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La rebelión de sotanas y el capellán paraguayo de las FARC

Luis Agüero Wagner
Redacción
sábado, 8 de marzo de 2008, 05:09 h (CET)
El asesinato de Raúl Reyes en territorio ecuatoriano por medio de bombas que curiosamente no afectaron a las computadoras del objetivo, caso similar al de los pasaportes de quienes se estrellaron contra las torres gemelas que fueron recuperados intactos, hizo que todo el mundo en estos días opinara sobre la guerrilla más antigua y poderosa de Latinoamérica.

La acción militar colombiana, que violó la soberanía territorial de Ecuador, no sólo hizo redoblar los tambores de guerra en América del Sur, también inspiró unos afiches que aparecieron pegados por toda la capital paraguaya, presentando fotografías del obispo Fernando Lugo vestido en traje de guerrillero y con el epígrafe: “embajador en Paraguay de las FARC”. La propaganda oficialista aludía al papel desempeñado por el candidato de Dios a la presidencia del Paraguay en el secuestro y asesinato de Cecilia Cubas, hija del ex presidente paraguayo Raúl Cubas, en el que se involucró a miembros de un grupo de izquierda radical denominado Patria Libre, algunos de los cuales eran seminaristas que habían tenido imprecisos contactos con Lugo. La mayoría de los cuadros del supuesto destacamento marxisto-guerrrillero posteriormente se integraron a grupos que hoy apoyan la candidatura a la presidencia del Obispo, lo cual explica el sentido de la broma.

En realidad, Fernando Lugo está bastante lejos de encarnar el comunismo dentro de la iglesia que tanto pavor despertara en las oligarquías del continente en los sicodélicos años 60, cuando estallaron las ideas revolucionarias en el mismo seno de la iglesia.

Se atribuye al sacerdote revolucionario colombiano Camilo Torres, mártir del ELN, haber dicho una vez que si Jesús estuviera vivo sería guerrillero. Torres fue más allá de la pura declaración y tras perder su cátedra en la Facultad de Filosofía que fundó junto con Orlando Fals Borda en 1960, se unió a la guerrilla como miembro de bajo rango.

Evidentemente, Camilo era mejor repartiendo hostias y confesando a sus parroquianos que empuñando las armas, dado que cayó abatido por las balas del ejército colombiano en su primera experiencia en combate, cuando su destacamento del ELN fue emboscado por una patrulla militar en Patiocemento, provincia de Santander.

El candidato de Dios a la presidencia del Paraguay, Fernando Lugo, sólo es parecido a Camilo Torres en haber sucumbido en el primer cruce, aunque no con una patrulla del ejército sino con los dólares del embajador norteamericano James Cason. Su misma candidatura ha sido inducida por los medios de comunicación subsidiados por la National Endowment for Democracy, y por partidos regados por los dólares de IAF y USAID por intermedio de supuestas donaciones a organizaciones no gubernamentales, además de supuestas organizaciones civiles que en realidad responden a sus financistas de la embajada norteamericana.

Presentado con ficticias credenciales de exponente de la teología de la liberación, ámbito en el que se le desconoce, sus publicistas le inventaron el mote de “obispo de los pobres”, aunque en realidad hoy sólo aparezca en compañía de burgueses enriquecidos por única vía posible en Paraguay; la de la corrupción política y el tráfico de influencias.

Decía Camilo Torres que sabemos que el hambre es mortal, señalando cuales eran las tribulaciones que lo habían llevado a empuñar el fusil en las selvas colombianas. Tras su caída en combate, Víctor Jara cantó que donde cayó Camilo creció una cruz, pero no de madera sino de luz.

En el caso del supuesto émulo paraguayo Fernando Lugo, no puede decirse que las motivaciones sean parecidas.

Uno de sus principales consejeros es el senador Alfredo Jaegli, un obeso y charlatán importador de perfumes, propagandista del neoliberalismo que se dio la gran vida en tiempos del dictador Stroessner para a su relevo aparecer en la política como un prócer de la democracia. Otros de sus principales colaboradores son el senador Carlos Filizzola, acusado de varios hechos de corrupción durante su desempeño como intendente de Asunción, el senador Camacho que no hace mucho utilizó un vehículo del parlamento para atropellar a transeúntes a los que dejó tendidos sin vida a la vera del camino, el presidente del Congreso, acusado de tener un centenar de contratados de favor en los tribunales electorales, etcétera.

Se ha vinculado además la financiación de la campaña del obispo con el adinerado gobernador derechista de la provincia brasileña de Paraná, Roberto Requiao. Sus principales financistas paraguayos pertenecen a una familia que recibió de los corruptos gobiernos contemporáneos el privilegio de establecer puertos privados para su empresa, verdaderos símbolos del lucro antisocial. La mayoría de sus allegados y colaboradores financian su actividad política desviando hacia el proselitismo –y con el visto bueno de sus benefactores- los dólares que distribuyen la IAF, la NED y USAID.

Hace pocos días los seguidores de nuestro peculiar teólogo de la liberación tercermundista organizaron un pantagruélico encuentro para el cual costearon pasajes y estadía a representantes de todo el continente, que participaron de un seminario en un lujoso hotel de cinco estrellas.

Esto no indica que Lugo sea rechazado en círculos revolucionarios de Latinoamérica, como tampoco es repelido el cardenal Tarcisio Bertone cuando visita en Cuba a Raúl Castro y es recibido con pompa por el mismo canciller Pérez Roque en el aeropuerto. En el mismo contexto, el supuesto obispo de los pobres cuenta con un amplio respaldo de los jerarcas del culto que encabeza el ex militante de las juventudes hitlerianas Joseph Ratzinger.

La mayoría de las reuniones de los partidarios del obispo en el interior del país se hacen en casas parroquiales y otros predios que responden a la estructura de la iglesia católica, que asiste solícita con su infraestructura al supuesto disidente, recordando los buenos tiempos en que la CIA y el Vaticano se unían para combatir a los contras de Nicaragua y se blanqueaba dinero del narcotráfico depositándolo en cuentas del banco Ambrosiano.
Definitivamente, estamos muy lejos de la rebelión de las sotanas.

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