la airada expulsión del Paraíso.

Y aunque somos un barro soñador
que tiende a aproximarse,
una proximidad desaforada
a menudo es preludio
de la desilusión, tal vez
de la discordia y de la hartura.

La distancia, que suele ser
abono del olvido,
en ciertas ocasiones
(misticismo, sublimación,
romanticismo, culto)
concita el interés en beneficio
del capital que, prodigiosamente,
se multiplica con el tiempo.
(¿Alegoría? No, recuerdo
gozoso de la banca).

Así, si por estar
enamorados pretendemos
un amor para siempre,
acaso nos convenga
no juntarnos jamás.

Con ello nos zafamos de las crudas
estadísticas de separación,
donde el mayor de los amores
ya tiene adjudicada una advertencia
del sesenta por ciento.

La alternativa del suicidio
- como reminiscencia
mitológica del pasado-
es una solución contraindicada
en los manuales conocidos sobre
la relación actual de la pareja,
que es carne de divorcio
- como ha quedado escrito-
pero también de sucesivos
matrimonios, junturas
y otras formas de unión o adosamiento.

Lo que importa es amar.
¡Qué más da si los cuerpos, con sus almas,
son de pésima mano!


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