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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

Terrorismo y guerrilla

Isaac Bigio
Isaac Bigio
martes, 11 de marzo de 2008, 06:58 h (CET)
Como la percepción de la violencia interna cambia y se ve afectada por la cuestión Raúl Reyes

En las últimas décadas Sudamérica ha experimentado dos guerras internas: la de Colombia y la de Perú. En ambas guerrillas “marxistas-leninistas” se enfrentaron a democracia multi-partidarias. Sin embargo, el resultado ha sido distinto. Exploraremos la razón de ello.

Desde que en los sesentas y setentas irrumpieron diversos focos guerrilleros en la mayor parte de América Latina la respuesta de los Estados fue muy dura. En algunas democracias multi-partidarias (como Venezuela o Perú en los sesentas) la subversión no llegó a tener muchas raíces y no duró mucho antes que fuese sofocada. Sin embargo, en aquellas naciones donde ésta caló (como Argentina y Uruguay) los militares tomaron el poder para imponer dictaduras que aplastasen sangrientamente a las insurgencias castristas.

La política de mano dura militar, sin embargo, fue minando la estabilidad de muchas inversiones y terminó produciendo un búmeran cuando en 1979 la guerrilla sandinista toma el poder en Nicaragua y se alientan varias guerras civiles en América Central.

Cuando las repúblicas americanas presionan a los sandinistas a que no sigan un camino tipo Cuba post-1959 sino uno como el de Bolivia post-52 y que acepten mantener la democracia representativa y el mercado, ello conduce a un cambio en la situación regional. El sandinismo al ‘moderarse’ y convertirse en una suerte de partido social-democratizado sienta los precedentes para que las guerrillas de El Salvador, Guatemala, algunas de Colombia y después la zapatista de México vayan trocando las armas por las urnas.

El nuevo modelo a seguir era el de Sudáfrica o Irlanda del Norte donde a los antiguos subversivos se les permitía candidatear en las elecciones y hasta poder ganarlas a cambio que rompiesen con sus anteriores prédicas socializantes y aceptasen que solo las FFAA oficiales pudiesen detentar el monopolio de los fusiles.

El modelo peruano
En el caso peruano la guerrilla, sin embargo, tenía un origen ideológico distinto. Si bien el MRTA se alineaba con el resto del movimiento castrista, Sendero Luminoso provenía del maoísmo. Además, en vez de haber evolucionado según los dictámenes de Beijing, había adoptado su propio “Pensamiento Gonzalo” según el cual todos los Estados socialistas y el conjunto de la izquierda eran parte de una contra-revolución, de una forma de fascismo o una variante “social-imperialista”.

El senderismo propició una nueva forma de maoísmo en la cual el partido se militarizaba plenamente y se negaba a hacer cualquier clase de alianzas con otras fuerzas políticas. Esta intransigencia y radicalismo le permitió calar en capas sociales muy pobres y desarraigadas, pero, al mismo tiempo, le generó nuevos enemigos dentro de los sindicatos y de las organizaciones populares (a las que éste incluso atacaba).

El senderismo cometió el equívoco de auto-aislarse y sobredimensionar sus propias fuerzas. Por eso su líder Guzmán cometió el error de refugiarse en Lima desde donde planeaba el asalto final del poder mientras que su sectarismo le quitó bases y ayudó a la policía a encontrarlo.

El senderismo no quiso abrir las puertas a ninguna negociación y su mesianismo ayudó a que éste sea el único movimiento subversivo que fuese derrotado casi totalmente contando con un fuerte apoyo popular y multi-partidario para lograr ello. Solamente después de su captura “Gonzalo” cambia radicalmente de posición y pide un “acuerdo de paz” al cual el Estado no escucha pues su movimiento ya perdió filo.

Colombia se encuentra a medio camino tanto de la experiencia peruana como de la centroamericana. Por una parte tiene una guerrilla activa (como la que tuvo su vecino del sur hasta inicios de los noventas) y por otro lado tiene una guerrilla que quisiera seguir la senda centroamericana (a la cual algunos de llos han entrado), pero que no se puede consumar.

