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Etiquetas:   Mujeres del Siglo XXI   -   Sección:   Opinión

Día de la mujer trabaadora... a cambio de sueldo

Remedios Falaguera
Remedios Falaguera
sábado, 8 de marzo de 2008, 23:49 h (CET)
Se acerca el Día de la Mujer Trabajadora. ¿O deberíamos decir Día de la Mujer Trabajadora a cambio de sueldo?

Porque, y a pesar de reconocerme “políticamente incorrecta”, es un deber de justicia dejar constancia que las mujeres SIEMPRE han sido “mujeres-madres trabajadoras”. Nadie puede dudar que, la gran mayoría de mujeres, esposas y madres, han ejercido durante veinticuatro horas al día, de enfermeras, psiquiatras, profesoras, gerentes, administradoras, secretarias, psicólogas, negociadoras, cocineras, limpiadoras,… sin haber recibido por ello reconocimiento social ni económico alguno.

No obstante, como mujer y madre trabajadora, cada año me encuentro con una disyuntiva de difícil solución acerca de los dos prototipos de mujer que se están fomentando actualmente: “la mujer-madre trabajadora” y “la mujer-madre que está en casa”.

Por una parte, siempre he considerado que las mujeres, diferentes por su naturaleza a los hombres, poseen unos valores y cualidades propios que aportan una visión nueva a la sociedad, a la política y a la familia. Por lo tanto con la participación de la mujer en todos los ámbitos de la vida pública y laboral queda demostrando que las mujeres estamos preparadas al mismo nivel que los hombres y que, además, a gracias a sus cualidades femeninas, podemos y debemos ofrecer, además, una valiosa aportación a la sociedad en todos los ámbitos: profesional, cultura, político y social. Es por ello que tenemos derecho a trabajar y a acceder a los órganos de poder de decisión empresarial, política, económica, jurídica y de cualquier otro ámbito.

Y por otra, cada día que pasa estoy más convencida de que ejercer mi “derecho a ser madre, a educar a mis hijos, a conducir mi familia y, al mismo tiempo, sentirme compensada emocional y económicamente” es otra opción, muy valida y enriquecedora, que exige dedicación completa. Dicho de otro modo, la maternidad a tiempo completo NUNCA pasará de moda, por mucho que las feministas rancias intenten cuestionar, humillar y despreciar su papel.

Si bien es cierto, que hoy en día existen muchas maneras de ver el trabajo de la mujer, deberíamos exigir a las administraciones que cumplan con su obligación de atender las demandas para la conciliación de la vida laboral y familiar de las mujeres y, además, que de una vez creen las condiciones que permitan “calcular “el valor emocional, económico e intelectual de la maternidad”, como señala Michael S. Niziol.

En fin, rendir eficazmente en el trabajo profesional, ser esposa perfecta, mantener las amistades y ser madre modélica a tiempo completo, es una tarea ardua y muchas veces incluso heroica. Tan heroica como el día a día de Ana V.R, una joven “madre trabajadora”, que, como nos muestra en esta larga carta, queda mucho camino por recorrer para lograr una plena conciliación.

Ana se levanta a las 6,30 de la mañana. Antes de nada, radio en mano para intentar mantenerse informada de cómo sigue el mundo, ese que sigue siendo el suyo aunque a veces lo pierda de vista, va directa a la cocina a tomarse un yogurt desnatado (por eso de intentar guardar la línea) mientras prepara los desayunos de los niños. A continuación, una ducha rápida y un mucho de acicalamiento para disimular que ayer domingo se acostó tarde después de una jornada agotadora con toda la familia de excursión, rematada con una buena sesión de recogida de la casa, preparación de uniformes y mochilas, puesta de un par de lavadoras y para terminar un poco de costura metiendo algún que otro dobladillo o recosiendo alguna etiqueta desprendida de una bata de colegio.
¡ya está lista para empezar a despertar a sus hijos!

Alfonso (8 años), Pablo (6 años) y María (5 años) ya se visten solos, lo que no significa que no haya que estar pendiente de que se metan la camisa por dentro, se abrochen correctamente los botones o no se peleen porque uno cree que el calcetín que se pone el otro es suyo…o porque resulta, que unos leotardos nuevos de la semana pasada ha aparecido por arte de magia con un “tomate” de tamaño considerable. A Bosco (3años) hay que ayudarle a ponerse el uniforme del colegio, y Ana entre secador y rimel, tiene que peinarlos y estar pendiente de que se acaben el desayuno.

Además para rematar la enana, Elena (1 año) desde hace un tiempo disfruta despertándose a la misma hora que sus hermanos,…ideal, si no fuera porqué se levanta con un hambre canina y reclama el biberón, que evidentemente no se hace sólo…así que los viajes cocina-baño son constantes; hasta que a las 8 empiezan a desfilar los primeros:

¡Rápido, rápido….vais a perder el tren! ¡Vamos niños, corred, corred, por favor!

