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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Castigar al culpable

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 5 de marzo de 2008, 22:56 h (CET)
La Audiencia de Barcelona mantiene la situación de libertad provisional sin fianza para el joven que agredió a una muchacha ecuatoriana que viajaba en un tren, el 7 de octubre de 2007, después de desestimar los recursos de apelación del ministerio fiscal y de la víctima.

Uno de los motivos por los que la Audiencia desestimase los recursos presentados es que “tampoco reconoce que exista una especial vulnerabilidad de la víctima, ya que la joven tiene unos 16 ó 17 años y el agresor tiene 21, de manera que no existe una verdadera desproporción entre agresor y víctima, en términos de razonabilidad jurídica”. Quienes somos profanos en terminología procesal no entendemos qué significa “términos de razonabilidad jurídica”. Lo que sí entendemos es que el vídeo que registra la agresión y que ha sido pasado por todas las televisiones, expone una brutal violencia gratuita que no tiene atenuantes. La víctima estaba sentada tranquilamente en su asiento cuando el agresor, sin mediar palabra, se lanzó contra ella con brutal contundencia.

El tribunal considera “suficientemente contundentes”las medidas que garantizan la protección de la víctima porque el autor de la salvaje agresión está en libertad provisional, localizable en su domicilio, limitados sus desplazamientos, prohibido viajar en los Ferrocarriles de la Generalitat de Catalunya, ni acercarse a la chica. Estas garantías no satisfacen a nadie porque más de una mujer ha sido asesinada mediando una orden de alejamiento del asesino con respecto a su víctima. La verdad es que somos muchos quienes consideramos que la justicia no es justa. Se dictan sentencias que no se explican.

El libro de Eclesiastés, que tiene poco de teológico y mucho de contenido práctico, dice: “Por cuanto no se ejecuta pronto sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hombres está dispuesto para hacer el mal” (8:11). Si no hay castigo el corazón del hombre no se cansa de hacer el mal. Sergi Xavier, el protagonista malo del video ampliamente difundido, no ha llegado al grado de violencia que registra, en un santiamén. Se alcanza a través de un proceso que va desde el nacimiento hasta los 21 años, que son los que tiene en el momento de cometer el delito que le ha convertido en un personaje bien conocido. Durante estos años es muy probable que le haya faltado la disciplina doméstica que serviría para enderezar el arbolito que se doblaba. A sus 21 años y dada su personalidad, dudo que sus padres puedan enderezar el torcimiento endurecido que se ha producido gracias a su desidia. El texto de Eclesiastés nos dice que las obras malas deben castigarse al instante porque si no se hace así el hombre está en disposición de continuar haciendo el mal. La falta de castigo explica porque se da tanta violencia inexplicable en edades cada vez más tiernas.

Si falla la disciplina paterna , sea por las razones que sean y, cuando esta carencia conduce a que la maldad se haga pública y que ponga en peligro a una joven sentada tranquilamente en un tren, entonces las autoridades deben tomar cartas en el asunto para frenar el mal que pone en peligro la vida de los ciudadanos. En caso de desentenderse de esta responsabilidad recibida de Dios, la vida social se convertirá en un caos por la multiplicación de la violencia sin freno. De su irresponsabilidad deberán rendir cuentas de cómo han ejercido el cargo que les ha concedido el día que se presentarán ante el Juez supremo.

Repito, soy un profano en derecho, pero si existe una legislación que impide castigar al instante una fechoría, es urgente revisar el código penal para impedir que la impunidad delictiva permita que la violencia haga estragos. Ni el legislador ni el juez que debe aplicar la ley ocupan su cargo por accidente. Lo detentan porque alguien se lo ha concedido. Por encima de este alguien existe Dios, el Legislador y Juez supremo que ha facultado a alguna personas para representarle en la administración de la justicia aquí en la Tierra. Su responsabilidad como autoridades puestas por Dios consiste en castigar al malhechor y proteger al inocente. Ante situaciones como las de los Ferrocarriles de la Generalitat se tiene la sensación que se protege al delincuente y se castiga al inocente.

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