Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Orillados

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 3 de marzo de 2008, 03:04 h (CET)
Quizá suframos una incesante obsesión por el transcurso del tiempo; por ese río de la vida que no detiene su desplazamiento, días, meses, años. Tendemos a las actitudes drásticas, nos atraen los finales y los principios. ¿A dónde nos lleva ese río? ¿Cuál es la meta? Eso nos remite a una desconsideración no justificada; olvidamos el presente cotidiano y moliente, el que nos muele todos los días. Si nos quedamos mirando los horizontes, correremos un riesgo, la minusvaloración de lo inmediato. Puestos en esas andanzas, la vida transcurre, pasan los años y nos deposita, sin otros aditamentos, en la orilla; quedamos ORILLADOS, aparcados con equipaje escaso, si no en auténtico desguace. El simple curso de la vida no llena las oquedades percibidas por los sentimientos de cada uno. Sin embargo, hay mucho trabajo pendiente por las orillas, importantes labores en ese presente de cada hora. Las cualidades se ejercen en esas orillas, en los entornos del momento, o no se ejercen. En uno de sus geniales artículos, Andrés Ibáñez lo expresa así: “…hay una forma más profunda y verdadera de vivir que se nos escapa”, “…esa plenitud de la vida que es posible y cierta y que siempre podemos alcanzar por que no está en el tiempo”. Son unas dimensiones diferentes, cualidades y sentires cuya medición va por otros derroteros; derivan del río, pero trascienden el caudal en movimiento. No todo se mide por el tiempo, hay otras profundidades al alcance de las personas.

En esta disyuntiva de hoy, unos se dejan arrastrar por la corriente sin otras expectativas; quedando la otra opción posible, la que encamina y dedica sus cuidados hacia una mayor plenitud. ¿Esto es simple teoría? ¿Pura anécdota? Al contrario, nada más práctico y ligado a los comportamientos y la felicidad de las personas. Implica a padres, hijos, disminuídos psíquicos o físicos; repercute en el manejo de los instintos y en las relaciones sociales. Como guía, sirvan unos ejemplos, me acerco hoy a los personajes de una novela, “Kafka en la orilla”. Su autor, Haruki Murakami, es uno de los atrevidos, para una indagación sobre las profundidades y plenitudes, de jóvenes y viejos, chicas o chicos. En vez de una solución concreta, no plantea esa solución de una manera establecida de antemano; indaga, provoca, una inquietud. Ya será tarea personal la respuesta concreta en cada caso.

La figura del PADRE, en la novela es un escultor valioso, por mucho nivel profesional o artista; manifiesta esa adsorbente dedicación a sus ocupaciones, avasalladora, desdeñando otros aspectos familiares. ¿Esa profesión se podrá considerar humana, cuando su protagonista prescinde de lo más humano, hijos y otras personas próximas? Aunque le incluyamos en la locura venial que todos llevamos dentro en determinadas ocasiones; en este caso degenera en la colección de cabezas de gato, con un frenesí exterminador propio de un lunático. Los grados de locura, iluminaciones de diverso pelaje o fanatismos de otras exageraciones imbéciles; contribuyen al despropósito final. Entre los extremos, atisbamos la gigantesca labor de la auténtica figura paterna. No se trata de juzgar, sí, del trabajo que desarrollaremos en la orilla. No es suficiente asistir al decurso del río.

A la MADRE se le acumulan también los sucesos, con una gran carga de sentimientos encontrados. Con sus amores y tragedias iniciales, se refugia en sus ocupaciones artísticas, en unas condiciones melancólicas, de labilidad emocional, por la frustración o la desesperación. La relación con el escultor lunático se presupone como muy tenebrosa; eso no es óbice para el nacimiento del protagonista, el hijo de ambos. La distorsión era un resultado obvio en aquellas condiciones. ¿No tuvo más remedio que abandonar al hijo y desaparecer de la escena? ¿Qué consecuencias para el muchacho? ¿Hubieran sido peores con otra decisión? Quedan patentes las repercusiones que surgen en múltiples direcciones; a nadie se nos escapan otras posibles circunstancias de un cariz similar. Que proyectemos e intentemos una plenitud o una medianía será un asunto de enjundia mayor.

El HIJO se ve sometido a unas experiencias insólitas, con ánimo de indagación, de búsqueda sincera; con anhelos naturales, aislado de contactos familiares e íntimos, al albur de encuentros fortuitos y esporádicos. La bondad contrastada de sus contactos, el bibliotecario, la amiga, los soldados; no suple la consistencia del ámbito familiar o escolar. Podemos argüir también, que si iba a ser una escuela de talante impositivo, memoriona, o unos entornos aplastantes por demasiado estructurados, no queda tan mal parado el entorno creado en el argumento. La ficción dibuja un esquema de inquietudes y problemas. La respuesta no podrá ser dictada por entes, ideologías o agrupaciones culturales. El agua del río, sólo dispone de un administrador válido, cada uno, en particular. Otra idea girará en torno a su relación con los demás, un paso más en estos razonamientos.

La orilla representa ese lugar adecuado para la aplicación de las cualidades humanas, tan comentadas, como poco utilizadas en no pocas ocasiones. Para esa labor se requieren 4 PUNTALES recios, para no hundirnos en los momentos delicados; la libertad, el compromiso, la diversión y la proyección, son convenientes. Resulta crucial una “efectiva libertad” que confiera sentido a las acciones posteriores. Sin ella, ¿Cómo podremos exigir a continuación unas responsabilidades? La buena enseñanza, la moral o las ilusiones, dependen directamente de una actuación libre. El citado “compromiso”, supone esa trabazón necesaria para no hundirnos en un aislamiento destructor. Desde los comportamientos solidarios, los más simples actos biológicos u otros aspectos de la vida social, todos huyen de las actitudes solipsistas o histeriformes; el olvido de los otros, sólo forma parte del aparcamiento sin sentido en las ubicaciones orilladas.

Quedan otros dos puntales de fuerte significancia. Mencionemos la “diversión” en sus variadas aplicaciones. Desde la liberación de tensiones interiores, con actitudes lúdicas sugerentes, necesarias para el equilibrio de la balanza; hay que dar salida a tantos agobios o penalidades, al menos alguna compensación. Sin estas alegrías, se impondrían unos matices sombríos nada reconfortantes. Convendrá recordar aquí, aquel sentido deportivo orteguiano, estableciendo los quehaceres de esas vidas personales como un reto, un juego, a la vez estimulante y gratificador. La trascendencia de “un proyecto” cierra el círculo de las colaboraciones, es necesaria para una progresión vital de carácter propiamente humano.

En la novela y en la vida, proliferan ejemplos de distorsiones, los padecemos de cerca. A menudo, con el agravante de nuestra actitud pasiva. ¿Cómo debemos interpretar esto? Habrá que confiar en algún tipo de ESPERANZA REACTIVA. Es decir, humildes laborantes en la orilla, participativos con las cualidades personales; frente a ese orillamiento propugnado por demasiados mequetrefes en campaña. De nosotros dependerá, quedaremos reactivos, ofendidos o simplemente orillados.

Noticias relacionadas

Ausencia de valores

“Integridad es decirse la verdad a uno mismo, honestidad es decir la verdad a los demás” Anónimo

Un planeta de Plástico

Las cifras no invitan a la tranquilidad para quienes vemos como el mundo se degrada a un ritmo acelerado

Resumen Semana 20

Resumen de actualidad política de esta semana que recién ha acabado.

El chalet de Pablo Iglesias

No es algo bien visto por los militantes de Podemos

Todo se hace y se transmite en familia

El querer lo es todo en el camino
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris