Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

No hay orejas para cada martes

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 1 de marzo de 2008, 07:46 h (CET)
“Yo puedo prometer y prometo”, ¿recuerdan ustedes esta habitual frase de don Adolfo Suárez, el primer presidente del gobierno de la democracia? Era un latiguillo simpático, cargado de buenas intenciones y característico de una persona con una extraordinaria cintura política, que sabía manejarse como nadie por el proceloso mar de la política. No se lo supieron pagar, no se lo quisieron pagar y sufrió, como César, la malevolencia de aquellos “brutos” que, empeñados en hacerse con los despojos del imperio, no tuvieron inconveniente en deshacerse de él. Lo malo fue que, con tantos dimes y diretes, lo único que de verdad consiguieron fue entregar a España a las fauces hambrientas de un partido socialista que, en su larga historia, nunca se las había prometido tan felices desde lo de Suresmes. Lo de siempre, una derecha con vocación de gobierno, preparada para ello, pero entretenida en trifulca internas y sobrada de personajes que se creen capacitados para hacerse con el poder. La última muestra de esta especial facultad para hacerse el Hara-Kiri la hemos tenido en el rifirrafe que se produjo entre Esperanza Aguirre y Gallardón, en un momento especialmente inoportuno para los intereses del PP.

Porque, veamos, si una oposición, vejada y maltratada, ninguneada y agredida, no es capaz de salir en tromba con la cartilla bien aprendida para arrasar con un gobierno cuya especialidad ha consistido en no dar pie con bola; en verse obligado a desdecirse una y otra vez; en fracasar estrepitosamente en sus espurias negociaciones con ETA; en llevar un rumbo errático y completamente absurdo, en sus actuaciones internacionales; apartándose de Europa en sus relaciones con Cuba y con los países del Cono Sur; en meterse de hocicos en una política disparatada de inmigración, con regularizaciones sin sentido y, por si fuera poco, enfrentándose al resto de países de la UE, que lo han recriminado por activa y por pasiva; señores es que estamos en la más pura y dura Babia.

Siempre he dicho que somos muchos los de la derecha que nos quejamos de falta de arrestos, de pasividad, de lentitud de reflejos y de falta de esa sangre caliente que nos caracteriza a los españoles y de la que tantos ejemplos tenemos en nuestra dilatada historia, de aquellos en los que hemos depositado nuestra confianza seguros de que, una vez en el gobierno, serían unos estupendos gestores de nuestros valores, intereses, tradiciones y costumbres. Pero tenemos un maleficio que hace, como le ocurre al Madrid, que cuando parece que más dulce se le ponen las cosas; que más hundido tiene al adversario se relaja, se desentiende y deja al oponente que recobre el pulso, que resucite de sus cenizas y que, al fin, se le acabe imponiendo. Y todo ello se debe a que tienen miedo de poner a sus mejores espadas en dialéctica al frente de sus avanzadillas.

Díganme ustedes si un personaje como el Pepiño Blanco, un sujeto mediocre, que da risa nada más de verlo, con su cara de hurón, es enemigo para un Zaplana o un Aceves y, sin embargo, se embaulan, sin tirársele a la yugular, toda cuanta estupidez se le ocurre largar. Es que ¿no hay nadie en el PP que pueda sacarle los colores a la vice de la Vogue cuando no hace otra cosa que contradecirse, engallarse para después tener que desparecer de la escena para que no se le caiga la cara de vergüenza por lo que ha dicho? ¿A qué viene esta timidez de doncella cuando por parte del PSOE no paran mientes en insultar, descalificar, satanizar y poner de chupa de dómine al PP? No me imagino a Don Pelayo luchando en Covadonga, achantándose ante el enviado por Munuza, general Al Qama. Lo veo empinado sobre los estribos de su montura con la espada enarbolada y arremetiendo con bravura contra la hueste mora. Así debió ser.

Nos atacan para evitar que hagamos campaña electoral; nos insultan desde todos los ámbitos, empezando por los sicarios de la farándula y acabando por los descerebrados de las universidades de Galicia y del PSOE de Madrid. Sufrimos que los que nos agreden sean los que, para más INRI, nos denuncien como si los culpables de la agresión fuéramos nosotros mismos; consentimos todo tipo de vejaciones por nuestras creencias católicas; nos impiden que eduquemos a nuestros hijos según nuestras propias opciones morales, éticas y políticas; subvencionan con nuestros tributos a sus amigos progresistas y, por si fuera poco, nos engañan diciéndonos que la economía va boyante. Tenemos que soportar que ministros como la señora C.Chacón, nemine discrepante, se atreva a protestar por el trato que les da el PP a los representantes de la “cultura”, a aquellos que, precisamente, se hartaron de insultar al PP y a sus dirigentes. ¿Qué debían hacer, señora mía, reírles las gracias?

Ya que tanto se habla de los islamistas y de la Alianza de Civilizaciones, ¿se imaginan ustedes que alguien se metiera con Alá o con los mufties? Animo a estos de la farándula a que lo intenten, que se atrevan a decirles lo que dicen a los católicos, ¡vamos amigo Sardá, ánimo, veamos si tienes bemoles! No, no los tendrá, como tampoco ninguno de estos que tan valientes son arropados por los suyos. Pero esto ocurre porque nos tienen tomada la medida, porque saben que no nos defendemos, que somos pacíficos y que sólo sabemos usar la dialéctica, la razón, la ironía y las buenas formas. Lo que ocurre es que si no se saca el genio en los momentos claves, si no se dice ¡basta!, en el momento adecuado, puede suceder lo que suele ocurrir con las personas pacíficas: que llega un momento en el que acabamos la paciencia, se nos encienden las alarmas y explotamos. Así ocurrió el 18 de julio de 1936 y pasó lo que tenía que pasar; no volvamos a las andadas que la historia apócrifa que se pretende escribir nada tiene que ver con lo que sucedió. Casi un millón de muertos por no saber pararse a tiempo. No se olviden la historia se repite. ¡No tropecemos con la misma piedra!

Noticias relacionadas

Casas malditas

P. Alejandre, Badajoz

No es bueno, ¿por qué?

S. Madrid, A Coruña

¿Por qué tan dóciles a las modas?

E. Barrull, GIrona

Los despropósitos de pro-moción-ado Pedro Sánchez

J. Cruz, Málaga

Bilderberg: algo más que un club

A. Morillo, Badajoz
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris