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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

La campaña de la niña de Rajoy

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
sábado, 1 de marzo de 2008, 07:46 h (CET)
Curiosa la resaca que ha provocado el debate, si es que fue un debate, celebrado el pasado lunes. Que si un psiquiatra dice que ZP se enrolla más que las persianas, que si una “perita en lenguaje no verbal” (¿en dónde demonios se estudiará para eso?) demuestra por los gestos de los protagonistas que Zapatero es un hombre lleno de talante y Rajoy un malvado, que si las encuestas dicen que ganó ZP, que si la culpa es del maquillador… ¡Cuánta seriedad! Sea como sea, más de trece millones de espectadores, veinte en los momentos más álgidos, siguieron el debate y se habrán formado su propia opinión, personal e intransferible cual abono transportes que Rodríguez Zapatero, el mismo que dice que el Banco Central Europeo fija el Euribor –“euroibor” (sic) según Caldera-, confunde con un simple bono bus.

Tengo para mí que el que un correoso Mariano Rajoy, que salió desde el minuto cero a ganar el partido, sacó del cuadrilátero a un por momento noqueado Rodríguez Zapatero, durante la primera parte del debate, o sea, hasta la publicidad, es casi tan evidente como las ansias de protagonismo y el partidismo de Manuel Campo Vidal y del realizador Navarrete –vaya planos de ZP mientras hablaba el popular y qué pocos de Rajoy mientras hablaba el candidato socialista-. Que luego ZP remontó para dejar la victoria popular en una victoria por puntos y ajustadita, también. Ambos, finalizada la contienda electoral, eran plenamente conscientes del resultado. Mariano Rajoy abandonaba el plató exultante y se iba directo a la sede popular a celebrar con sus colaboradores el resultado. Rodríguez Zapatero ha suspendido actos de campaña para preparar la segunda vuelta del partido.

¡Y qué decir del ya famoso cuento de la niña de Rajoy que tanto parece haber disgustado a todos! Qué quieren que les diga, a mí el cuentecito de marras no me gustó. Nada de nada. Pero porque no me gustan en absoluto ni la cursilería ni el lenguaje políticamente correcto. Por lo mismo por lo que no veo determinados programas de máxima audiencia o no escucho a determinados locutores de radio que más que noticias parece que reparten pasteles es por lo que me eché las manos a la cabeza cuando, después del brillantísimo debate protagonizado por Rajoy me encontré con la historia de Heidi. Porque no me va el sentimentalismo inyectado en vena. Ahora, estoy segura que hubo gente a la que hasta le emocionó.

Sea como sea a día de hoy, y eso que anda que no han pasado días, todo el mundo sigue hablando de la niña de Rajoy. Para bien o para mal, para criticarlo, para aplaudirlo o, simplemente, para pensar que no estaría nada mal ese futuro para los niños españoles, esta campaña ya es la campaña de la niña feliz del PP.

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