A esa misma hora entra la cuidadora por la puerta, Ana le lanza directamente a la pequeña en los brazos y le suelta una parrafada sobre el menú para la cena, las sábanas y toallas que hay que cambiar y que se ha estropeado el horno y vendrá el técnico entre las 10 y las 14 horas…

Así empieza el día para Ana. Una joven que tan solo con 35 años y 5 hijos tiene que “conciliar´” familia y trabajo.

Después de “soltar” literalmente a dos de los niños en el parvulario sale despavorida hacia el despacho, eso sí, siempre con buena cara para rendir al máximo (que no se diga que las madres con hijos son poco productivas) durante las 5 horas en las que se dedica en cuerpo y alma a la empresa, con la que ha podido pactar una reducción de jornada, acogiéndose a la ley y a las políticas de conciliación, que por suerte para ella, se están llevando a cabo en la empresa para la que trabaja.

Evidentemente esa reducción implica una reducción de sueldo y en muchos casos una renuncia a la categoría profesional, pero “todavía compensa”; su sueldo es una ayuda en la economía familiar y el estar al día en muchos temas hacen que se sienta útil fuera de casa; cree además que de cara a los hijos que una madre trabaje además de en casa, fuera es algo positivo que acaba por enriquecer a la familia en general.

Si no se ha complicado la mañana, a las 14.30 horas sale del despacho, y el destino varía según las necesidades diarias de la familia. Supermercado, tutoría con el profesor de alguno de los hijos, médicos varios, según temporada del año y virus que circule (previa recogida del niño correspondiente en el colegio), recados varios…..y una vez cada 3 o 4 meses una merecidísima sesión de peluquería (sin secado, por eso de que la tarde se le echa encima) para tapar esos pelos rubios muuuuuuy claros (todavía no se atreve a llamarlos canas) que empiezan a asomar en su cabellera.

De vez en cuando una comida con amigas, es lo más relajante para darse cuenta de que su estilo de vida, tan pleno (sobretodo por lo lleno de actividad) es compartido por un montón de mujeres que como ella se desdoblan cada día para llegar con la sonrisa y el rimel puestos a tantas cosas que parecen nimias pero que hacen que una familia con 5 hijos funcione; esas comidas se convierten en una fantástica terapia que le pone las pilas para seguir con la marcha… así que seguimos.

Son las 16,30 horas, llega al parvulario de los pequeños dónde los recoge, para amenizar la recogida un poco de vida social con las mamás de los amigos de sus hijos, hablando de cómo los piojos han vuelto a invadir las cabezas de los niños de la clase (acaba de sumarse una tarea más a la tarde, comprar el champú y la loción de turno y revisar a conciencia las 5 cabezas… una por una…tarea que puede llevarle una hora…) o la próxima fiesta de cumpleaños de fulanito. Niños en mano, empieza el descenso entre gritos de “!quiero la merienda¡”, “!yo el de nocilla¡” hasta llegar al metro. Para entonces ya están más calmados (efecto bocadillo le llama ella) y le cuentan lo que han hecho durante el día en el colegio. A las 17,05 llega a la estación a la que en 7 minutos (puntualidad germánica) llega el tren escolar que trae a los mayores del colegio. Para estos hay que tener los bocadillos a punto ya que sino serían capaces de devorar a sus hermanos. Llegan todos a casa sobre las 17.25, los lunes los mayores tienen piano por lo que hay que hacer deberes rápido para salir puntuales hacia el conservatorio…. y los miércoles María tiene ballet, así que un par de viajes desde casa a dejarlos y a recogerlos no se los quita nadie. Me comenta que de un tiempo a esta parte está encantada, ha encontrado un truco que no falla….las dos tardes que sale y entra de casa…el menú de la cena es de los que gusta a los niños, pasta, arroz, carne rebozada, croquetas etc…así se asegura de que cenarán bien con la cuidadora y ésta estará contenta (que es casi más importante que tener al marido contento). Los otros tres días caen la verdura, el pescado y las legumbre pero ahí está ella para lidiar con el que “se cruce”.

Las tardes que transcurren en casa, empiezan con la colgada de abrigos y mochilas, siempre hay algún despistado al que hay que perseguir porque ha perdido el abrigo por el pasillo. Mientras los pequeños juegan, reclamando constantemente la atención de su madre, los 2 mayores se sientan a hacer los deberes del colegio vigilados muy de cerca por esa misma madre…no vaya a ser que saquen los craks de Pokemon y descuiden las matemáticas o la lengua. A las 18,30 llega el turno del baño para las 2 niñas y después para Bosco; ya desde hace tiempo los baños de espuma y juguetes se transformaron en duchas y aún así hay días que el cuarto de baño acaba como el salón de baile del Titanic. Mientras mamá lava cabezas, corta uñas y seca melenas…la cuidadora pone la mesa y calienta la cena. Uno a uno los pequeños van desfilando hacia la cocina mientras mamá va en busca de los 2 mayores para que se duchen. En ese momento a Ana se le enciende una lucecita en la cabeza…acaba de recordar que cree que no ha reservado un billete de avión urgente para uno de sus jefes….ipso facto sale despavorida hacia el salón para conectarse por Internet al mail del despacho y comprobar, con gran alivio, que fue lo último que hizo antes de apagar el ordenador.

