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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Wächter

Marino Iglesias Pidal
Redacción
viernes, 7 de marzo de 2008, 07:09 h (CET)
Ese es su nombre. Hijo de teutón y criolla andina, sin huella visible de su ascendencia paterna, pues es el vivo retrato de su madre.

Se crió correteando por el páramo andino entre vacunos y frailejones. Todo parecía indicar que sus horizontes no cambiarían a lo largo de su vida, sin embargo, un inmigrante español amigo del patrón lo tomó bajo su tutela y se lo llevó consigo, primero a la capital, donde permaneció interno en una escuela hasta su completa formación.

Cumplida esta etapa, en la que quedaron claros su viva inteligencia y vigor físico, lo hizo instalar en la hacienda tomándolo a su servicio.

Desde el principio gozó de plena confianza para moverse en la propiedad y desempeñar las tareas que él mismo se asignara.

A día de hoy, sin apenas fuerzas para moverse, pone en el paisaje una nota de inquebrantable nobleza dormitando arrullado por la nana del viento en el cafetal. Ya no puede ejercer la función de su nombre. Dieciocho son muchos años para un perro, y más para un mucuchí.

Le cuesta trabajo subirse al sofá que comparte dilatados momentos de cada día con el ser humano que lo es todo para él. Durante la placentera modorra se recrea en el amoroso gesto de la mano que entra en su pelo, que se aprieta levemente en su cuello, que hace pequeños giros con sus orejas, mientras le habla con palabras cuyo sentido es percibido por él en virtud del automatismo que las traduce en sentimiento. En este instante le comenta la lectura del papel que sujeta desplegado en su otra mano.

- Hum. El gobierno de España. Aquí están, encabezando la página, tres rostros con sonrisas tan definitorias que hasta el campeón de los tontos debería poder descubrir lo que se esconde tras ellas. Abajo tres señores con gesto pensativo, a los que desde tiempo ha, los de la sonrisa vienen calificando de trafulleros, embusteros, agitadores, maledicientes, vituperantes, insultadores… y un largísimo etc. de edificantes epítetos. Ni que decir tiene que en la acusación implicitan una condición moral que les exime de caer en las bajezas de la cuales acusan. Pues bien, dicen aquí, los de la sonrisa, que los señores pensantes de abajo son el ruido, las apariencias, las copias, los ocurrentes sin ideas, los listillos, los que prefieren los trepas a los currantes, los que tienen más miedo que vergüenza, los charlatanes, los que mandarían a todos los gays al infierno, los que creen en las guerras…

Y siguen. Así comenzaron y así siguen. Un programa de campaña ¡y de gobierno! dirigido, por encima de todo, a eliminar al principal partido de la oposición, comprando, incluso, el vasallaje de medios de comunicación que se lo rinden con un descaro y falta de escrúpulos inauditos…

Perruquín querido, nada podemos hacer, ni siquiera sustraernos de la irritante necedad de los más, porque eso dicen los sonrientes, que son más. Y llevan su farsa hasta el infantilismo de asegurar que el candidato de la oposición, como si del “hombre del saco” se tratara, da miedo. Parece imposible que estos españoles sean más, ¡pero…! Veremos.

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