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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Amor democrático

Chiba Tórculo (Madrid)
Redacción
viernes, 7 de marzo de 2008, 07:09 h (CET)
Irene y Eduardo se enamoraron días antes de las primeras elecciones democráticas del año 1977.

Eduardo estudiaba Económicas y simpatizaba con UCD. Irene empezaba su carrera de Sociología y estaba embelesada con la fuerza y el carácter del joven y apuesto Felipe González. Tras votar cada uno a su partido de preferencia, se dieron el primer beso.

Han pasado 30 años y muchas elecciones. Irene siempre había apoyado al PSOE, menos en las elecciones de 1996. Los escándalos continuos del PSOE le hicieron abstenerse, ya que sentía cierto pudor a votar al PP. Y eso que en su fuero interno pensaba que en aquel momento era la mejor opción. La trayectoria política de Eduardo fue cambiando: UCD, CDS y después PP.

Treinta años después Irene y Eduardo siguen fielmente enamorados, pero siempre respetando sus distintas opciones de voto. En 2004, tras el 11-M, Irene convenció a Eduardo de que había que castigar al PP. Eduardo se había sentido defraudado, no tanto por la política seguida por Aznar, sino porque entendía que éste debió llevar al Parlamento o a referéndum su decisión sobre Irak.Y que tras el 11-M, lo primero que debió hacer fue reunirse con el líder de la oposición y desarrollar acciones conjuntas. Así, por primera vez votó al PSOE.

¡Y cuánto se arrepintió! Eduardo era, desde finales de los noventa, catedrático de Economía de la Empresa. Desde hacía 15 años, Irene y Eduardo diversificaban sus inversiones y ahorros en varios sectores, uno de ellos de especial atractivo para Eduardo, los Bienes Tangibles. Cuál sería su sorpresa cuando el 9 de mayo de 2006, el gobierno del PSOE intervino las compañías más importantes del mundo en este sector, empresas que eran modelo de gestión para él y para muchos colegas de profesión. Al momento le vino a la memoria el triste episodio de Rumasa, y recordó a Irene como, tras esa expropiación injustificada del gobierno del PSOE en el año 1983, hoy el Estado sigue indemnizando a Ruiz Mateos por aquel atropello injustificado. ¿Se volvía a repetir la historia?

Lo cierto es que Irene y Eduardo se encontraban con 100.000 euros menos, en un momento delicado para sus economías. A ello se unía la tristeza de Irene, al ver como uno de sus mejores amigos de carrera moría víctima de un atentado de ETA. Empezó a acudir a las manifestaciones convocadas por AVT, y se dio cuenta de que el PSOE que la enamoró de joven ya no existía. Todo era fachada. Todo bonitas palabras que sonaban como cantos de sirenas y que a la hora de la verdad se convertían en mentiras, en promesas incumplidas. Vivió en sus propias carnes como Zapatero y su gobierno del PSOE ninguneaban a las víctimas del terrorismo mientras se sentaban a negociar con sus asesinos. Como olvidaban a cientos de miles de familias arruinadas por la intervención de las compañías filatélicas mientras proclamaban a los cuatro vientos la bonanza económica que supuestamente vivíamos en España.

Esta pasada semana, su paciencia y tolerancia con su partido de toda la vida llegó al límite. Mientras escuchaba como Pepe Blanco insultaba a los que habían invertido en sellos, Zapatero traicionaba la memoria de los asesinados por ETA y los utilizaba como balance de su gestión. Irene ya lo había decidido, sin ni siquiera contrastarlo con Eduardo. En estas elecciones, no votaría al PSOE.

El domingo Irene y Eduardo se levantaron temprano, como hacían siempre que había elecciones. Desayunaron zumo de naranja y un café con tostadas, y se fueron a votar. Al volver a casa, se miraron con complicidad y una cierta dosis de esperanza. La esperanza puesta en que el nuevo presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, recuperase para todos los españoles la ilusión, la libertad y la unidad democrática.

Y se besaron como aquella primera vez, en las elecciones de 1977.

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