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Etiquetas:   Perspectiva de Levante   -   Sección:   Opinión

Mal acaba lo que mal empieza

Domingo Delgado
Domingo Delgado
lunes, 10 de marzo de 2008, 07:07 h (CET)
Esta legislatura comenzó bajo la conmoción y el espanto del mayor atentado de la historia de España, el 11-M, con las discusiones y reproches entre los contendientes electorales, y nuevamente, en el epílogo de esta legislatura, hemos tenido un luctuoso suceso con el que cerramos esta crispada legislatura, en el atentado mortal sufrido por el ex-concejal del PSOE de Mondragón, en una nueva irrupción de la banda terrorista vasca en la vida política española, quizá pasando factura al Gobierno de la falta de acuerdo durante la tregua.

Que los asesinos maten –lamentablemente va de suyo-, y además era desgraciadamente de esperar, de hecho el Ministerio de Interior venía advirtiendo de esta posibilidad. Pero lo que ya no es tan natural es el crónico desencuentro manifestado por las fuerzas políticas, que aún en el presente caso, con un cadáver de “cuerpo presente”, vuelven a discutir haciendo patente su disensión sobre lo que antes era una unidad de acción por el consenso obtenido, que tanto bien hizo en la lucha antiterrorista, porque no da ni opción ni esperanza alguna a los asesinos para que puedan, obtener réditos políticos por la vía del crimen. Si bien, ese consenso en la actual legislatura se ha roto, y con ello ha conseguido “oxígeno” el “incendio terrorista”, contribuyendo a su mayor combustión.

De tal manera que, si hay algo especialmente reprochable a nuestros políticos en el momento presente es que hayan roto el consenso y la unidad de acción en materia terrorista, algo especialmente sensible como es la seguridad del Estado, su defensa, no puede tener fisuras frente a los enemigos de nuestra sociedad; no siendo de recibo el particularismo del matiz para desmarcarse de tal o cual sensibilidad, ya que en el fondo, demostrado ha quedado que no se consigue sino prolongar el dolor por la coacción de la sistemática criminal.

En esta hora, más allá de la puesta en escena electoralista, como ha sido el destemple de Patxi Lopez a Rajoy ante el féretro de la última víctima, absolutamente extemporáneo, descortés, y de clara intencionalidad propagandística, deberían nuestros representantes políticos reflexionar sobre los errores cometidos, y sacar consecuencias de la lección aprendida. ¡No puede mezclarse con la política lo que es una cuestión criminal..!. Por consiguiente, lejos de darle tratamiento político –tras los fallidos contactos y negociaciones-, hay que darle un tratamiento policial definitivo y decidido. ¡Basta ya de tanta hipocresía con el tema!.

El tratamiento político que habría de darse inmediatamente, habría de ser el de un pacto de Estado que cierre el modelo territorial del Estado definitivamente, que no esté sujeto a almoneda política continua, y junto con ello, el de unidad de acción en la lucha antiterrorista –con un exclusivo tratamiento policial-. Si algo ha de enseñar estos más de treinta años de terrorismo es que ese es el camino. La situación, aunque parecida, no es idéntica a la del IRA. Aquí hay otros actores políticos que sacan rédito de las acciones etarras, que no facilitan una solución definitiva, porque alientan las ideas separatistas, aunque no compartan los medios criminales de ETA, pero convergen, más o menos, en los fines. Por ello, el Estado español no puede contemplar inerme la evolución de los acontecimientos. De hecho, el lehendakari vaso tiene avisada la convocatoria de un referéndum sobre la independencia para octubre de éste año.

Así que antes que los acontecimientos nos arrollen, el Estado de Derecho debería prepararse mediante ese pacto de Estado que cerrara políticamente el camino a aventuras secesionistas, y que con decididas medidas antiterroristas se erradicara el crimen etarra definitivamente.

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