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Goles son amores
Daniel Sanabria
Tantos goles como años han transcurrido desde la Guerra de la Independencia lleva Raúl en la liga española. Doscientos aciertos entre los tres palos. Ya es el segundo máximo goleador en liga de la historia del Real Madrid y el séptimo contando todos los clubes. Estos son los récords a nivel local. Después están los que tiene como goleador de la Champions y con la Selección. Pero ese es otro tema.
Decía ayer el propio capitán del Real Madrid que su gol preferido fue precisamente el primero, el que cimentó la pirámide del mejor delantero español de la historia. Ante el Atlético de Madrid, en el Santiago Bernabeu y a pase de Laudrup. Al primer toque y por la escuadra. Le gustó esa sensación de clavar una flecha al máximo rival porque los siguientes 14 años repetiría en numerosas ocasiones.
Los ha habido de todos los colores, con la derecha, con la izquierda, de cabeza, de tacón, con la escuela, sin querer, de penalti, de falta, de vaselina…, aunque quizá su gol más recordado en la liga fue aquel que anotó ante el Barcelona y silenció el Camp Nou. Tatuajes con esa imagen inmortalizada llevan en su piel algunos de los aficionados más radicales del Real Madrid.
Entre los goles más bellos es fácil recordar el que marcó al Atlético en el Calderón, cuando López terminó con la cadera rota sobre el césped. También ese que metió con el exterior y de vaselina al Sporting de Gijón, con Ablanedo en la portería, o el que le marcó a la Real Sociedad desde la frontal con un toque magistral por encima de Alberto.
Veinticinco de esos doscientos goles le sirvieron para ser pichichi y bota de oro con 21 años en la temporada 98-99. Dos años después repetiría trofeo de máximo goleador nacional con veinticuatro goles. De las catorce temporadas que lleva Raúl en el primer equipo del Real Madrid sólo en cuatro ha bajado de los diez goles, un dato que demuestra que el capitán blanco posee la esencia del valor más cotizado en el fútbol actual: la regularidad.
Millones han sido las críticas que en los últimos tiempos se han vertido sobre el madrileño, y Raúl siempre ha contestado con sudor y goles. Esta temporada los detractores del delantero blanco lo están teniendo realmente difícil para señalar argumentos sólidos sobre el jugador “acabado” del que hablaban años atrás. Por la boca muere el pez, y por los micrófonos los periodistas.
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