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Etiquetas:   Artículo opinión  

Romance entre la prensa adicta al Imperio y el capellán paraguayo de las FARC

Luis Agüero Wagner
Redacción
martes, 11 de marzo de 2008, 07:04 h (CET)
El filósofo Giordano Bruno, asesinado en la hoguera durante el siglo XVI por orden de la Iglesia de Roma, se preguntaba si lo último corrompido no era apenas el principio de lo engendrado.

El escritor norteamericano Robert Penn Warren hace decir a un personaje en una de sus novelas que en la política, del mal debe engendrarse de alguna manera el bien porque es lo único que hay para engendrarlo. El novelista tuvo la suerte de poder escribirlo sin Inquisición por la fortuna de haber nacido en el siglo XX, que si lo hacía poco tiempo antes o después sin duda su obra hubiera ido a parar al Index expurgatorius.

La reflexión de Warren es el único consuelo que nos quedaría en las actuales circunstancias, en las que vemos a impolutos querubines de la fauna política paraguaya, que se llenan la boca hablando de cambio con líricas y ensoñadoras utopías al menor descuido se enfrascan en una bochornosa gresca por subir a los escenarios o ubicar sus banderas junto al Obispo, con la decisión de alguien a quien asiste una resolución emanada del Concilio de Trento. No es precisamente el liderazgo del capellán paraguayo de las FARC, el obispo Fernando Lugo, el que motiva tanto fanatismo, sino la avidez por aparecer en las fotografías y las crónicas de la prensa adicta al imperio que en este proceso electoral se juega por la supuesta candidatura izquierdista de un falso teólogo de la liberación tercermundista.

Este terrenal figuretismo revelado, a pesar de tanta inspiración santa, hace que defiendan como un dogma de fe su teoría de auto predestinación para el poder y la propia infalibilidad en el lejano caso de acceder a algún cargo en el futuro gobierno después del 20 de abril, aunque la complacencia de la jerarquía eclesiástica demuestre que nuestros celestiales monaguillos están mucho más cerca de la línea marcada por la Congregación para la Doctrina de la Fe del cardenal Ratzinger, quien afirma que no existe salvación fuera de la propia iglesia, que la de la teología de la liberación. Prueba de ello es el trato que recibieron las sectas herejes en la difunta "Concertación" opositora paraguaya por parte de estos integristas adoradores de la terrenal corrupción.

Es el mismo fundamentalismo de Ratzinger cuando en Dominus Jesús (2000) decía -según explica Leonardo Boff- que la Iglesia de Cristo subsiste solamente en la Iglesia Católica, fuera de la cual no hay salvación.

Las demás "iglesias" no lo son pues solo poseen "elementos eclesiales", y la Iglesia Ortodoxa, tenida como una expresión de la catolicidad, fue rebajada a simple iglesia particular, algo parecido a lo acontecido con el movimiento del empresario Pedro Fadul, a quien los partidarios del obispo expulsaron de la alianza que hoy los candidata por intentar hacer repetar acuerdos que el mismo Fernando Lugo había rubricado.

Una de las grandes mentiras de los partidarios del capellán paraguayo de las FARC es que su candidatura surgió de las entrañas del pueblo. En honor a la verdad, el obispo Fernando Lugo – hoy candidato del conservador partido Liberal al estilo somocista de Paraguay, acompañado por pequeños grupúsculos testimoniales que electoralmente son intrascendentes-, es un candidato impuesto en Paraguay por la prensa adicta al imperio, que ejerce sobre la oposición una enorme influencia. Es frecuente que los opositores acudan a la sede del diario ABC color, el más leído de la capital paraguay a, para fotografiarse con el emblema del diario a sus espaldas y recitar en forma claudicante los libretos que le dicta el empresario Aldo Zucolillo, un conocido anticomunista que prosperó empresarialmente gracias el privilegio de integrar el entorno del dictador Stroessner.

