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Nicols y el tiempo
Nieves Fern ndez
A la una de la madrugada, Nicols vuelve al lugar donde los sue os se crecan al filo de la tarde cuando ni o, pero ahora el recuerdo es slo conquista en la memoria, memoria que se rompe y se deshace porque el latir del tiempoãÔ¬ ttulo del nuevo poemario del poeta piedrabuenense Nicol s del Hierro es una garra que no perdona ausencias.
A las dos, nos habla de su primera casa y de la mquina de coser poemas y de rimar trajes y faldas con blusas de pespunte y sobrehilado. Dos m quinas sonando en Piedrabuena junto al joven amor.
A las tres, nos trasporta hasta su calle, a esa que miraba hacia el norte como smbolo de punto cardinal y de infancia.
A las cuatro, pasa por esa misma calle toda la juventud, entonces los relojes hacen sonar los timbres y comienza una nueva jornadaí.
A las cinco en punto de la tarde vuelve al pueblo, tras separarse, y encuentra que ya no es lo que antes era, el mundo, el pueblo, volver a ser la feria que perdura en la entra a de todos.
A las seis nos muestra la luz de una fotografa y demuestra que all tambin est atrapado el tiempo.
A las siete Nicols sale de madrugada al campo y se impregna y nos impregna de surco y cereales.
A las ocho nos gu a hasta el Bullaque, ro inmenso en el mejor paisaje, llorando emocionado.
A las nueve descubre que le faltan gallos a la auroraí y a su reloj le falla esta maana el pulso del tic-tac.
A las diez el viento le refresca la memoria y recuerda a los hombres de su pueblo como un gran universo en laboreo.
A las once se sienta en una silla de enea y sopesa la balanza del tiempo con la vieja y heredada romana, intentando descubrir la esencia de la cosa u objeto y de sus p lpitos.
A medioda se refresca el almaáÔ a golpes o latidos de corazn para nacer de nuevo por encima de las leyes del tiempo.
A la una de la tarde vuelve a la casa, pero esta vez es su tercera casa con un ordenador equilibrado que le hace sentir nostalgia de su vieja m quina de escribir.
A las dos el poema le nada como un pez que se desliza y bulle silencioso.
A las tres de la tarde se sube al Palomar a divisar invisibles palomas como pasin con que el poeta nutre sus met foras.
A las cuatro hay tormenta y surge el arco iris cuando el verano abri sus mieles al fulgor decadente de la tarde.
A las cinco hay calima de agosto y el pueblo se adormece. Son los hombres la siesta.ãÔr
A las seis Nicols del Hierro se pregunta á¿Qu sucede en el pueblo en sus aletargadas horas?
A las siete en esta poblaci n ciudadrealea se juntan todas las tardes de la tierra, entonces, áÓ¥l reloj tiene manillas de zozobra. Nicols se queja de su soledad en el estudio al tiempo que valora ese silencio que le permite escribir en el espacio para el versoá.
Los diecinueve poemas del nuevo poemario, recientemente presentado, bien podran ser para este grand simo poeta las diecinueve esferas de una jornada cualquiera en el latir de la vida y el tiempo. Tiempo de poesa. Tiempo de silencio.
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