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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Luxemburgo legaliza la eutanasia

Lucía Rivera (Barcelona)
Redacción
lunes, 3 de marzo de 2008, 03:18 h (CET)
Luxemburgo ha decidido despenalizar la eutanasia por un margen de 4 votos favorables.

Cuando en 2002 fue legalizada en Bélgica suscitó protestas airadas, temiendo la presión sobre los más débiles que pedirían la eutanasia al sentirse no deseados y como una carga para las familias y la sociedad. Si los políticos fueran sinceros reconocerían que esta práctica es inhumana: privar a alguien de vivir sufriendo, para acabar con el sufrimiento matando. El dolor no es una desgracia si se sabe mirar con ojos espirituales. Nada hay como el sufrimiento para elevarse hasta Dios y acoger la ayuda que él le brinda para purificarse. Sólo las almas expertas en el sufrir son realmente agradables a Dios y útiles a al salvación. El dolor no es un mal absoluto, sino sólo lo es el suicidio acompañado que lleva, sin arrepentimiento, a la condenación eterna.

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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