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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El que más gritaba General

Marino Iglesias
Redacción
lunes, 3 de marzo de 2008, 03:18 h (CET)
Me la paso diciéndome que no vuelvo a escribir y siempre hay algo que me hace abortar mientras bufo sobre las teclas del PC.

Esta vez ha sido el descompuesto, ya para mí “Felipito” tildando de imbécil a Rajoy porque ha tenido la, por lo visto - ¡qué bolas tiene bolaño! – execrable, e intolerable, evidentemente, según, desmesura de considerarse más moderado que Zapatero.

Lo que es la mente asociando. El “despotricador” me devolvió al instante en que, a mis dieciséis… diecisiete años, le preguntaba curioso a un compañero de trabajo, que triplicaba mi edad, qué le había llevado a esconderse y no salir de su casa durante todo el tiempo que duró la guerra. No se trataba de una cuestión de ideas, pues no había duda del color de las suyas, así como del de las de su familia, de la mía y de las de todas aquellas cuyos miembros hubieron de trabajar no menos de doce o catorce horas al día ¡simplemente para subsistir! Pero, según él, “los rojos” iban reclutando a todo aquel que pudiera sujetar un arma y, sobre la marcha, formaban una tropa cuyos oficiales eran elegidos a tenor de los gritos y cagamentos que proferían -¡¿Meterme yo en una guerra a las órdenes de aquellos locos?! ¡Ni hablar!

No sé si el escribir esto significa “meterse” en política. Lo cierto es que aborrezco la política. Nunca me he metido ni he querido ni quiero meterme en política, pero, ¿es que, por ejemplo, alguien quiere que lo atraquen? Pues la política, hoy en día, es un atraco ¡del que no se libra ni dios! Y ya que ¡por memoles! tengo que sufrir el atraco, si puedo elegir, me resulta menos insoportable un atracador “imbécil” moderado cuya cara – para mí - da el pego, que no la gente cuyos caretos – para mí - dicen, tan a gritos como sus palabras, lo que son y no son nada que me guste.

Que voy a hacer, no podría quedarme callado si el dragón de Komodo recriminara a la lagartija común su lengua bífida. Porque la bajeza se identifica por los golpes bajos, y que los campeones del desafuero e incontinencia verbal venenosa tengan la desfachatez de adjudicarles el título a quienes, comparativamente, estarían muy por debajo en el ranking, me lleva a la “trillada” – no de trilla sino de Trillo -: ¡Manda huevos!

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