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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

La leche, la niña y la abstención

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 3 de marzo de 2008, 03:04 h (CET)
Ya tan sólo nos falta una semana para cumplir con ese rito de la democracia consistente en acercarnos cada cuatro años a los colegios electorales y depositar en la transparente urna el sobre con nuestra selección para el cuatrienio venidero. Para las generaciones más jóvenes este simple hecho, el poder votar libremente, es una cosa normal e incluso anodina, desde que tienen uso de razón están viendo que es la manera en que los ciudadanos elegimos a aquellos que nos representarán, más bien o más mal, en los centros del poder democrático. Pero los que nunca ya cumpliremos los cincuenta recordamos todavía con ilusión aquel verano del 1977, aún no hacía dos años de la muerte del dictador, en que por primera vez en nuestra vida fuimos a votar libremente. Costó mucho, muerte y años de cárcel para algunos, el conseguir el derecho a votar para que ahora algunos intenten que nos alejemos de las urnas camino de la abstención. Y en esta campaña electoral hemos visto cómo la política hace extraños compañeros de cama al conocer que mientras ETA llama claramente a los vascos a la abstención la muchachada de la gaviota intenta, solapadamente, que los votantes de la socialdemocracia de la rosa marchita se queden en casa compuestos y sin ir a las urnas. En los encapuchados entiendo su llamamiento, las pistolas y los votos nunca hicieron buenas migas y en los otros, los “populares”, todo debe ser una cuestión puramente genética pues sus padres y abuelos, generalmente, nunca fueron partidarios de las urnas, el Partido Popular está trufado, comenzando por Fraga Iribarne, de apellidos habituales en las filas del franquismo.

En campaña electoral todo vale, lo vemos cada día en los mítines, en los debates televisivos y en las declaraciones de los contendientes a los medios de comunicación. Cualquier arma es buena para derribar al contrario, incluso la mentira, aunque algunas veces a algún político el subconsciente le traiciona y por su boca salen declaraciones de las que luego se ve obligado a arrepentirse. Esto le ha pasado en esta intensa campaña a Gabriel Elorriaga, secretario de comunicación del Partido Popular, quien en una entrevista publicada en el Financial Times ha dicho que su partido intenta por todos los medios que los electores socialistas se queden en casa y no voten. Elorriaga después de reconocer que “El Partido Popular tiene una imagen muy de derechas” y de que sus electores son más de centro que ellos ha destapado la estrategia de su partido con estas palabras: “Toda nuestra estrategia está centrada en los votantes socialistas indecisos. Sabemos que nunca nos votarán. Pero si podemos sembrar suficientes dudas sobre la economía, sobre la inmigración y sobre cuestiones nacionalistas, entonces quizás se quedarán en casa”. Como hacen siempre después de tirar la piedra intentaron esconder la mano desmintiendo estas declaraciones, pero la redactora del Financial Times que las había recogido, Leslie Crawford, se ha ratificado en las mismas indicando que están transcritas tal y como el secretario de comunicación del PP las dijo.

Ni una sola propuesta en positivo hizo Mariano Rajoy durante el debate con Zapatero y ahora lo entiendo, lo suyo es, simplemente, sembrar dudas, con eso creen tener bastante. El aspirante basó toda su intervención en el precio de la leche, los peligros de la inmigración o la hipotética ruptura de España para sacar de la chistera, no una gaviota sino una niña, una niña que crecería feliz en una familia como Dios manda, con un papá y una mamá y unos abuelitos modélicos, que estudiaría en un colegio elitista donde todos los niños serían como ella y en una Universidad, supongo que también privada, para casarse al terminar la carrera con un notario, un registrador de la propiedad, un constructor o un tiburón de las finanzas y fundar así otra familia para toda la vida, sin divorcios como con los socialistas, para seguir criando hijos, todos los que mande Dios, que hablarán en español e inglés sin mezcla alguna de todos esos idiomas que los nacionalistas quieren imponer a los demás. Mariano Rajoy y sus conmilitones estos días de campaña están llenando las calles y plazas de España de un discurso rancio y apolillado, tan rancio y apolillado como ese modelo familiar que quieren imponernos, sin mezclar peras con manzanas, como dice Ana Botella, otra que tampoco llega a final de mes con un millón de euros cada treinta días en su cuenta corriente.

Ya lo saben, los extremos se tocan y si ETA propone la abstención abiertamente en defensa de un País Vasco sin España los populares, según Gabriel Elorriaga, quieren la abstención entre los votantes socialistas para imponer su modelo, más que de España de “Patria”, que me suena mucho a aquella de “Una, grande y libre” que Franco citaba después de entonar el “Cara al Sol”. Todavía son muchos los ciudadanos del mundo que no pueden ejercer el derecho al voto, así que nosotros privilegiados que lo podemos utilizar votemos, a quien queramos o en blanco, pero votemos para no seguir las directrices etarras ni las que de manera solapada intentan conseguir los dirigentes del Partido Popular. Así la niña que crecerá será una niña fuerte, con el amor de una familia que la educará en el civismo, acudirá a un colegio igual para todos y a una Universidad a la que acceder por méritos y no por el dinero paterno, se irá a vivir con su pareja, sea un chico o una chica, con todos los derechos y hablará español e inglés pero también la lengua del país que la ha visto crecer. Será una niña educada en la libertad, el respeto y el pluralismo.

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