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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Cristianismo de estado

Octavi Pereña
Octavi Pereña
jueves, 28 de febrero de 2008, 07:23 h (CET)
Durante la guerra de Secesión norteamericana, el 20 de noviembre de 1861, el secretario del Tesoro, Salmon P. Chase, escribió al director de la Moneda diciéndole: “Ninguna nación no puede ser fuerte si no es por el poder de Dios, ni salva si no es por su protección. La confianza de nuestro pueblo en Dios se debe plasmar en nuestras monedas. Prepare sin demora un lema que exprese con el menor número posible de palabras este reconocimiento nacional”. El deseo del secretario del Tesoro se hizo realidad. En el año 1864, por primera vez, una moneda de 2 centavos llevaba esta inscripción: “In God we trust” (Confiamos en Dios). El 1 de octubre de 1957, durante el primer mandato de Dwight Eisenhover, que decía de si mismo “yo soy el hombre más religioso que conozco “, se puso en circulación por primera vez el billete de 1 dólar que incluía la frase “In God we trust”.

Los imperialismos europeos, con el nombre de Cristo en los labios fueron a colonizar tierras lejanas con la excusa de llevar el Evangelio a los paganos. El motivo principal de los viajes colonizadores no era otro que el mercantil. Sin ir demasiado lejos, ni en el espacio ni en el tiempo, en nuestra propio país las monedas llevaban este texto. “Caudillo de España por la gracia de Dios”. La dictadura de Franco no se caracterizó precisamente por la ética cristiana, aún cuando durante una buena parte de su mandato se favoreció la exaltación religiosa hasta límites grotescos. El mismo Eisenhover tiene una frase que es muy peligrosa en el contexto nacional: “Las armas espirituales que serán siempre la fuerza más poderosa de nuestro país en la guerra y en la paz”. El presidente Bush, invocando a Dios con muy poca sensatez en el ámbito político, con la excusa de combatir el “eje del mal” ha involucrado a su país en unas guerras que además de gravar el erario público no sabe como salir airoso, con el agravante que involucra a otras naciones en el caos que ha armado.

La cristiandad que a lo largo de los siglos ha tergiversado la doctrina bíblica que es su cimiento, la ha ido substituyendo por preceptos humanos que la contradicen. Esta substitución que condenó Jesús en el judaísmo de su tiempo, se puede aplicar perfectamente a la Iglesia cristiana que también se limita a adorar a Dios de labios.

La fe cristiana es una fe personal. La conversión a Dios es un asunto privado, no colectivo. Individualmente, en el contexto de reconocerse pecadores, las personas se convierten a Cristo por la fe en su nombre. El acto externo que refleja lo que ha sucedido en las profundidades del alma es el bautismo, palabra de origen griego que significa sumergir. La inmersión del creyente en el agua bautismal simboliza la muerte al pecado y la resurrección a una nueva vida de santidad y de justicia, la muerte física y la resurrección corporal al final del tiempo. Este acto tan profundo se le ha trivializado y convertido en un símbolo sin significado. La devaluación del significado bautismal llevó al bautismo masivo de judíos y musulmanes. Antes de este hecho histórico el rito bautismal ya se había convertido en un acto social mediante el cual el bautizado, aunque fuese inconsciente de lo que sucedía a su alrededor, se convertía en cristiano y miembro de la Iglesia. De esta manera, concretamente en España, toda la población era cristiana. Con este cristianismo tan superficial, que no deja de ser un paganismo encubierto, fuimos a América a llevar nuestra cultura y religión. Los reinos cristianos europeos impregnado de un cristianismo de la misma índole que el de España, se lanzaron a la colonización de tierras lejanas, no con el espíritu del Evangelio, sino con el poder de la espada, propósito que se opone al mensaje evangélico.

El tema de reflexión es que la evangelización efectuada a golpe de espada ha sembrado un odio visceral en los países colonizados y cristianizados a la fuerza contra el cristianismo, porque vinculan la fe cristiana con el expolio y el latrocinio estatales.

La Iglesia de hoy no ha entonado un «mea culpa» sincero por todos los daños que ha ocasionado en el nombre de Cristo. Sigue conservando el bautismo como una manera de hacer cristianos fácilmente, sin esfuerzo educativo. Los primeros años del régimen de Franco se caracterizaron por la cristianización forzada de todos aquellos que durante la República no habían pasado por la sacristía. Como no ha cambiado la manera de hacer cristianos, si en el futuro se repite la oportunidad de que la religión se convierta en razón de estado y de unidad nacional, se volverán a repetir los bautismos forzados. ¡Cuidado! Se hacen muchos esfuerzos para que la religión se convierta en razón de estado. No solamente en los países islámicos, también en los cristianos. La última sacudida en este sentido, de no hacer una marcada distinción entre lo que se debe dar a Dios y al Cesar la ha dado el presidente de Francia Nicolás Sarkozy, el 20 de diciembre de 2007 en la iglesia de San Juan de Letrán de Roma con motivo de su toma de posesión como canónigo honorario, privilegio reservado a la presidente de la República francesa, en donde reivindicó las “raíces cristianas” de Francia. Poco después, en Riad, capital de Arabia Saudita , delante del Consejo Consultivo, Sarkozy dijo algo parecido al referirse a las “raíces religiosas” de las civilizaciones al afirmar: “No conozco ningún país con una herencia, una cultura y civilización que no tenga raíces religiosas”. Estas declaraciones sorprenden al venir de un presidente de la República que desde 1905 consagra la laicidad y la separación de la Iglesia y el Estado.

El centrista François Bayrou, católico practicante, fue de los primeros en rechazar la “paradoja inquietante de un presidente que exhibe su complacencia con el materialismo financiero a la vez que desea hacer de la religión una autoridad en el espacio público”. Si el cristianismo o el islamismo se convierten en religiones del estado será una amenaza para la preservación de la libertad de conciencia. Arabia Saudita es un representante bien destacado de lo que representa que una religión sea la religión del estado. Que no suceda lo mismo en ninguna nación cristiana.

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