Encantada de la vida por el peso que acaba de sacarse de encima, se “apoltrona” en la banqueta del cuarto de baño a limpiar los 5 pares de zapatos mientras escucha como su hijo Alfonso le radia desde la ducha el partido de fútbol que ha jugado ese día en el colegio.

Uno tras otro se suceden los viajes de la cocina al baño para controlar que los mayores acaben rápido de ducharse y así empezar el 2º turno de cenas. Mientras los mayores cenan, Ana ayuda a los pequeños a preparar uniformes y revisa mochilas por si hubiera algún aviso del colegio...y así es…mañana tiene excursión María, lo que implica abandonar la lucha en el cuartel por unos momentos, colocarse el abrigo a toda velocidad, bajar al supermercado y comprar la bolsa de patatas, la bebida y el bollito de rigor. Cuando regresa sigue revisando el resto de mochilas y sí, ahí está…..mañana por la noche tienen reunión de P3; eso le hace recordar que la semana que viene tienen: el lunes sesión de un cuso de orientación familiar al que se han apuntado, el martes la reunión de 1º y 2º de primaria en Viaró a la que tendrán que desdoblarse y acudir ella a una (irá a la de 1º, ya que son uno de los matrimonios encargados de la clase y quiere conocer a todos los padres) y su marido a la otra, para después en el coche de vuelta a casa ponerse al día el uno al otro de lo que han explicado. Y para finalizar bien la semana el jueves una cena benéfica de una asociación de telespectadores a la que se han comprometido a ir. En ese momento sólo piensa cuándo va a poder recuperar todas esas horas de sueño…lleva pensándolo años y no ha conseguido ponerse al día…
Después de que todos los niños han acabado de cenar, los uniformes estén preparados, los deberes en las carpetas y las carpetas en las mochilas, van desfilando por el baño para lavarse los dientes.

Después llega la hora del cuento, todos, los 5, se sientan encima de la cama para escuchar como Ana les explica un cuento, que previamente ha tenido que escoger alguno por riguroso turno.

Y es ahí, a los 10 minutos de empezar a leerlo cuando llega el que Ana llama el mejor momento del día….se oye la llave en la cerradura y aparece papá con su silbido característico y su “¡hola chicos!”. Cual manada desbocada salen por el pasillo atropellándose unos a otros para lanzarse al cuello de su padre, ¡momento en el que Ana aprovecha para ir al baño SOLA! sin niños que la “acompañen”. Son los 2 minutos más intensos de toda la tarde. Papá se lanza sobre la cama con todos los niños encima para jugar un rato con ellos, están como locos de contentos…cualquiera diría que son los mismos 5 niños que lleva poniendo en vereda toda la tarde. Ana los observa, está agotada pero feliz de ver que un día más todo ha salido bien, ha sobrevivido a otra batalla.

Después de jugar un rato todos juntos y de explicarle a papá como han ido los coles, lo que han hecho etc…empiezan a desfilar todos a las habitaciones. Gracias a Dios con el tema del sueño nunca han tenido problemas y después de rezar todos juntos, los peques caen uno a uno en sus camas y en principio hasta la mañana siguiente no vuelven a hacerse notar. Ahora Ana y su marido parece que están solos, no se escucha nada…que paz!!!. Alfonso se sienta en el sofá, mando en mano mientras Ana va a la cocina a acabar de preparar la cena de los dos. Por tema de ahorro de tiempo y evidentemente ahorro familiar el menú es el mismo que el de los niños. Cenan en el salón mientras hablan cada uno de su día, se explican lo que han hecho…Ana le pasa el parte de cada uno de los niños y Alfonso le cuenta que el partido a mediodía ha ido genial, y el trabajo también (Ana sabe que a su marido no le gusta explicarle demasiadas cosas del trabajo para no preocuparla y así, supone ella, tampoco darle el, más vueltas. Alfonso es de los que cuando está en casa disfruta de la familia por encima de todo). Cuando acaban de cenar, después de haberse programado la semana, fin de semana incluido, es hora de ver las noticias en la TV y de un tiempo a esta parte a Ana, antes tan ave nocturna y tan trasnochadora, empieza a vencerle el sueño y a pesarle los párpados, pero todavía no puede abandonarse en los brazos de Morfeo…le queda una lavadora por poner, hacer los bocadillos para mañana, desmaquillarse…y ahora sí….llega el momento. Se despide con cariño de su marido, que tampoco tardará en acompañarla, y después de pasar por las habitaciones de los niños para comprobar que están bien y pensar que monos están dormiditos, se deja caer en la cama dándole gracias a Dios por esa maravillosa familia que le ha dado y por conservarle las fuerzas para tirar de ese carro que dentro de unos meses se cargará con otro niño... ¡Pues eso!

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