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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

El principio del fin

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
martes, 4 de marzo de 2008, 07:10 h (CET)
Cuando hayan pasado unos años y los españoles volvamos la vista atrás para recordar los turbulentos años de gobierno de un tal Rodríguez Zapatero, cuyo recuerdo quedará ineludiblemente unido al de un psicópata apellidado De Juana Chaos dándose paseítos con su novia por las calles del País Vasco; cuando incluso nos vuelvan a la memoria la niña de Rajoy o el vago recuerdo de un alcalde de Madrid que quiso ser el candidato de la derecha… percibiremos con toda nitidez los cambios sociales que se han producido en España en estos últimos tiempos.

Cambios sociales que, a diferencia de lo que se pudiera pensar en un primer momento, no han venido de la mano de la izquierda y sus leyes de invasión del ámbito privado de las personas, ni de sus intentos de moldear la sociedad a su antojo y según sus no-valores. Recordaremos el periodo 2004-2008 como el periodo en que la gran mayoría de la base sociológica del centro-derecha perdió el miedo a defender aquello en lo que cree. Recordaremos que fue este tiempo el tiempo en que el centro-derecha, por primera vez desde la transición, no tuvo complejos frente a una izquierda que se había apropiado, lustros atrás, de la cultura y del asociacionismo. Nos vendrán a la memoria las decenas de asociaciones cívicas, numerosísimas, que o bien nacieron después del 13 de marzo –para mí el cambio comenzó aquel día; el día más antidemocrático y negro de nuestra historia reciente desde el 23-F- o bien resurgieron con más fuerza que nunca, cual ave fénix de las cenizas en que algunos las quisieron enterrar.

Y es que no todo lo hecho por Rodríguez Zapatero ha sido negativo. Al menos no para cientos de miles de españoles que, hartos de la imposición de la dictadura de lo políticamente correcto, del monopolio de la cultura por parte de una izquierda cada vez más radical, de la venta de la nación a trozos a los nacionalismos, del sectarismo feroz y cada vez más burdo que destilan los medios de comunicación, de la politización de la enseñanza; españoles que estaban ya hacía tiempo hasta el moño de tener que subvencionar con su dinero a multimillonarios como Almodovar-me-invento-golpes-de-estado, hartos de no poder ver la televisión porque hasta en las series de entretenimiento se entremezclaban mensajes políticos; cansados de no poder gritar “sí, yo no soy socialista. No, no soy de izquierdas. ¿Qué pasa? Y no, tú no eres moralmente superior a mí ni todas tus acciones quedan automáticamente legitimadas porque digas que eres de izquierdas” o bien “precisamente porque soy de izquierdas me doy cuenta que tú eres el que ha cambiado y has abandonado aquello por lo que antaño luchábamos”… decidieron que había que acabar con el régimen.

Y algo comenzó a resquebrajarse. Al principio tímidamente. Luego, empujado ante la visión de la felonía que el régimen en general y el PSOE en particular estaba cometiendo contra las víctimas del terrorismo, lo mejor del centro-derecha y centro-izquierda español se plantó –y arrastró consigo a partidos políticos como el PP, Ciudadanos o UPyD-. Y por eso, a lo largo de la legislatura, hemos visto en reiteradísimas ocasiones a más de un millón largo de personas en la calle clamando “libertad”.

El próximo 9 de marzo veremos si el cambio social ha sido tan profundo como algunos percibimos o si esto no es más que el ya imparable comienzo. Eso sí, la legislatura de ZP ha supuesto el principio del fin de un régimen.

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