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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El socialismo anticlerical de Zapatero

Roberto Esteban Duque
Redacción
jueves, 28 de febrero de 2008, 06:53 h (CET)
Produce inquietud ver la anémica conciencia del gobierno socialista oscilar entre un laicismo inclusivo, de benéfico silencio estratégico electoral, y un laicismo de neutralización o exclusión, tanto más real y operativo cuando se produzca el presumible triunfo socialista en el 9-M, y asumido con claridad por una organización proveniente de una tradición laicista y anticlerical.

Aunque la mitad de los militantes socialistas se consideran personas religiosas (hasta Javier Bardem y su madre hablan ya de Dios), los núcleos dirigentes mantienen un discurso y una práctica beligerante contra la Iglesia católica y la religión, modulada pragmáticamente, según las fuerzas y las expectativas electorales.

La cultura dominante de silencio transeúnte impuesta en el partido socialista sobre la religión y la Iglesia católica es una inequívoca manifestación de tolerancia negativa, de palmario desprecio y acorralamiento a través del ordenamiento jurídico en que desean ver yacer a la Iglesia católica en España. La última propuesta laicista del gobierno consiste en promover la modificación de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa, con el supuesto fin de evitar privilegios y garantizar la libertad y el pluralismo religioso en España.

La propuesta de Zapatero, por si alguien alberga alguna duda, no dista de la expulsión de la Iglesia católica de la vida pública. ¿Qué significa fortalecer las plurales expresiones religiosas en España? ¿Acaso el 1,4% de la población es más importante a la hora de definir la política religiosa del partido que el 80%, como si la religión en España fuese un híbrido de la marroquí y la sueca? Zapatero no respeta la Constitución ni la Iglesia católica en España. Si después de las elecciones mantiene el poder, se asumirán las demandas de las asociaciones laicistas españolas, a las que ya ha dado primacía absoluta y cuyas reivindicaciones sólo queda implantar de modo definitivo en el entramado jurídico y social.

El laicismo español, que alcanzó su hegemonía política y cultural en la proclamación de la II República, se convierte en la actualidad en algo ofensivo para una nación con una fuerte identidad cultural católica y una identidad religiosa bastante extendida, una notable identidad eclesial y escasa presencia de otras identidades religiosas. No existe ninguna institución con una base tan sólida en España como la Iglesia católica. Ignorar la cooperación constitucional debida y positiva del gobierno de España con la Iglesia se convierte en una solemne provocación.

Si es verdad que no cabe refugiarse en el pasado, pues nos quedaríamos fuera del hombre y de la historia, también es cierto que ver el jardín a través de una ventana sin advertir el vidrio se convierte en una mala percepción de la realidad. Zapatero ha empuñado con firmeza durante su legislatura un arma que pretende hacer frente a la tradición y a unos determinados valores recibidos; ha pretendido crear una España ex nihilo, libre del prejuicio del rudimento religioso, de la misma trascendencia y de vigencias objetivas. Zapatero se ha sumergido en el jardín sin reparar en la presencia magnífica del vidrio de la ventana, tan sutil como consistente, tan frágil como fijado con seguridad en el entramado de la sociedad española. Su política laicista irreverente contra la Iglesia católica está todavía por llegar. Seguro que una última luz será capaz de iluminar tanta oscuridad.

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