|
Estados de ánimo
Daniel Sanabria
Normalmente los periodistas deportivos intentan ser analíticos con las situaciones que les toca contar. Buscan las causas y las consecuencias, profundizan, se documentan, y se lo explican con facilidad a sus lectores. La prensa deportiva, por suerte o por desgracia, prácticamente se ha convertido en prensa futbolística, y los periodistas más mediáticos son grandes analistas de este deporte.
El fútbol acapara tantas cámaras y tantos ojos a lo largo del fin de semana que cada jugada puede ser minuciosamente estudiada. Nos fijamos en todos los aspectos, la táctica, la técnica y el físico. Muchas veces recurrimos a la mala condición física para explicar los bajones de los equipos en las segundas vueltas, o un fallo táctico en un planteamiento con un rival de características diferentes. Incluso en algunas ocasiones una jugada personal en los últimos minutos anula todos los análisis posibles.
Pero en el fútbol de hoy en día hay cosas que no necesitan demasiada explicación. Todo responde a un estado de ánimo, a una dinámica que transforma a los equipos y cambia los resultados. El Valencia de hace dos años se habría puesto con un 3-0 a la media hora de partido el sábado pasado. Pero se encuentra en esa espiral autodestructiva que hace que todo lo que pueda salir mal salga mal. Ahí la diferencia entre meter cada balón que se acerque a la portería o que salga rozando el palo y se vaya fuera.
En esa misma onda está el Atleti, en el que las explicaciones técnicas y tácticas desaparecieron hace años. El club rojiblanco puede tocar estados de ánimo en extremos opuestos en apenas unas semanas. Es un equipo con una idiosincrasia diferente. Si en enero se veía disputando los cuartos de final de Copa y los dieciseisavos de UEFA, ahora sólo le queda un cuarto puesto que tirita como el que sale de la piscina en invierno.
En diferente corriente se hallan Sevilla y Barcelona, que tras una titubeante primera vuelta, están recuperando el estilo con el que arrasaron Europa no ha mucho tiempo. El Sevilla está volviendo a ser ese tren que arrasa con todo lo que encuetra a su paso, mientras que al Barça el febrero de este bisiesto 2008 le ha vuelto a colocar a dos puntos del líder. Depende de sí mismo para ganar la Liga, y eso que dicen que Dios es del Real Madrid, pero a veces también se coge libre los domingos.
|