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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Alumbramientos

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 10 de marzo de 2008, 07:07 h (CET)
Nos ha tocado en suerte una vida sometida a enormes variaciones, unas desde los orígenes, mientras otras se irán provocando con el paso del tiempo. También es distinto el grado de intervención de cada sujeto, desde su nulidad para la modificación de ciertas variables, hasta otras acciones con fuerte repercusión en los eventos derivados y sus consecuencias. Novedades sencillas y novedades complejas de gran importancia. La FIESTA DEMOCRÁTICA de unas elecciones, pone a punto ese cariz participativo en las decisiones, de implicación esencial; aunque nunca suficiente, ni valorado en lo que merece. Esta fiesta conduce a uno de los alumbramientos sociales por antonomasia, uno de los definitorios del hecho comunitario. Sus bondades no resultan suficientes. Acechan las tergiversaciones y brotan los abusos; ante ellos se requiere una atención vigilante.

Mientras acontecen los alumbramientos de hoy, me voy a permitir unas consideraciones relajadas, entre el contraste de los haikus y las meras valoraciones intuitivas de los posibles esquemas resultantes tras las votaciones. La proliferación de candidatos o la gran variedad de intereses comarcales, facilitan la VALORACIÓN sectorial y la referencia a comportamientos peculiares. No se me quita de la cabeza esa frecuente utilización engañosa del voto, evidente aunque no confesada. ¿Una vez obtenido, se acuerdan del sentido de aquel voto? Precisamente, el carácter festivo del acontecimiento electoral, expresaría ese suspiro común por un entendimiento. ¿Van por ahí las actuaciones posteriores? Quizá se pueda expresar así:

Romería en festivo,
Voto atrapado,
Un aroma no nato.


Los entresijos de estas convenciones democráticas configuran las apariencias de la carrocería. Cuando llegue el voto electrónico habrá otras formas y otras controversias. Por ahora, nos ceñimos a la papeleta, a los escrutinios habituales de mesa y delegados. La urna se transforma en una hucha de interiores inaccesibles. Pese a la participación y por la propia esencia del acto, permanece latente esa nueva entidad que verá la luz en las próximas horas. Lo hará en pura forma de expresión por duplicado. Como unas cifras reunidas en los paneles finales, tras el escrutinio; con la adscripción de los candidatos a sus ubicaciones. Mas, también planea la posible coherencia con que se comportarán en el futuro, su grado de fidelidad al sentimiento del votante, la conexión con aquel voto inicial. Es evidente el carácter de PRIMICIA, de una nueva estructura al albur de los elegidos:

La urna es un monolito,
Oscila el dato,
Novedad de lo creado.


Aunque se alardea de una gran dosis de sinceridad, aún con los mejores deseos, una cosa es expresarse en campañas persuasivas, pero el cambio es manifiesto en cuanto se aproxima uno a los alrededores del poder. Las pasiones terrenales y las del espíritu son capaces de lo increíble. Los intereses creados por la convivencia, agrandan los abismos entre lo dicho y las acciones posteriores. Juega la visión uno de sus papeles decisivos, por no ver las actuaciones posteriores o por verlas auténticamente deformadas. La CEGUERA presenta distintas profundidades, según la orientación, con el agravante notorio de favorecer ampliamente los disfraces encubridores. Así, disimulados, haciendo ver lo que no son, se desarrollan los actos corruptos; de tan frecuentes, ya no escandalizan. No todo se explica, ni se justifica, por mucho instinto o pasión puestos en la balanza. En esas estamos:

Un día fue una ilusión,
Hay vías de pasión,
Asoma la corrupción.


Los lenguajes de estos tiempos modernos no están prestos para dilucidar ciertas desviaciones, surgidas a partir de las presiones naturales, desde los sobresaltos, desde los encontronazos de los intereses individuales. La ciudadanía perdió hace tiempo esa arma para la denominación de las cosas por su nombre diáfano, auténtico y descriptivo. Perdida esa definición precisa, el juicio se desperdiga entre las triquiñuelas disfrazadas de nombres virtuosos. Topamos con SERVIDUMBRES nefastas, envueltas por disciplinas férreas, dirigidas por el capital, las ideologías o capitostes varios. Como al poeta, nos faltan letras y palabras para poder nombrar las cosas. Por eso, aunque la razón sea una de las características humanas por excelencia, digamos que no habita en los barrios céntricos, no le van las calles bien iluminadas de la mente, sus andanzas discurren por andurriales de enrevesados recorridos. Los buenos razonamientos, ya no son el principal impulso para las actuaciones:

Ambigüedad de miras,
Hay disciplinas,
Razón en las afueras.


Muy en la línea del recientemente fallecido Ángel González, si queremos saber lo que es una verdadera democracia, no vayamos preguntando demasiado a unos y a otros, quién sabe con que desviaciones toparíamos. Confiemos en la mayor aportación participativa de cada individuo, IMPLICACIÓN, como hormigas activas y colaboradoras, desarrollando las sensibilidades con señorío y buenas actitudes. La imperfección no debiera ahogar las actitudes meriotorias. Eso, no obstante, tiene sus dificultades, por que la búsqueda y la exposición de los signos propios para una alabanza, tampoco son nuestro deporte favorito. Nos van los himnos críticos y deconstructivos, desde una cierta lejanía, con escasa implicación personal.

¿Podremos encontrar los conocimientos y sensibilidades necesarios, para un ALUMBRAMIENTO feliz, tras esta jornada electoral? Ahora se lleva eso de las sondas informativas, para buscar atajos que nos aclares el panorama, de por sí incierto. Algo me dice, pese a todo, que le damos demasiadas vueltas al argumento, somo si se tratara de un intento manifiesto para eludir la responsabilidad personal, esa que actuaría debidamente y sin más dilación. ¿Con qué luces podremos contar? ¿Nos damos por satisfechos con nuestra participación actual en los alumbramientos?

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