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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Epístola a Florentina Baldamero, mi amada dama uruguaya

Ángel Sáez
Ángel Sáez
lunes, 3 de marzo de 2008, 03:04 h (CET)
(TODO DEPENDE DE CON QUIÉN/ES DEMOS)

Mi vida:

Entiéndeme. Cuando te urdo que no me importa la edad que tienes, y que únicamente me interesa que me quieras, aunque te cueste creerlo, es así, tal cual acabo de hilarlo. Convendría que convencieras a esa parte de ti que sólo me cree en parte, parece ponerle objeciones a esto, a eso y a aquello, o sea, a todo lo que hilvano (¿en vano?), o no tomarse cuanto trenzo en serio, Tina. Si sólo con escucharte lanzarme besos por teléfono me excito, teniéndote al lado me tengo que poner como un sátiro (en su acepción de “hombre lascivo”). A lo largo de mi vida necesitaré a otras muchas personas, otros variopintos útiles, sin ninguna hesitación, pero noto que ahora lo que preciso antes que a otro ser humano u otra cosa, sin falta, de veras, es tenerte a ti a mi vera y que mi epidermis desnuda acaricie tu piel, del color de la miel, de la canela en rama o del azúcar moreno, quiero decir, sentirme un hombre ante ti, una mujer hecha y derecha, de las sienes hasta los tobillos, inteligente, que da unos consejos estupendos y pone unos insuperables ejemplos didácticos, como considero y estimo que eres tú, Tina, que sabes o deberías saber que mis intenciones son honestas y que haré todo lo que esté en mi mente, manos y sea posible para que vivamos el resto de nuestros días juntos.

He quedado con quien sabes, mi amigo el polierudito, en que me llamará el día anterior al que decida desplazarse a la capital de la ribera ibera de Navarra, para comer y charlar. Has hecho bien, pero no necesitabas recordármelo, porque, desde que ingresaste, para bien, para más que bien, para complementarme (lo que no es moco de pavo –ya me perdonarás este ramalazo de jactancia o presunción-), en mi vida, desde entonces, siempre vas conmigo; eres mi ángel custodio, mi hada guardiana y madrina, mi sombra.

En todas las partes podemos hallar gente buena y gente mala. Todo depende de con quién/es demos. Ya sabes que cada uno cuenta la feria según le fue en ella. Así, verbigracia, te puedo y debo confesar que la última vez que estuve en Barcelona viví uno de los días más infaustos de mi peregrinaje por este valle de lágrimas. Esperar a Carlota, la “masqueperra” escarlata, con quien había quedado a la una del mediodía (a primera hora de la mañana había comprado en un supermercado cercano jamón ibérico, queso manchego, un botella de rioja, tarta de arándanos, helado de pasas al ron y dos velas rojas, que fueron a parar a la basura) en la habitación 504 de un hotel de tres estrellas, fue una de las diez experiencias más pésimas de mi existencia, que no podré olvidar jamás; tampoco podré perdonar tamaña indecencia (pues trastada o travesura son vocablos menores, que no están a su altura) mientras viva. Hoy la carota ha vuelto a mandarme otro SMS (un día se cansará, porque no pienso contestar a ninguno), que comienza así: “¿Alguna vez me explicarás por qué me traicionaste?”. ¿Tendrá cara y cuajo de hacerme semejante pregunta quien me traicionó de la guisa que acabo de narrarte por encima? Lo urdido. Todo depende de con quién/es demos.

A mí también me suena lo diseñado, pergeñado o pintado a música celestial, Tina, pero ya va siendo hora de que nos toque vivir algo bueno. ¿No crees?

Yo te voy a ver tal y como eres, mi vida, pero advertir que me quieres será lo fundamental, la repanocha. Que te pida hacer el Amor y no me pongas excusas será razón suficiente para que siga, erre que erre, con mi idea. Seguramente, será el argumento que usaré para pedirte la mano, quiero decir, proponerte nuevas (nuestras) nupcias. Pues, con buena voluntad y sentido común, estoy completamente convencido de que existe la manera de conciliar el Amor que sientes y tienes a tus hijos y nietos con el que anhelo que sientas y me tengas a mí.

Espero y deseo que las noticias que procedan del laboratorio sean buenas (las mejores, teniendo en cuenta las circunstancias).

Te ama y manda un vagón repleto de abrazos, besos y caricias benéficas quien te adora y venera, tu rendido

Félix Unamuno.

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