Uribe quisiera seguir el camino peruano. El mismo emula a Fujimori en varios aspectos. Modifica las reglas para resultar ser re-electo, promueve distintas siglas tras su figura por encima de los partidos tradicionales (a los que llama a alterar) y gana mucha popularidad interna promocionándose como el hombre que incentivará el mercado libre proporcionando seguridad y orden.

Sin embargo, el contexto internacional ha cambiado. En 1992, cuando Fujimori capturó a “Gonzalo” todas las repúblicas americanas le felicitaron (incluso Cuba vio con simpatía ese hecho) debido a que el senderismo se había ganado de enemigos l resto de partidos y gobiernos izquierdistas del mundo y a que en esos años los EEUU estaban en su cúspide (había vencido la guerra fría y todos los países americanos seguían su modelo liberalizante).

El uribismo
Uribe, si bien ganó la presidencia colombiana en el 2002 cabalgando sobre la ola de guerra anti-terrorista global que Bush incentivaba con gran apoyo tras el 11 de Septiembre del 2001, hoy sabe que el mundo ha cambiado tras que EEUU se viene atascando en Afganistán e Iraq, que él teme invadir Irán y que Bush ha dejado de ser uno de los presidentes más populares que hubo en este milenio a ser uno de los más impopulares.

Mientras Fujimori estaba rodeado de regímenes que propiciaban las privatizaciones y el ‘libre mercado’ hoy los cuatro países que tienen bordes con Colombia tienen gobiernos que se reclaman socialistas o socialdemócratas.

Las FARC no son percibidas dentro de Ecuador, Colombia, Nicaragua, Brasil y otros países como “terroristas sanguinarios” sino como fuerzas beligerantes con las que hay que negociar.

En el actual contexto internacional si un movimiento subversivo adquiere el mote de “terrorista” ello implica que se le debe arrasar, pero si llega a ser calificado como “guerrilla” o “fuerza beligerante” se acepta poder negociar con él.

Mientras el senderismo, como hoy Al Qaeda, son tildados de “terroristas”, las FARC están en una categoría intermedia pues algunos Estados le acusan de ser lo primero y otros de ser “beligerantes”.

Una estrategia de guerra total contra las FARC (tipo la que Fujimori lanzó en Perú) solo podría tener efecto si EEUU alienta ello y el contexto internacional le ayuda. Empero, Bush está debilitado interna e internacionalmente y las posibilidades que John McCain gane y fomente ello no es hoy lo más probable. Además, las FARC cuentan con cierto entendimiento con tres países cercanos que tienen presidentes que se proclaman como socialistas (Nicaragua, Venezuela y Ecuador).

Aunque Uribe quisiera vengar la muerte de su padre y arrasar con las FARC no puede. La guerrilla colombiana tiene más años y raíces sociales y regionales y más apoyo internacional y regional que la peruana.

La muerte de Raúl Reyes no llevará al descabezamiento de las FARC, algo que si produjo la captura de Gonzalo en Perú 1992. Esto, porque las FARC no tiene la misma concepción de partido en torno a un jefe infalible y semi-divinizado, porque no ha caído el jefe del movimiento (sino un segundo que será substituido) y porque, en vez de haber logrado ir ablandando al capturado hasta obligarle a transar (como pasó con Gonzalo) hoy han transformado a Reyes en un mártir.

La muerte de Reyes no acabará con las FARC ni tampoco con la estrategia de ir negociando e irse atacando mutuamente (algo que caracteriza al proceso colombiano). Ambos bandos quieren llegar a un acuerdo final y lo acontecido servirá para que cada cual muestre una nueva jugada en el ajedrez. Uribe querrá mostrar su destreza militar y las FARC querrán enrostrarle que él les responde con el garrote cuando ellos estaban liberando rehenes.

Ni Uribe ni las FARC pueden lanzar sus respectivas ofensivas finales, sino nuevos movimientos para buscar llegar con mejor pie a futuras negociaciones.

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