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El vice protector del Paraguay y el libreto incoherente del Obispo

Luis Agüero Wagner
Redacción
lunes, 3 de marzo de 2008, 03:08 h (CET)
El Gobernador brasileño del Estado de Paraná Roberto Requiao se unió en estos días al embajador norteamericano James Cason, haciendo campaña proselitista a favor del obispo Fernando Lugo, candidato presidencial de la Alianza Patriótica para el Cambio. El hecho fue calificado por el gobierno como una abierta injerencia –una más de las tantas- en los asuntos internos de la República del Paraguay, algo que ya es costumbre en un país donde las embajadas inspiran mayor lealtad que el gobierno a grandes sectores de la ciudadanía, que si no reciben órdenes y dinero, se dejan sugestionar con facilidad por este tipo de presiones psico-sociales. También confirma lo lejos que el Paraguay se encuentra de ejercer soberanía sobre sus asuntos, y que en forma insolente le dictan normas embajadores de Estados Unidos, Brasil, Taiwán y también lo haría el embajador de Etiopía o Birmania si estuvieran acreditados en el cuerpo diplomático de Asunción.

Con una agresividad desproporcionada, Requiao atacó con virulencia al gobierno del presidente paraguayo Nicanor Duarte Frutos y le recomendó en tono de velada amenaza “estarse quieto” y entregar el poder a su amigo el obispo Fernando Lugo, quien lo visitaba con frecuencia en misteriosos viajes al Brasil. Con su abierta participación en la campaña electoral del Obispo, el gobernador brasileño ha violado cuando menos tres artículos de la Carta Magna paraguaya y el artículo 14 del código electoral, que impide a movimientos y partidos paraguayos subordinarse a gobiernos o agentes extranjeros.

Requiâo (nacido en Curitiba el 5 de marzo de 1941) es un político oriundo de una familia acaudalada y con fama de bon vivant que inició su carrera como diputado del derechista PMDB, habiendo sido elegido anteriormente diputado estatal de Paraná, alcalde de Curitiba y senador en 1994. Desde el año 2006 es gobernador del estado brasileño de Paraná, luego de haber derrotado a Osmar Díaz por el escaso margen de diez mil votos. Versiones difundidas en Paraguay también lo señalan como colaborador de la inteligencia del dictador Stroessner y socio comercial del ex presidente Juan Carlos Wasmosy, quien accedió a la primera magistratura en Paraguay por la vía del más escandaloso fraude de su historia.

Roberto Requiao fue mucho más lejos de una simple opinión, ya que puso en evidencia el incoherente discurso del Obispo con respecto al Brasil, al que declara en la prensa que “confrontará” por el tema de la administración de la represa hidroeléctrica de Itaipú, un recurrente argumento utilizado desde hace cuarenta años por la oposición paraguaya para intentar ganar votos, hoy instrumentado para restar popularidad al MERCOSUR entre la opinión pública. Difícilmente nuestro voluble obispo podría confrontar con un país desde el cual está siendo financiada su campaña.

El Obispo y sus principales colaboradores del Movimiento Popular Tekojoja, un grupo que recibe financiación de la embajada norteamericana a través de donaciones de fuertes sumas de USAID a una ONG denominada “Gestión Local”, participan en estos días de un seminario en Asunción donde supuestamente debaten temas como la soberanía y la integración. Mientras ellos fingen enfocar con seriedad esos asuntos, se ha desatado un gran escándalo que ha desnudado el doble discurso luguista al hacerse públicas sus vinculaciones con Requiao y James Cason, las cuales demuestran en forma categórica la falsedad del tinte nacionalista con el que aparecen en la prensa subsidiada por una institución que nació para suplantar a las sangrientas intervenciones de la CIA en el extranjero: la National Endowment for Democracy.

La complicidad del Brasil con el imperio norteamericano para sentar sus reales en Paraguay tiene una vieja data, desde que en la década de 1930 su influencia desplazó a los intereses anglo-argentinos dominantes en Paraguay desde la devastación genocida que en el siglo XIX inspiró y sufragó contra este país el imperialismo británico.

En el año 1965, cuando el presidente norteamericano Lyndon Jonson decidió invadir República Dominicana en defensa de intereses de su propia industria azucarera, el dictador Stroessner envió a soldados paraguayos a participar de la matanza junto a una fuerza multinacional que actuó en nombre de la “comunidad internacional”, apodo bajo el cual disfraza ocasionalmente Washington sus intervenciones. Los soldados paraguayos actuaron bajo las órdenes de un general brasileño, Panasco Alwyn, en defensa de los intereses norteamericanos, a pesar de que algunos de ellos acababan de enfrentarse a tiros con tropas brasileñas por la posesión de los Saltos del Guairá.

Las carnales relaciones que ahora se revelan entre el Obispo Fernando Lugo con un gobernador brasileño de tendencia derechista y la oscura financiación que se ha evidenciado con estas revelaciones sobre su campaña, se suman a la incoherencia de haberse presentado como un izquierdista teólogo de la liberación tercermundista para terminar aliado a los propagandistas del neoliberalismo en Paraguay, apoyado por grupos financiados por el embajador norteamericano, y como candidato de un partido conservador apoyado por los medios vinculados a la ultraderecha y el Plan Cóndor.

Lo único claro en todo esto es que el escenario político paraguayo, desde siempre imprevisible en su calidad reconocida de cementerio de teorías, hoy acabó por convertirse en una verdadera torre de Babel.

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