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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos  

A ver si, los filibusteros, serán los de la SGAE

Miguel Msassanet
Miguel Massanet
lunes, 3 de marzo de 2008, 03:04 h (CET)
Lo malo de los que presumen de ser de izquierdas, los que hablan de libertades y del derecho de cada persona a actuar como le venga en gana y de expresarse sin cortapisas, es que suelen practicar aquella doctrina de “haz lo que te digo. pero no hagas lo que yo hago” o sea, predicar aquello en lo que no creen. Y digo esto, precisamente, por esta vena intervencionista, esta tendencia a no admitir el que otros discrepen de un ideario único y excluyente, esta mala costumbre de pretender silenciar al adversario para que no pueda argumentar o defenderse con el razonamiento y la lógica. En definitiva, lo de siempre, la dictadura totalitaria.

Vean ustedes que, antes de que se les otorgue una nueva posibilidad de gobernar el país, como quien ya empieza a curarse en salud y que se prepara para eliminar cualquier oposición organizada que les pudiera hacer sombra en el futuro; el gobierno socialista ya ha anunciado la creación de una nueva figura, un ente facultado “para velar por el cumplimiento de las buenas prácticas en Internet y la protección de los menores” y, a todo esto, ya le ha puesto un nombre, se tratará del “Defensor del Internauta”. Ante esta nueva muestra del intervencionismo estatal en los derechos de los ciudadanos, a mí se me ocurre preguntar ¿defender al internauta de qué? Que yo sepa nadie ha cometido un asesinato por medio de la Red y si alguien pretende cometer un delito para esto ya tenemos a la Guardia Civil o la Policía gubernativa. Porque a mi eso de Defensor del Internauta, vean por donde, me suena a rancio, a aquello que en la URRS se denominaban Comisarios políticos que tanto papel tuvieron en la Guerra Civil española, cuidándose de que los republicanos que huían del frente fueren debidamente ajusticiados, ¡un buen dato para estos historiadores que quieren revisar nuestra historia! Lo curioso es que, estos mismos que piden la intervención política en Internet, eran los que reprobaban el régimen autoritario del general Franco, porque censuraba las películas, los periódicos y las radios. ¡Lo que va de estar de ciudadano de a pie a estar subido en el machito!

Sin embargo, algo me ha llamado la atención cuando he leído esta noticia en un medio digital y es que, esta nueva ocurrencia del ejecutivo de Zapatero, parece que viene avalada por el sindicato de autores más influyente, la SGAE y por uno de los más acérrimos defensores de la concentración corporativa, el señor Juan Luis Cebrián, consejero delegado del Grupo PRISA (ya saben, el imperio del señor Polanco). No se olviden de que la SGAE ya pretendió hace tiempo establecer una policía extrajudicial de la Red mediante la reforma de la Ley de la Sociedad de la Información. Lo curioso es que yo ya estaba convencido de que teníamos unas leyes penales que se ocupaban de estas funciones de protección al ciudadano y a los menores. Precisamente esta Ley del Menor es la que don Mariano Rajoy quiere poner al día, modificando la edad en la que se les pueden aplicar condenas adecuadas a la gravedad de los delitos cometidos por ellos. No deja de ser chocante que, de pronto, les haya entrado esta necesidad de preocuparse por lo que ven u oyen los menores en Internet cuando, precisamente, han venido permitiendo que, tanto en la TV como en los cines y en las publicaciones se violen continuamente las salvaguardas que la moral y la ética debieran imponer para evitar que ciertos temas, ciertas imágenes y ciertos lenguajes quedaran al alcance de mentes inmaduras incapaces de discernir y comprender lo que de bueno o malo hay en ellos.

Esta “escrupulosidad” en la defensa de los usuarios de Internet; esta “diligencia” en velar por las “buenas prácticas” en Internet no la hemos visto, no obstante, en los demás medios de comunicación, sean escritos, orales o televisados. Existe un punto especialmente preocupante para cualquiera que tenga unos mínimos conocimientos legales y es: ¿en qué consiste este concepto de buenas prácticas?, ¿quién será el encargado de decidir cuáles son buenas o malas prácticas? y, ¿Qué efecto tendrán las decisiones que tome tal señor? Porque supongo que, a todo esto, la jurisdicción ordinaria va a tener que decir algo, si lo que se pretende es discutir los derechos de los usuarios a la libertad de expresión, por ejemplo. No es posible que no exista una estancia superior a la que recurrir y a la que reclamar los posibles perjuicios que una decisión del Defensor del Internauta pueda producir al expedientado. No olvidemos la indefensión a la que puede conducir un árbitro omnipotente.

Luego deberíamos preguntarnos: ¿hasta dónde llega la influencia de la SGAE y hasta que punto todo ello tiene que ver con el famoso Canon digital?, este impuesto añadido que, por cierto, ha sido recurrido por varias multinacionales perjudicadas por él Lo que parece es que sí es cierto que la indicada entidad está metida en un fregado relacionado con un fraude millonario. Se habla de una manipulación de peritajes, se comenta de un fraude contra las tiendas de informática en el que algo tiene que ver un señor llamado Tedy Batista, un buen amigo de Zapatero y uno de los que gustan de satanizar al PP. Se están ventilando un centenar de millones de perjuicios a pequeñas tiendas de informática a causa de unas sentencias basadas en documentos periciales en entredicho. ¡Fíjense, señores, si al final resultase que, en virtud de un sistema recaudatorio impuesto por el Estado, basado en el supuesto de que todos los españoles somos sospechosos del delito de piratería informática, los beneficiarios del discutido Canon digital se saltaran los procedimientos legales para recaudar más! Para evitar un hipotético delito se infringen las normas y se comete otro. El afán de Zapatero de meterse en el bolsillo a los de la farándula, de conseguir su cooperación para emponzoñar la campaña, parece que, finalmente, demostrará que los emponzoñados, los aprovechados y los inmorales van a ser los beneficiarios de una norma tan absurda.

Y es que, señores, al señor ZP, que se las da de tan listo, que miente sin el menor rebozo y que antepone el fin a los medios, se le podría aplicar la famosa frase de La Rochefoucauld: “Lo mejor para ser engañado es considerarse más listo que los demás”. No sabe el señor Presidente en funciones que no se deben hacer pactos con gentes en los que no se pueda confiar. Ya le ocurrió en su disparata negociación con ETA, de la que ha salido trompicado, y le volverá a ocurrir lo mismo al ponerse en manos de estos faranduleros progresistas que, de boquilla, son muy libertarios, muy solidarios y muy generosos pero que, en definitiva, lo único que les preocupa son ellos mismos. Es evidente que, en el fondo, ZP es un sujeto inestable al que lo domina el miedo a perder el poder y, uno que sufre de tal mal, es propenso a hacer concesiones para asegurarse su posición; recuerden, si no, la famosa cita: “las concesiones del débil son concesiones del miedo”. ¡Lo que nos espera si repiten esos de la Z!

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