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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Del índice a la marcha fúnebre

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 5 de marzo de 2008, 22:56 h (CET)
El dedo humano es un artilugio imprescindible para las personas. Sin dedos mal nos lo íbamos a arreglar para agarrar cosas, comer, lavarnos y demás actos cotidianos que nos vemos obligados a hacer los que, impropiamente, nos llamamos a nosotros mismos “animales racionales”. No voy a entrar en hacer una exégesis de este tema, porque me temo que el artículo se me iba a hacer largo y pesado; pero volviendo al tema del dedo, dígitus en latín, el término ha ampliado su significado meramente físico, como miembro articulado y prensil de la mano, para ampliar su alcance a otros aspectos que caen dentro de lo que pudiéramos considerar como ámbito de las relaciones entre personas; así, por ejemplo, nos encontramos con el término “dedocracia” definido como la “táctica de nombrar personas a dedo, abusando de autoridad”. Debo confesar que me gusta la expresión por lo ajustada y precisa. Todos los que ya peinamos canas (los que tenemos la suerte de poder hacerlo), o los que se pulen la calva con el cepillo, recordaremos al profesor de nuestra niñez cuando, con gesto adusto y autoritario, dedo en ristre, nos señalaba acusador para indicarnos el lugar en el que debíamos colocarnos de pie, de cara a la pared, para purgar alguna de nuestras diabluras.

Lo que ocurre es que, lo de la dedocracia, se ha convertido a través de los años en moneda de pago para compensar favores recibidos por los políticos en el poder. Hubo una época, en aquella España de finales del siglo XIX y principios del siglo XX en que, los empleados públicos, acostumbraban a tener una maleta al lado del escritorio donde dormían sus habituales siestas (recuerden aquel inefable latiguillo de “vuelva mañana” tan propio de aquellos omnipotentes y diligentes funcionarios públicos) para el caso de que tuvieran que desalojar el lugar rápidamente, porque sus empleos estaban siempre condicionados al gobierno de turno. Hoy en día, sin embargo, si bien la productividad de los funcionarios no está para tirar cohetes, los medios de la técnica han dado lugar a que, con el mismo esfuerzo, puedan rendir mucho más; lo que les ha permitido mejorar sus modales y alargar sus siestas, sin que apenas se les note nada.

Lo cierto es que en esta Andalucía, tradicional feudo del PSOE, bajo la égida del gran chamán señor Chávez (no confundirlo con el Chávez del ¿por qué no te callas); esta tierra, donde muchos han conseguido el sueño de todo gandul de no trabajar más de un tercio de días al año ¡naturalmente a expensas del erario público, que nutrimos con nuestros impuestos el resto de los españoles! y que forma parte del reino de Jauja porque, según se desprende de la magnificencia del señor Ali-Babá Chávez, les sobran los euros a espuertas, lo que permite que se construyan 700 mil viviendas para regalar; se den vacaciones a las amas de casa; se paguen viajes colectivos; se proporcionen ordenadores a todos los niños y, por si fuera poco, todavía tienen la Feria de Abril para poder divertirse y pillar las mayores “teas” de manzanilla imaginables, sin que nadie se moleste o extrañe. Pues, en esta tierra de María Santísima, parece ser que la dedocracia se ha convertido en un deporte nacional y que los del señor Chávez, sus compañeros de poltrona, socialistas, de tanto utilizar el dedo índice, index en latin, para colocar amigos, conocidos, socios, parientes, deudos y allegados, se les ha quedado más corto que el resto, con lo cual da la sensación de que tienen dos dedos pulgares, polex en latin, en lugar de uno, en cada mano.

No nos extrañemos pues si hoy nos hayamos enterado, por la prensa, de que el señor Arenas del PP, sacara a relucir el domingo pasado, que la cifra de colocados a dedo por el Gobierno andalusí supera la cifra de 4.000 personas (en lenguaje de la calle “enchufados”); aunque parece ser que, el propio señor Chávez, reconoció en un debate parlamentario que eran 5.000, lo que, para cualquier mal pensado como un servidor, quiere decir que la cifra real debe andar por los 15.000. Lo que de verdad espanta es que en una comunidad como la andaluza haya un total de 250.000 funcionarios, vaya, que además de todos los del plan PER, los del desempleo de la industria y de los funcionarios uno se podría preguntar si, ¿queda alguien que trabaje?¿Cómo podemos imaginar que, con semejante estado de cosas, pueda tener el PP la más mínima posibilidad de ganar en Andalucía?. Eso sí, lo que deberíamos poner en cuestión es cómo es posible que una nación pueda funcionar correctamente cuando existen determinadas regiones, autonomías o pequeñas naciones, se las llame como se las llame, que se llevan la parte del león de la recaudación del Estado y, por el contrario, otras, que contribuyen religiosamente ( perdón a los laicos por lo de “religiosamente”) con los impuestos de sus ciudadanos a nutrir el Erario Público, se hayan convertido en las Cenicientas y se deban contentar viendo como sus aportaciones se van a engrosar a otras comunidades donde parece que, el desempleo, se ha convertido en un modus vivendi o a aquellas que no paran de mendigar para chupar de las ubres del Estado mientras, por otro lado y, sin el menor recato, no paran de presumir de independentistas, de republicanos y del odio que sienten hacia sus suministradores, los del resto de España.

Pero que nadie se queje, que permanezcan con las bocas cosidas con las grapas de la vergüenza y que entonen el mea culpa, dándose fuertes golpes con el puño en el pecho; porque, señores, si después del tiempo que hemos tenido para averiguar como se las gastan ZP y los suyos todavía resulta, como se deduce de las encuestas recientes, que la población permanece ajena a esta situación y está dispuesta a votarle otra vez, entonces es que nos tenemos merecido todo lo que se nos pueda venir encima las próximos cuatro años. Mucho me temo que aquí, en España, podamos aplicarnos lo que los ciudadanos de Cuzco (Perú) dijeron cuando lograron su independencia, en 1820, “Último día del despotismo… y primer día de lo mismo”. ¡Vaya consuelo!

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