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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Disensiones en el PSOE? ¿Demasiado dramatismo?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 5 de marzo de 2008, 05:42 h (CET)
Que zapatero tiene la mosca detrás de la oreja es más que evidente; que no las tiene todas consigo, no lo duden, pero de lo que podemos estar convencidos es de que está perdiendo los papeles. Se ve que se ha tomado en serio aquello de “tensar” y “dramatizar” y dejen ustedes solos a Enrique Guitart, Alejandro Ulloa, la Margarita Sirgu y toda aquella excelente pléyade de actores teatrales que, hace algún tiempo, se ganaron una bien merecida fama de excelentes intérpretes. Lo que le ocurre a nuestro ZP es que se está olvidando de que, una campaña electoral, no es un circo romano y de que él no es precisamente ningún Nerón, en todo caso sería un Calígula, con facultad para levantar el dedo o inclinarlo hacia abajo para dar la orden de eliminar a todos aquellos que le estorben; esta actitud parece que, en una democracia, no tiene mucha razón de ser.

Claro que, cuando las noticias que le llegan no son las que quisiera oír o cuando, como le ha ocurrido, un puñado de socialistas de rancia solera como son los señores Francisco José Alcaraz, Leonor Tamayo, Francisco Caja, Francisco González y el señor José Luis Balbás, en otros tiempos director de estrategia del presidente del Gobierno –a quién apoyó en el Congreso del PSOE en el que se le eligió candidato a optar a la presidencia del Ejecutivo –; se le han rebrincado y se han constituido en una plataforma, “Yo rompo”, en la que, en un acto multitudinario, han explicado a la audiencia las razones por las que “rompen” con Zapatero; no se puede esperar que se ponga a cantar y bailar como la señora de su ministro señor Fernández Bermejo. No deja de ser un mazazo que un grupo de personalidades, tan conocidas dentro de la organización del partido socialista, tengan que salir a la palestra para mostrar su disconformidad con la deriva totalitaria en la que está cayendo el señor Zapatero. Lo malo para nuestro Presidente es que esto, solamente, es la punta del iceberg y es sabido y notorio que hay muchos afiliados y simpatizantes del PSOE que no comulgan con los procedimientos dictatoriales y con los extremismos del actual jefe del Gobierno.

Es conocido el mal estar en muchos sectores del partido por el acercamiento del Gobierno a las tesis separatistas de algunas de nuestras autonomías. Hasta ahora las esporádicas voces que se han atrevido a poner en cuestión la política de favorecer a los partidos separatistas y de plegarse ante sus chantajes, no han sido más que oasis en el desierto y siempre se ha impuesto la disciplina de partido. Pero la forma despótica en la que se está llevando la campaña electoral; los insultos a destajo contra la oposición; las agresiones perpetradas contra los actos electorales de los adversarios políticos y los errores tácticos e intentos de colar informaciones falsificadas en los debates, puede que acaben de llenar la medida de la capacidad de aguante de aquellos socialistas que preferirían que su partido se centrase en sus propuestas, se dejara de satanizar al contrario que, no olvidemos, es un partido democrático legítimamente votado en las urnas por más de diez millones de españoles; y buscase el voto dando soluciones a los problemas que más acucian a la ciudadanía como pudieran ser el paro, la inmigración, la crisis económica, recobrase la idea de una España unida y solidaria, se pusiese fin a la lacra del terrorismo y se parase los pies, como ya debiera de haber sucedido hace tiempo, a los separatistas de Catalunya, País Vasco y Galicia.

Cuando España precisa más que nunca de una regeneración de la clase política; cuando, por mucho que se pretenda negarlo desde los que ostentan el poder, estamos abocados a un recesión cuyas consecuencia todavía están por ver y cuando vemos que, en cuestiones fundamentales como es la educación, la formación de nuestros universitarios, la ética y la productividad estamos a la cola de Europa o, nos damos cuenta de que no entra dinero del exterior y que nuestra deuda exterior ronda los doscientos mil millones; no hay duda de que se debe anteponer el bien de la Nación a intereses partidistas, a asegurarse las poltronas ministeriales o a pescar para casa, aunque ello suponga el llevar a los ciudadanos españoles a una situación irreversible. No se consigue mejorar la preparación de nuestros jóvenes cuando, llevados por demagógicos intereses, se pretenda que salgan más escolarizados de las escuelas públicas y, para ello, se permita que chicos con cuatro suspensos pasen de curso. O que se les fijen a los profesores universitarios cupos de aprobados y se dejen pasar de curso a jóvenes sin la debida formación. Puede que en España se pueda vivir con un título cualquiera, sin estar preparado para ejercer la carrera o la profesión, cosa que dudo, pero seguro que en Europa no lo van a consentir. Tampoco se favorece a nuestra juventud privándola del uso del castellano, un idioma hablado por 400 millones de personas en países que lo tienen como idioma oficial, más los 22’5 millones de los que lo hablan en EE.UU; sólo las posturas intransigentes y obtusas de aquellos que emplean la cuestión de la lengua como medio de apoyar sus intrigas separatistas puede poner en cuestión que, este idioma, se imparta en todas las partes de España, como lengua oficial que es.

Si hablamos de inmigración, resulta palmario que no se puede seguir consintiendo que nos invadan de fuera sin que se ponga coto y se reglamenten, debidamente, las condiciones para que un inmigrante pueda venir a establecerse en España. Es absurdo que, como pretende utilizar Zapatero para desacreditar la propuesta de Rajoy, se califique de xenofobia el hecho de establecer unas condiciones mínimas para que los extranjeros puedan venir a trabajar a nuestro país. La primera es que tengan un contrato (basta ya de bandas kosobares, de delincuentes o de gentes que mendigan por las calles), la segunda es que, si tienen los mismos derechos que el resto de ciudadanos, también deberán tener las mismas obligaciones; es preceptivo que se les exija a la vez que se integren y no formen guetos que, como todos sabemos, a la larga, no son más que focos de delincuencia y degradación social. En fin, que si yo fuera socialista, cosa que evidentemente no soy, quisiera que se me hablara de cuestiones que tuvieran relación con mi entorno, con mi trabajo y con mi bienestar. Creando odio, desautorizando al adversario político y resucitando los fantasmas de la Guerra Civil, no se hace patria, se va hacia la desintegración de la nación y al enfrentamiento entre los españoles. Experimentos con gaseosa, señor Zapatero. Si estuviera en su piel también estaría preocupado, créame.

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