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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¡Contumaces en el anticlericalismo!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 10 de marzo de 2008, 07:07 h (CET)
Cualquiera que leyera la prensa de hoy podría pensar que las elecciones generales se habían adelantado al día de ayer y que toda España estaba pendiente de la Conferencia Episcopal que elegía a su nuevo presidente. De un acto perfectamente normal dentro de la praxis de la Iglesia se ha querido convertirlo en un mitin político, como si lo que se dilucidara en la Conferencia episcopal fuera si, en España, fuera a gobernar el PSOE o el PP. Evidentemente que los hay que están interesados en convertir a la Iglesia en cabeza de turco de la batalla electoral que se está llevando a cabo en estos días. El imputar al cardenal Rouco ser el líder del PP y al último presidente, señor Blázquez, como un firme apoyo del PSOE, es algo tan ridículo como pensar que el señor Rodríguez Zapatero va a ser nombrado obispo de León. Como siempre, los intentos de confundir a los electores; las intrigas para tergiversar las situaciones y la ignorancia, la ignorancia supina de todo cuanto hace referencia a la religión católica han partido, de nuevo, de esta izquierda contumaz y anticlerical que nos vemos obligados a padecer...

Por mucho que se intente disimularlo no cabe duda de que, para los socialistas, la Iglesia es un elemento molesto. Lo fue durante la Segunda República de 1931, lo fue también en la República de 1936 y lo ha continuado siendo durante la democracia. No puede ser de otra forma, porque los fines de unos y otros son diametralmente opuestos; porque la doctrina de la Iglesia choca de frente con el relativismo moral sustentado por las izquierdas y porque frente al totalitarismo comunista y anticlerical de los unos, los otros predican la libertad del individuo para orientar su vida y sus acciones hacia unos fines éticos y morales que siempre se han escapado a la comprensión de aquellos.

Es evidente que ni al señor Zapatero ni a Pepiño Blanco les hace gracia que los católicos nos opongamos al aborto; a la degradación de las costumbres; a los matrimonios entre homosexuales; a la intromisión del Estado en la vida familiar; a una educación privada de principios éticos, orientada al pensamiento único y a la falta de tolerancia y respeto por las opiniones ajenas –como hemos podido comprobar estos días pasados en los que determinados partidos políticos han sido vejados, atacados y obstaculizados para que no pudieran exponer libremente sus ideas –. Sin embargo, ni el señor Blázquez ni el señor Rouco difieren un ápice en cuanto a los conceptos mencionados ni ninguno de ellos podría ser más transigente ni benévolo con tales situaciones, porque atentan a la misma esencia del catolicismo o sea a la doctrina de Jesucristo.

Si, de verdad, se preconiza la separación de la Iglesia del Estado, si se busca la laicización del país –que no es lo mismo que la aconfesionalidad del Estado que establece la Constitución de 1978 – convenzan con argumentos a los ciudadanos para que se conviertan en agnósticos, ateos o budistas, pero dejen al clero católico que intente implantar en los católicos, los seguidores del cristianismo, las normas y directrices básicas para que sepan el camino que deben seguir, tanto en lo particular como en lo público, para adecuar su conducta al credo católico. ¡El sempiterno empeño en querer erradicar las creencias! Es lógico que a los que no saben desprenderse de sus costumbres licenciosas les moleste ver que los hay que lo consiguen; es natural que el toxicómano tenga envidia de aquellos que no lo son y es propio de los que no creen en lo trascendente que les reviente las tripas ver que hay personas que lo pasan tan ricamente creyendo que, en este mundo, no se agotan todas sus posibilidades y creen en otro universo mejor donde no se produzcan las injusticias, desigualdades y barbaridades que se producen en este. La diferencia está en que unos intentan conseguir la felicidad en la tierra, cosa que se ha demostrado imposible de lograr y otros la buscamos en el más allá. ¿Tanto les cuesta comprenderlo y aceptarlo? A la vista de cómo actúan, parece que sí.

Cuando un sujeto como el señor Emilio Pérez Touriño, secretario general del Partido dos Socialistas de Galicia-SPOE, se sale del tiesto y dice que la Iglesia lo que debe hacer es “practicar el Evangelio” lo único que consigue es provocar la hilaridad de los que lo escuchan porque, evidentemente, dicho caballero, es un decir, probablemente no conoce del Evangelio ni por las tapas ya que, en caso contrario, sabría perfectamente que las reglas por las que nos regimos los católicos emanan precisamente de ellos y de sus enseñanzas nos advierten los obispos para que procuremos no caer en aquellos errores ( para nosotros lo son) en los que incurre la sociedad civil. En una palabra que algunos creemos que sabemos pensar por nosotros mismos sin necesidad que los “sabios” que utiliza para sus fines el Gobiernos nos tengan que indicar el camino a seguir. Estamos convencidos que la misión del Estado no es interferir en la intimidad de las familias ni entorpecer la voluntad de los padres de familia en cuanto a la forma de educar a sus hijos y, por supuesto, no suplir la libertad de los individuos para obrar como les parezca dentro del respeto a las leyes y a la constitución. Es algo de lo que deberían tomar nota quienes se empeñan en interferir en asuntos que no les conciernen. Puede que, a la larga, su gobierno se extinga y se vean obligados a ver, quizá con asombro, que la Iglesia perdura como lo ha hecho durante más de dos mil años.

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