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Etiquetas:   Algo más que palabras   -   Sección:   Opinión

La danza española

Víctor Corcoba
Víctor Corcoba
martes, 11 de marzo de 2008, 06:58 h (CET)
Este año se cumplen treinta años de la creación del Ballet Nacional de España, árbol frondoso de nuestra cultura; puesto que, la danza española, siempre en continua búsqueda de expresiones e identidades, es una de las artes escénicas más renombradas y singulares en el panorama internacional. Aunque nos parezcan ya lejanos aquellos años en que Antonio Gades tomó el timón de llevar a buen puerto nuestro ibérico talento artístico, a mi juicio fue un tiempo decisivo y que, aún hoy, está presente en todos los escenarios como fruto de una estética que nos identifica y pertenece, creciente en valores y basada en la pureza del corazón. Sin arte la vida sería un puro aburrimiento. La expresión de la danza es una expresión de belleza que entusiasma y encandila, ponerla al servicio de la humanidad, sin duda alguna es una manera gustosa de hacer el bien, ya que contribuye a dar vida a la esencia secreta de las cosas. El cuerpo es el elemento esencial que utiliza el bailarín y, su objetivo, va a ser generar emociones compartidas. Verse en el público y que el público se vea en él, quizás sea su cima.

El mundo, siempre tuvo y siempre tendrá, necesidad de artistas que muevan a la sociedad con el níveo corazón del arte. Es lógico, pues, que en el universo de la cultura ocupe la danza española un lugar privilegiado. Su manifestación no sólo enriquece nuestro patrimonio artístico, sino que también presta un servicio social de avivar pensamientos e ideas, de ocio y de divertimentos, en beneficio de una atmósfera menos ociosa y más disciplinada, mejor cultivada en la expresión de lo auténtico e ingenioso. Vivir creativamente es otra forma de redescubrirnos. Está experimentado que, cuando nos abrimos a las posibilidades que nos ofrece la vida diaria para ser creativos, nos cambia evidentemente la forma de ver la vida y de orientarla. La belleza, como la verdad, pone gozos en el alma que el cuerpo necesita, estableciendo vínculos entre generaciones y lazos de lucidez que nos acercan.

Es público y notorio, que el Ballet Nacional de España es, de las unidades de producción del Instituto Nacional de la Artes Escénicas y de la Música (INAEM), una de las de mayor proyección internacional como embajadora de nuestra cultura en el mundo. El carácter universalista es algo propio de nuestra original danza, sublime en su unidad e insuperable en la pluralidad de estilos. Sabemos que la compañía camina con paso inigualable, que lejos de quedarse estancada apuesta por la innovación y evolución acorde con los tiempos, preservando como oro en paño todos los estilos del baile español, interpretando coreografías de Escuela Bolera, flamenco, danza española estilizada, entre otros manjares estilísticos. Conjugar tradición con modernidad exige, aparte de conciencia; inspiración, vocación y afición; sabiduría que se precisa para saber discernir lo que es torpeza de lo que es habilidad artística, gracia y don.

Puede que treinta años en el arte no sea nada, pero si se tienen en cuenta los intensos años puestos en escena como forma de vida, interpretando en los teatros más prestigiosos del mundo obras emblemáticas, seguramente nuestra visión cambie. Creemos que aún falta mucho camino por recorrer para que la danza tenga el verdadero reconocimiento que se merece, sobre todo porque muchas veces no se ha tomado como algo serio, como un auténtico vehículo de transmisión de lenguajes, sino más bien como un divertimento que pasa sin pena ni gloria, cuando en realidad el calado de la danza es tan profundo que en el ser humano le transciende y sociabiliza. En consecuencia, potenciar talleres de estudio, con el objetivo de formar y perfeccionar a jóvenes bailarines en las diferentes modalidades de baile español (Escuela Bolera, danza clásica española, flamenco, folclore) me parece una postura más que necesaria, justa. Ningún arte debe caer en el olvido, incluido el de la danza clásica española, inherente a nuestra historia y sentimiento, que a mi juicio debiera producirse más, si es necesario ayudando a las compañías. Hay muchos bailarines en el horizonte esperando una oportunidad y nuevos coreógrafos brillantes que necesitan presentarse al público.

Advertir la danza mientras se vive, alcanzar a vislumbrar su implacable grandeza, disfrutar del ritmo y respirar hondo, celebrar que el baile es poesía en movimiento, es como alargar la vida y hacerla más placentera. Por ello, que el Ballet Nacional de España cumpla treinta años debe hacernos reflexionar en positivo. Los conocimientos técnicos y estilísticos de la danza clásica puestos en valor estético y difundidos como tales entre los jóvenes, creo que es un buen camino, sobre todo, para conseguir entusiasmar a la juventud en una corriente verdaderamente instructiva, con la que se puede alcanzar el máximo grado de interpretación artística, pero asimismo el máximo grado de conocimiento personal. De igual modo, descubrir y describir el rico vocabulario dancístico es también otro paso adelante en la comprensión de las obras artísticas. El vacío existente vinculado al estudio de la danza y el movimiento creativo con una perspectiva científica es tan evidente, que algunos centros universitarios punteros quieren que sea una licenciatura más. Formar a profesionales de la danza capaces de manejarla como medio educativo, estoy seguro que es una apuesta acertada. Porque sobre todas las cosas, la danza es amor. Una pasión, en suma, que se deja querer con la métrica de los sentidos, a sabiendas que la música –como dijo Platón- es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo, pura armonía.

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