Muchos de los partidarios del Obispo fueron a su tiempo perseguidos por Zucolillo, cuando integraban la oposición radical al dictador. El diario ABC color, hoy iluminado por el espíritu Santo para patrocinar a la izquierda, colaboró con la policía política de Stroessner presentándolos como peligrosos criminales buscados al estilo del Far West en la primera plana, al mismo tiempo que por entonces editorializaba sus apasionadas defensas del dictador argentino Jorge Rafael Videla.

Una de las financistas del Obispo es la señora Guillermina Kanonikoff, de una bien posicionada familia paraguaya que prosperó gracias a la concesión de puertos privados por parte de los gobiernos del Partido Colorado, actual adversario del capellán paraguayo de las FARC. En sus años de juventud, Guillermina había integrado un grupo radicalizado de izquierdas que intentó enfrentar a la dictadura de Stroessner, siendo desbaratado y acabando en un desastre total para sus integrantes. Guillermina salvó el pellejo por los buenos relacionamientos familiares con los personeros del régimen, y volvió a su vida de niña rica para hoy ser una próspera empresaria, además vinculada con USAID.

Conversando con ella en una cena, le recordé la persecución que habían sufrido muchos de sus compañeros por parte del susodicho zar de la prensa, tema que intentó eludir visiblemente contrariada. La actitud no tardó en explicarse cuando el mismo empresario que otrora los persiguió con saña apareció como uno de los principales interesados en impulsar la candidatura del Obispo, apoyo que no tuvieron la dignidad de rechazar y con el cual posicionaron a su movimiento.

La anécdota es significativa para entender que dicha postulación se decidió en esferas mucho más elevadas que el pueblo llano como pretendieron hacernos creer sus impulsores. Resulta confirmada esta sospecha por el hecho de que el conservador partido Liberal, controlado por la derecha que propugna el neoliberalismo en Paraguay, aceptó con mansedumbre impulsar la candidatura del supuesto presidenciable izquierdista cuando en innumerables oportunidades había rechazado apoyar a empresarios afines a su ideología.

Lo peor del caso es que no parecen estar dispuestos a aceptar una eventual derrota electoral, y confiados en el respaldo del embajador James Cason y la Iglesia Católica, planean imponer su candidato en forma arbitraria, entronizándolo por la violencia desestabilizadora, blandiendo la amenaza de la desobediencia civil y todo lo que ello implica.

Para mayores angustias, los partidarios del capellán de las FARC aún no han tomado el poder y ya han empezado a discutir los cargos del gobierno que se repartirán como si fuera un botín de guerra, en lugar de elaborar cuando menos un resumen de plan de gobierno.

El Papa Benedicto XVI desencadenó la ira islámica cuando en la universidad alemana de Ratisbona citó al emperador bizantino Manuel II quien afirmaba en el siglo XIV que Mahoma había traído de nuevo solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba. Se olvidó mencionar a su propio credo que en Paraguay pretende encender una yihad contra los infieles en la que se han envuelto algunos corruptos y oportunistas huérfanos de líderes que han dado en mal llamarse "Alianza patriótica".

Más o menos por la misma época que imperaba Manuel II en Constantinopla, se sucedían interminables debates que mantenían los griegos del Bajo Imperio sobre el sexo de los ángeles. La cosa no hubiese trascendido, de no ser porque el debate se produjo en un momento políticamente delicado: los turcos estaban a punto de conquistar Constantinopla y los eruditos de Bizancio, en lugar de dar prioridad a pensar en cómo defenderse de los enemigos, perdían el tiempo en discusiones angelicales. Es por ello por lo que la expresión "discusión bizantina" se utiliza hoy para ridiculizar las discusiones intrascendentes y ociosas como las que hoy mantienen nuestros opositores por la integración del futuro gabinete del capellán paraguayo de las FARC, cediendo a la terrenal tentación del zoquete y dejando de lado los problemas verdaderamente trascendentes, reales y acuciantes de la inmensa mayoría de sus compatriotas.

Están en todo su derecho, es cierto, a discutir sobre lo que más le place, pero que no se quejen si el año que viene la custodia del Santo Sepulcro vuelve a quedar en manos de los infieles.

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