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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Varón de Dolores

Piedad Sánchez (Málaga)
Redacción
sábado, 8 de marzo de 2008, 06:09 h (CET)
Ante la proximidad de la Semana Santa, vendría bien recordar la cruz a los seguidores de un cristianismo ligero en donde se resalta sin consistencia ni raíz el componente de alegría que tiene el Evangelio. También a los intelectuales o a los que creen serlo y piensan que el cristianismo debe ser un sistema filosófico y relativista susceptible de revisión según las modas y modos del tiempo presente pero, que nunca con valores absolutos e inamovibles de verdad y vida.

Y por supuesto, recordarles la cruz a los ingenuos que siguen deslumbrados: las nuevas ideas, las nuevas teorías del cristianismo sin cruz, de la moral sin Dios. A todos estos y a los demás nos vendría muy bien en estos días de Semana Santa leer el Canto de Isaías cuando profetiza la Pasión y Muerte del Señor. “Despreciado y el desecho de los hombres, varón de dolores y, que sabe lo que es padecer, su rostro como cubierto de vergüenza y afrentado, por lo que no hicimos ningún caso de El” (Isaías).

Leyendo este párrafo me viene de inmediato el recuerdo de cierta opera moderna de los años setenta y, que recientemente ha sido repuesta en el teatro, donde la figura de Jesucristo era interpretada libremente por unos cuántos señores que ni tenían fe, (ellos mismos lo confesaron a la prensa) ni sentían el más mínimo respeto por la verdad. ¿En qué fuentes serias se inspiraron todos estos autores? ¿De donde sacaron la alegría del Evangelio, estaba encarnada perfectamente en la figura de un hombre joven, que para expresarla daba saltos sin saber muy bien para qué?

Claro que el Evangelio es alegre, es la buena nueva, la alegre noticia para la humanidad y el cristiano es, debiera ser fundamentalmente un hombre alegre porque tiene razones muy poderosas para serlo. La primera, ser hijo de Dios y después saber con certeza que ha sido salvado por ese mismo Dios hecho hombre y muerto con la muerte más ignominiosa que existía en su tiempo: la crucifixión, muerte de criminales y ladrones.

Todas esas musiquillas tan agradables hicieron algo de daño porque frivolizaron la figura de Jesús y contribuyeron a difundir teorías de un cristianismo sin Cruz ¿Y por qué ese afán de ocultar la parte dolorosa que existe en la vida del Señor?

La alegría de la resurrección es una maravillosa realidad, el Misterio central de nuestra Fe, pero no es menos cierto que primero hay que vivir el dolor del Viernes Santo. Así también en la vida de los hombres. Querer apartar el dolor de la existencia humana, es una empresa inútil y estéril porque el sufrimiento es el acompañante seguro del hombre en la tierra. Y, precisamente es Cristo quién nos da ejemplo en el dolor y de cómo se debe vivir. “Como oveja llevada al matadero que guarda silencio sin abrir siquiera su boca” (Isaías).

Varón de dolores, si, en la cruz abandonado de todos, con los brazos extendidos y el pecho a punto de estallar en la agonía de la muerte, diciendo: “Todo está consumado” para prestarle perfecta obediencia a su Padre. Pero todo hecho con libertad, aceptando la muerte, amando la muerte, porque sabía que nos estaba salvando de ella y del pecado.

Antes de alegrarnos con la Resurrección meditemos la Pasión del Señor y unamos nuestro dolor humano al de Cristo que es humano y divino, ayudando a los demás siendo solidarios prácticamente y, no solo en teoría podremos gozar de la alegría de la resurrección de manera más plena.

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