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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Rajoy y la inmigración: una propuesta acertada

Manuel Benítez (Algeciras)
Redacción
lunes, 3 de marzo de 2008, 03:18 h (CET)
¿Por qué España tiene necesariamente que abordar con rigor el hecho de la inmigración?

Son muchas las razones que aconsejan no esconder la cabeza bajo las alas, y es hora, de dejar de hacer demagogia vacía por personas y medios de comunicación que ni remotamente conocen la realidad callejera-socio-laboral y económica- de los extranjeros que arriban a nuestro país.

El periódico, EL PAÍS, por ejemplo, en los titulares de su portada del jueves 28-02-08, sentencia: “Rajoy endurece su postura sobre la inmigración y exige más controles”. Quien escribe esto es Carlos E. Cué, que hace una crónica del mitin de Rajoy en Canarias a propósito de la cuestión de la inmigración. El periodista mencionado, se queda, fatua e interesadamente, con la frase que más puede servir al diario para el que escribe, sin resaltar lo que verdaderamente dice el líder popular sobre la inmigración.

Señor Cué, Rajoy no endurece postura alguna ni exige más control que aquel que imperiosamente reclama la ciudadanía española. Rajoy, incluso, se ha quedado corto al manifestar que el fenómeno se puede convertir “en una pesadilla”. Existe ya la pesadilla como hecho consumado. Está aquí y ahora, en las calles, en los transportes públicos, en los centros sanitarios, en los bares y restaurantes, en el mercado de trabajo, en las cárceles y en la inseguridad ciudadana que los españoles están pidiendo a gritos que, al menos, se controle y que no vaya a más.

¿Por qué, gratuitamente, se llama xenofobia a lo que no es más que una saturación de inseguridad laboral y ciudadana al sentirnos casi “como extranjeros” en nuestro propio país? Por favor, dejemos las tachaduras del racismo, la xenofobia y el machismo a esos políticos, periodistas y artistas de una falsa intelectualidad de izquierdas que sólo hablan y escriben de cara a una galería estética de imágenes sin valor. Y decimos esto, los que no militamos en partido alguno, sino que reflejamos lo que desvirtúan los demagogos y lo que pide la gente que no se puede manifestar.

O se controla la inmigración o la xenofobia será una bomba que explotará de la forma más cruel. Esto es un aviso a navegantes. Es lo que hay, no existen más opciones. No hay más cera que la que arde.

Finalmente a modo de conclusión, razonamos nuestros anteriores comentarios y nos adherimos a la propuesta del PP:

- Mercado laboral. Se está prostituyendo. El inmigrante, necesitado y sin cualificación profesional alguna, accede a puestos de trabajo con condiciones y salarios mínimos, en detrimento del español cualificado. Un tipo de empresarios, lamentablemente sin control, se aprovechan de una mano de obra barata sin importarles los estándares de unas condiciones de trabajo dignas para el inmigrante y de la calidad de los servicios.

- Vivienda. Los inmigrantes se instalan en barrios de familias españolas y, poco a poco, van degradando su nivel de vida, formando guetos que, en muchos casos recuerdan aquellos de la Alemania nazi. Obviamente existen excepciones, pero son una minoría.

- Seguridad ciudadana. Según su procedencia, los delitos se disparan en su variedad: sustracciones al descuido (hurto), narcóticos, robos con intimidación (pistola en mano), asesinatos y violencia de género insostenible, consolidación de las grandes mafias y redes, etc. Se afecta directamente al turismo -fuente importantísima de dinero para nuestro país- . Las nacionalidades son casi las mismas (rumanos, países del Este, argelinos, colombianos, peruanos, etc.).

- Gasto público. Las cárceles se atiborran de la incesante inmigración delincuente, correspondiendo al Estado -a todos- contribuir al mantenimiento material de una población criminal a la que nadie ha dado vela en éste entierro. Ellos saben, mejor que nadie, que mientras tengan una causa pendiente y no sean juzgados no les expulsarán. Imaginamos, que los gobernantes de los países de origen, sonreirán taimadamente, frotándose las manos, al despojarse de una buena escoria de ciudadanos que ya no les molestarán.

- Prostitución y trata de blanca. No comentarios. Están en todos los sitios. Rumanas, rusas y sudamericanas han copado el mercado.

- Abuso de la prestación por desempleo. Trabajar lo imprescindible y de ahí, al paro y a percibir las prestaciones.

- Entrada sin control. Barajas y otros puntos, incomprensiblemente, son centros de entrada de “supuestos turistas” y otros, que se cuelan materialmente sin control. Es esencial potenciar la vigilancia estricta de accesos, poniendo todos los medios humanos y técnicos al alcance.

Habría muchas y otras razones. Los ciudadanos exigimos contundencia a nuestros gobernantes. Contención de la inmigración y expulsión express. Tratados urgentes de repatriación con los países de origen, exigiendo a sus Gobiernos su aceptación y el control de salida de sus ciudadanos. No sirve, escurrir el bulto y lanzar a España la inmigración para quitarse problemas de encima. Aviso especial para: Rumania, Ecuador, Colombia, Perú, Bolivia, Rusia, Argelia, Maruecos, Brasil, Pakistán, China, con especial atención a los de la antigua Yugoslavia. No hay que olvidar, que el superávit del que presume el Gobierno de ZP, es puramente ficticio. Se consume más de lo que se ingresa. De poco sirve llenar las arcas, si luego hay que darles más de lo que aportan. Un buen ejemplo es el sector de la construcción: ¿qué hacemos ahora con los miles y miles de inmigrantes en paro? Seguramente, se incrementará más la delincuencia. No olvidemos que el inmigrante viene a nuestro país a quedarse definitivamente.

Si no resolvemos el problema, que no haya duda que surgirá, si no ha surgido ya, la xenofobia entre nuestros ciudadanos.

Rodríguez Zapatero no tiene valor ni capacidad para coger al toro por los cuernos. No se trata, con la inmigración, de sacar el voto del miedo sino de regular y favorecer al inmigrante honesto y no tumbar al español decente. La bomba, a ZP, le explotará, de continuar en el Gobierno.

Mariano Rajoy, ha asumido con realidad la situación: “No cabemos”. Le daré mi voto.

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