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Etiquetas:   Mujeres del Siglo XXI   -   Sección:   Opinión

Violencia doméstica: Y van 16

Remedios Falaguera
Remedios Falaguera
domingo, 2 de marzo de 2008, 08:59 h (CET)
No tengo palabras para mostrarles la indignación que siento - como mujer y como española- al comprobar que nuestros líderes políticos -de un bando y de otro- el pasado lunes se enorgullecían de la eficacia de la ley integral contra la violencia doméstica y, dos días más tarde, no se ruborizan al utilizar las muertes de cuatro mujeres con fines electoralistas. ¡Qué bajeza! ¡Qué hipocresía!

¿Es que para nuestros políticos es una novedad que la susodicha ley no funciona y que ya son 272 víctimas en manos de sus parejas, exparejas, novios, etc. desde que entró en vigor? ¿No será que el lunes pasado durante el debate, no consideraban importante este tema, puesto que, según el barómetro del CIS de noviembre de 2007, solo un 3% de los españoles consideramos grave la lacra de la violencia doméstica? ¿Cuántas muertes necesitan para darse cuenta de la importancia que tiene la violencia en nuestra sociedad? ¿No les basta con saber que 85.000 mujeres están actualmente protegidas tras realizar la pertinente denuncia por malos tratos?

Señor Zapatero, señor Rajoy, algo está fallando. En nuestro país, en el año 2005 fueron asesinadas 62 mujeres, 68 en el 2006, en el 2007 aumentó a 70 las victimas por maltrato y, solo en lo que llevamos de año, un total de 16 mujeres han perdido la vida a manos de sus parejas o ex parejas.

Desgraciadamente, estos datos aumentan día a día, de una manera escalofriante. Del mismo modo que aumentan las denuncias por agresión física y psíquica, por parte de compañeros, jefes o familiares. Según el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales se tiene constancia de que entre el 20% y el 50% de las mujeres han sufrido abusos, a pesar de que la mayoría de estos no llegan a convertirse en denuncias, por miedo a las represalias.

¿Qué está pasando? ¿Cuál es el origen de esta lacra que no respeta a mujeres, niños, ni ancianos? ¿Qué factores influyen en el aumento de casos de violencia doméstica? ¿Realmente, sirven las soluciones planteadas en la Ley Integral Contra la violencia “de género”, como se empeñan en llamarla, para erradicar, de una vez por todas, este problema?

Algo está fallando. Y mucho me temo que, los casos de violencia no tengan únicamente su origen en las costumbres machistas y la concepción tradicional de superioridad, que durante años ha tenido el hombre hacia la mujer, como nos quieren vender desde la administración y las asociaciones feministas. No. El origen del problema es mucho más hondo. Vivimos en una jungla en la que la crisis de valores morales y sociales, las consecuencias que provocan las familias desestructuradas, la nueva moda de degradar el matrimonio y la convivencia marital, la indiferencia ante madres que asesinan a sus hijos no nacidos, nos hace difícil una sensata convivencia.

Si a esto añadimos la promiscuidad que vendemos frívolamente a nuestros jóvenes, la pornografía y la imagen degradante y discriminatoria de la mujer, como un trozo de carne que tiene que satisfacer al hombre, una mujer-florero de usar y tirar, que aparece en los medios de comunicación, nos lleva irremediablemente a una falta de aprecio y respeto por la dignidad que merece la mujer por el simple hecho de ser mujer.

Algo está fallando. Y la solución no viene elaborando otro plan específico, ni un registro de maltratadotes, ni mucho menos aumentando el número de policías y juzgados para aplicar la ley. Hay que educar. Educar en el respeto, en el amor, en la igualdad, en los verdaderos valores, es decir, en aquellos valores que hacen que las personas sean más humanas, más generosas y más pacientes.

Si queremos que algo mejore, si de verdad estamos empeñados en erradicar el maltrato y evitar las muertes que de el se derivan, cada uno de nosotros, la familia, la escuela, los dirigentes políticos, la sociedad civil, los medios de comunicación, los publicistas, etcétera, tendremos que empezar a asumir nuestras responsabilidades. Defender la familia, la vida, la educación de los jóvenes, la solidaridad, la justicia,…Solo así, mantendremos el equilibrio para construir y mejorar nuestra esquizofrénica sociedad.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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