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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

A los graciosos, mano dura

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 1 de marzo de 2008, 07:46 h (CET)
Señores, no creo que se pueda dar un espectáculo más hortera, más denigrante y menos edificante que el protagonizado por esta especie de payaso enriquecido que alguien conoce como Xavier Sardá. Cuñado de uno de la famosa Trinca y hermano de la Rosa Mª Sardá, (recuerdan aquella, hoy ya añosa dama, que tanto jugo sacó, incluso en tiempos de Franco, de su vena cómica), quien, aparte de su innegable vis cómica; hay que dejarla sola, cuando se pone a pontificar; y sí digo que hay que dejarla sola es porque no hay quien la pueda aguantar cuando se pone a hablar en plan serio. Recuerdo un artículo que sacó en La Vanguardia (si quieren que le publiquen algo en La Vanguardia, hay que ser progresista y famoso, aunque no sepa juntar dos letras seguidas) donde esta teóloga “consumada” afirmaba con rotundidad que de metafísica nada, que ella podía garantizar que después de esta vida: la nada. Curioso, porque, que sepamos, todavía nadie ha regresado del más allá para informarnos al respeto. Pero volvamos a este niñato que, para hacerse famoso, empujado por su hermana, tuvo que ser utilizando lo que se ha dado por llamar “programas basura”, como Crónicas Marcianas, uno de los programas pioneros donde su “amiguísimo”, el inefable Boris Eizaguirre (este sujeto que como mejor se encuentra a si mismo es con los pantalones bajos y enseñando las posaderas) se dio a conocer, para desgracia de los espectadores normales y alegría de estos progresistas a quienes todo lo morboso, anticlerical, escatológico, gay y antisistema les pone ¡y de qué manera!

Lo cierto es que, su última gracia ha consistido en pedir a voz en grito, reptando por los suelos del plató del programa – ¡el último, afortunadamente, de Boris y la Siñeriz!, Chanel nº 4. –; pidiendo de rodillas a los espectadores: “¡No voteis a Acebes… ni a Rajoy!” añadiendo, para redondear su histriónica representación: “Ahora viene la época del dramatismo” pero, lo más sutil, lo más ocurrente y sin duda lo más fino de su intervención fue cuando, convertido en un energúmeno, les pidió a los espectadores de la Cuatro: “¡Coño, votad al PSOE, ostia!. Claro que, que el señor Sardá sufra un enajenamiento transitorio que le haga regresar a los tiempos de sus más cercanos ancestros, los cuadrumanos australopitecus, no nos debería sorprender; así como que, el conocido militante de “Paz” y defensor del exhibicionismo de las nalgas, Boris (supongo que el nombrecito se lo debió poner por su vena soviética) le jaleara y tomara fotografías de la escena, abundando en tan “edificante” muestra de su zoofilia por su jefe ZP; entra, sin duda, dentro de lo que constituye la clave propagandística de esta bazofia que gusta de llamarse, a sí misma, “progresista” ; es algo que debemos dar por sentado. No obstante, si nos queremos atener al desliz del señor ZP en su vis a vis con Gabilondo, cuando habló de “tensionar el ambiente” y de “dramatizar”, se necesita tener mucha cara dura para frivolizar sobre lo mismo, porque en cualquier país civilizado (no como este en el que vivimos, por supuesto) este señor habría perdido toda esperanza de ganar las elecciones.

Pero España it’s different, aquí las palabras soeces, las impertinencias groseras, las expresiones tabernarias y las referencias obscenas e irreverentes tienen mucho predicamento entre una parte de la ciudadanía, que es la que les da de comer a toda esta serie de impresentables criaturas que forma el mundo de la farándula barriobajera con ínfulas de cultos. Y es que, que el amigo Sardá lama la mano de quien le ha dado subvenciones durante estos años, no deja de ser el pago debido por haberse convertido de un don nadie en un millonario a costa de haber denigrado la TV con sus programas bodrio. Supongo que cuando se ha hablado de unos principios democráticos; de una enseñanza libre alejada de la “mala influencia” de la iglesia católica o de lo útil que será para nuestra juventud la “Educación para la Ciudadanía”, los señores del PSOE deberían estar pensando en ejemplos tan “edificantes” como el que nos proporciona el señor Sardá. Le debemos reconocer un mérito: tensionar y dramatizar, sí lo sabe hacer bien; como supongo que debe bordar las onomatopeyas del burro, del asno, del cerdo y de la hiena, porque ha demostrado su versatilidad para transformarse en un camaleón de la escena. No debemos olvidar su intervención en el programa de la Otero (otra que tal) cuando ¡mira que es obcecado nuestro Javierín!, también les pidió a los niños (que no tienen edad de votar) que no votaran a Acebes; aprovechando la ocasión y fuera de campaña electoral, cuando está prohibido pedir el voto para ninguna formación política.

Si esta gente no tiene vergüenza para satanizar al adversario político, no por incompetente ni por dictatorial ni por ser un sinvergüenza o un peligro para la humanidad, sino por el simple hecho de profesar unos principio distintos de los suyos; no tendría ninguna objeción a que, los de la derecha, los que defendemos unos principios basados en la moral y la ética tradicionales, los que aceptamos una convivencia pacífica con los demás ciudadanos sin tabúes ni prejuicios, los que no admitimos que se cuarteé España y que se nos limite nuestros derechos constitucionales de educar a nuestros hijos y de hablar el idioma patrio en cualquier lugar de la geografía española; utilizáramos nuestro derecho de pedirles, a nuestros correligionarios, que excluyan de sus agendas, de sus compras y de sus preferencia a cualquiera de estos sujetos que se han erigido en el soporte de un Gobierno que nada más ha gobernado para los suyos ignorando al resto de ciudadanos, sus opiniones y sus necesidades. Que sepan estos faranduleros que diez millones de españoles no van a ver sus programas, comprar sus discos o visionar sus películas, lo cual, desde mi modesto punto de vista, no representará ningún sacrificio vista la calidad ínfima de la mayor parte de su producción artística. Vamos, pues, a coger el Cielo con las manos y enseñarles a estos sujetos lo que vale un peine.

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