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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¿Feliz Semana Santa?

Cris Téllez (Barcelona)
Redacción
jueves, 6 de marzo de 2008, 11:38 h (CET)
Una cadena de supermercados nos felicita la Semana Santa con un sonriente conejito, como si de la Navidad o de un cumpleaños se tratara. Acceder al significado profundo de estos días no está al alcance de todos o quizá sea parte del proceso de descristianización que sufrimos.

La Semana Santa rememora que Dios muere por el hombre. ¿Y por qué haría Dios semejante cosa? Para el ciudadano de hoy, sitiado por las preocupaciones del día a día y ocupado en gestionar su dinero y disfrutar de su ocio, Dios no tiene cabida. Y sin embargo la pregunta permanece en el aire. Sólo los que interiorizan que poseen un alma inmortal y que deben hacerse cargo de ella, sabrán lo que es vivir más allá de la muerte. Que la tristeza de estos días disuelta por la alegría de la Resurrección nos haga reflexionar: conejos de Pascua sí, pero después de haber asistido a la tragedia del Calvario.

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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