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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Debatir es otra cosa, no un muermo como el que nos dieron

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 29 de febrero de 2008, 09:36 h (CET)
Cuando uno se dispone a ver un debate electoral no espera que el contenido del mismo se limite a que los dos protagonistas se dediquen a recitar, en bloques de diez minutos, las excelencias de sus respectivos programas. Para este viaje no hacen falta alforjas. Por ello cuando ayer me situé ante el televisor para ver el cara a cara entre Solves y Pizarro tenía la ilusión de ver un rifirrafe entre ambos en el que, a través de preguntas y contra-preguntas los espectadores pudiéramos sacar una conclusión acerca de la solvencia de ambos especialistas de cara a un diagnóstico claro respecto a la forma de enfocar la crisis económica y sus repercusiones para un futuro más o menos cercano. El debate fue aburrido ad nausea. El señor Solbes haciéndose un lío mayúsculo con las notas de las que iba abundantemente previsto y el señor Pizarro, a quien se le notó demasiado su bisoñez en el espacio político, bien documentado pero sin trasmitir a la audiencia la confianza que todos esperábamos nos iba a proporcionar. El defecto inveterado de la derecha, el miedo a ser mal educado, la excesiva buena fe y caballerosidad con el adversario. Si Rajoy quiere sacar una consecuencia y una lección de este debate deberá admitir que con paños calientes y cortesía no se arrastra a la gente ni se ganan debates.

En cualquier caso si hubo una diferencia destacable entre las intervenciones de Solbes y Pizarro porque, mientras el primero se limitó a ponerse medallas atribuyéndose méritos imaginarios y tergiversados, como aquellos abuelitos que cuentan sus batallitas y cada vez añadiéndoles más ingredientes, sin querer entrar en el meollo de la cuestión; porque a nadie le interesa ya lo que ocurría hace un año y sí mucho lo que nos espera en el futuro, ante los signos indudables de una crisis; si señor Solbes, no quiera dorar la píldora, porque por mucho que usted se empeñe en disimularlo, todos los datos, todas las señales de la economía y todos los informes del FMI y del BCE nos indican que estamos abocados a una ralentización de la economía que, probablemente, durará durante todo lo que resta de año y quien sabe si también durante el próximo año. En cambio las intervenciones de Pizarro incidieron en los remedios que deben ponerse para evitar, dentro de lo posible, que se disparen en España los efectos que, por otra parte ya estamos comenzando a padecer.

Como suele ocurrir entre técnicos especialistas los árboles no les dejan ver el bosque o viceversa. No entiendo como el señor Pizarro ante las constantes críticas del ministro de Economía al gobierno de Aznar no le interrumpió para aclararle algo que todos sabemos y de lo que parece que el señor Solbes, no se si por tener un ojo a la virulé o porque sus neuronas ya están para el desguace, no se quiso acordar. Creo que poniendo un ejemplo muy simple podríamos explicarlo: Consideremos el dúo Felipe González-Solbes del gobierno del primero, el dúo Aznar-Rato del gobierno del PP y el dúo Zapatero-Solbes del actual gobierno y figurémonos que participaran en una carrera de relevos. Los primeros habrían comenzado la carrera con mucha fuerza pero se agotaron a mitad de camino cediendo muchos metros al resto de sus oponentes (en este caso los países de la Unión Europea) lo cual provocó que su relevo, los del PP, se vieran obligados a un esfuerzo adicional que consistió en recuperar el terreno perdido por los de la primera posta y, además conseguir llegar los primeros a la segunda posta que fue cuando los de Zapatero recogieron el testigo. Entonces, este tercer relevo, gracias la ventaja obtenida por los corredores de la segunda posta, consigue mantenerse en la primera posición hasta que, al finalizar la carrera, sufren un desfallecimiento y acaban por quedar en último lugar.

Ahora el señor Solbes que dejó, cuando era ministro de Economía de González, una España con la Seguridad Social colapsada; un desempleo galopante con sus repercusiones en las cotizaciones; una industria en apuros y, por si fuera poco, sin cumplir ninguno de los requisitos fijados en los acuerdos de Maastricht para poder acceder a la UE,; pretende hacernos creer que le dejo a Aznar una economía saneada. Sin embargo, a pesar de la mala situación en la que recibió el gobierno de la nación, Aznar con la colaboración inestimable de Rato, no sólo consiguieron levantar la economía española, rebajar el desempleo en cinco millones de personas, reactiva la Seguridad Social dejándoles un colchón de más de 30 mil millones de pesetas sino que lograron que España entrara en la UE en mejores condiciones y con la admiración del resto de Europa que se hacía cruces del progreso conseguido por nuestro país. Este es el país que, según afirma Solbes le fue entregado en tan “mal estado” y que grsacias a su “eficiente” labor ahora está que se sale. Cara dura si que la tiene el señor ministro y desvergüenza también.

El PSOE ha tenido la suerte de que la crisis (que por cierto negó repetidamente cuando era ya un hecho para todos) haya llegado a las postrimerías de la legislación y sus efectos, aunque notables y conocibles, aún no han llegado a vaciar del todo los bolsillos de los ciudadanos, aunque ya son evidentes. Pero que el ministro de Economía tenga la desfachatez de sacarse de la manga una serie de papelitos de colorines –como si fuera un niño con sus cromos de colores que “farda” de ellos ante sus compañeros de clase – para mostrarnos sus “logros” y para intentar ocultar que, en estos momentos, tenemos una crisis mayúscula en la construcción; que nos desbordan los inmigrantes (entre los cuales ya hay ub 40% de desempleo); que tenemos un número de personas desempleadas que hace un año y que 132.000 de ellos se inscribieron en el paso mes de enero, es algo que no puede atribuir a nadie más que a su falta de previsión y a sus nulas actuaciones para intentar si no remediar al menos paliar los efectos de la crisis. No nos venga con bravatas el señor ministro, queriendo que nos traguemos el anzuelo de que por su cara bonita la economía va boyante. Me temo que a ustedes les iría bien aquello de “siete al saco, y el saco en tierra”; y si no ¡al tiempo!

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