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Las fantasías económicas de ZP

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 12 de marzo de 2008, 07:23 h (CET)
Estoy convencido de que estamos perdiendo un tiempo precioso para España y su economía mientras nos planteamos si elegir al señor Rajoy o al señor Zapatero. Desde el punto de vista de lo que han sido capaces de hacer los socialistas durante los últimos meses de esta legislatura y, si nos dejamos llevar, por la actitud del señor ministro de Economía, señor Solbes, ante los primeros baquetazos de la ralentización de la economía que está ya afectando a toda Europa; ahora sí, con desigual incidencia según se trate de naciones que, a los primeros asomos de las caídas bursátiles en EE.UU, se prepararon para afrontar sus consecuencias o, como es nuestro caso, en lugar de ello nos hayamos despreocupado, cayendo en la tentación de creernos superiores a los demás y de menospreciar la importancia de lo que estaba ocurriendo al otro lado del Atlántico o, lo que todavía me parece más reprobable, se haya procurado ocultar a la ciudadanía el peligro que se cernía sobre nuestra nación con fines, exclusivamente, de rédito electoral.

Ahora ya no vale perder el tiempo en lamentaciones ni en pensar lo que hubiera sido mejor hacer para paliar los efectos de la desaceleración que, contrariamente a lo que el señor Solbes, con suficiencia, calificaba como una simple tormenta en un vaso de agua; se está transformando en un verdadero ciclón tropical, al menos si nos atenemos a las informaciones que van apareciendo en la prensa sobre la situación de nuestras promotoras inmobiliarias. Porque datos como que la deuda de las grandes constructoras creció en el 2007 un 30% hasta 74.870’8 millones de euros, teniendo en cuenta que las condiciones de financiación se están endureciendo, no es precisamente una buena noticia si se tienen en cuenta las condiciones actuales del mercado. Solamente la deuda de Ferrovial supone el 40% del total de las constructoras; ACS casi duplicó su deuda en el último año; Acciona incrementó un 95% su deuda. Lo que en otras circunstancias no sería más que una situación sostenible, en el momento actual, debido a las dificultades que ponen los bancos a la renegociación y el incremento de los gastos financieros (que pueden ser superiores al 50%) constituye, sin duda, un dato preocupante.

Si a ello añadimos que, las perspectivas para los próximos meses son de que las ventas disminuyan de un orden del 39%, especialmente en el sector residencial, podemos pronosticar, sin temor a andar muy equivocados, que en este sector es muy probable que se intensifique la reducción de las plantillas y que algunas empresas con menos posibilidades para enfrentarse al brusco frenazo de ventas y agobiadas por sus cargas financieras, deban hacer suspensión de pagos o, incluso, a verse obligadas a desaparecer. Otras noticias que pueden pasar desapercibidas para los ciudadanos de a pie, y que sería muy conveniente que fueran conocidas por el gran público antes de depositar su voto en las urnas, contradicen la euforia del Gobierno; así por ejemplo, desde FUNCAS (Fundación de Cajas de Ahorros) se predice que el año 2008 será un año de “ajuste a la baja” para la economía española, con un crecimiento del 2’6% y una tasa de inflación del 2’3%; mientras que la creación de empleo será menor. Según este estudio la tasa de paro será de un 9% de la población activa frente al 8’6% actual.

Nos deberíamos preguntar si el señor Solbes, como afirmó hace unos pocos meses, cuando presentó los Presupuestos Generales del Estado para el 2008, basados en un crecimiento del 3’8% para poder incluir diversas de las ayudas ofrecidas por el Gobierno ( Ley de Paridad, 2500 euros por recién nacido, etc), tuvo en cuenta que podría quedar reducido el crecimiento al 2’6% o pensó que, con el superávit del 2007, podría parar la primera embestida de la crisis y después acudir a Santa Rita para que le remediase el entuerto. No hay duda de que el señor ZP está convencido de que su buena suerte hará que, a partir del 9 de marzo, si gana las elecciones, los hados de la economía sufrirán un cambio radical que le permita cumplir toda esta retahíla de ofrecimientos de aumento de las pensiones; elevar el salario mínimo a 800 euros; 300.000 guarderías; 150.000 viviendas de protección oficial etc. al mismo tiempo que la creación de 2.000.000 de nuevos empleos ¿serán después de descontar los que se están perdiendo ahora mismo o incluyéndolos? Y, todo ello, con un crecimiento inferior en un punto al previsto en los Presupuestos.

Las utopías del señor Zapatero están muy bien para engañar a los parroquianos que están dispuestos a tragarse los sapos que les ofrecen sus líderes pero, en las circunstancias actuales, proponer un programa social propio de una etapa de vacas gordas, no tiene sentido alguno, máxime, cuando a los ciudadanos de aquí a dos días se les va a pedir que se aprieten el cinturón. Sólo aumentando los impuestos se puede subvencionar semejante despilfarro y esta medida, en tiempos de recesión, es la peor que se puede tomar para ayudar a que la economía se relance y se creen nuevos puestos de trabajo. Tampoco debemos olvidar que nuestra población ha crecido artificialmente con la llegada de más de dos nuevos millones de inmigrantes, muchos de ellos, a pesar de que ministerio de Trabajo se empeña en negarlo, sin contrato de trabajo, lo que les obliga a coger los trabajos basura que se les ofrecen. Estas pobres gentes serán las primeras que notarán los efectos del paro y, la mayoría, no tendrán ni tan siquiera la posibilidad de cobrar el subsidio de desempleo. ¿Qué va a pasar si se forma un guetto de desocupados en los extrarradios de las ciudades? Puede que los haya que prefieran delinquir para no morirse de hambre y puede que otros no se conformen y se dediquen a sacar a las calles sus protestas ¿están ustedes preparados para ello? Me temo que no.

Es más que posible que muchas de las promesas del PSOE van a tener una pronta fecha de caducidad y no digan que esto es catastrofismo, porque ya lo dijeron hace unos meses y ya ven ustedes cual es la situación. Catastrofistas o no, aquí tenemos la crisis y ahora veremos quien es el guapo que se ocupe de torearla. ¡El miura es bravío y astifino! Ustedes verán lo que hacen.

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