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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

El ilusorio romance del Obispo y las encuestas

Luis Agüero Wagner
Redacción
domingo, 24 de febrero de 2008, 09:03 h (CET)
La encuestofilia de los partidarios del obispo Fernando Lugo es un claro ejemplo de cómo juicios parciales llevan a conclusiones radicales cuando se trata de fanáticos cultores de la publicidad tendenciosa, siempre predispuestos para emitir juicios subjetivos y politiquear aún en medio de una emergencia nacional por brotes de fiebre amarilla como la que vive en estos días el Paraguay. La negligencia de esta actitud es aún mas grave en el caso de algunos políticos opositores que poseen un grado en medicina pagado sacrificadamente por el presupuesto público, como Carlos Filizzola, Aníbal Carrillo, Héctor Lacognata y otros, pero que haciendo gala de insensibilidad social se dedican sin remordimientos al proselitismo en medio de una epidemia en lugar de presentarse aunque sea para media hora de trabajo voluntario de vacunación.

Varios factores permiten dudar de los últimos resultados que dan el primer lugar al obispo Fernando Lugo, sobre todo porque quien encargó las encuestas es el mismo diario –ABC color- que promovió entre los activistas funcionales a sus campañas contra el Mercosur la candidatura de Lugo, y porque ya nadie duda que tanto el dueño del periódico como sus escribientes están a punto de cortarse las venas por la candidatura que parieron. En segundo término, el encuestador es el mismo que auguró una victoria por quince puntos para Federico Fraude (como se conoce al compañero de fórmula del obispo por la forma en que adjudicó el triunfo en las internas de su partido, el liberal), quien al postre solo pudo imponerse gracias al fervor liberal de las almas en pena de los camposantos de Guarambaré.

Profundizando otros datos más indicativos, se descubre que en realidad la primera impresión que dan los números preliminares es bastante engañosa.
Sabemos por ejemplo que el 46 por ciento cree que ganará Blanca Ovelar, y solo el 21 por ciento da crédito a una victoria del obispo Lugo, aunque el 31 tenga intención de votar por Lugo y sólo el 25 de hacerlo por Blanca. Desglosando el trabalenguas, la mayoría cree que volverá a ganar el partido colorado aunque Lugo tenga una efímera primera posición mientras sanen las heridas de las internas del partido gobernante, porque reconoce como eternos perdedores a los héroes de la oposición.

De cabo a rabo el discurso y la realidad de los hechos se contradicen con tanta certeza en la victoria opositora, empezando por el caso de prueba de Caacupé, donde nuestras tropas de élite fueron a recuperar una gobernación perdida, para volver de su incursión rural con las manos vacías y viendo las estrellas por los cachiporrazos recibidos. El luguista Carlitos Filizzola Pallarés, quien hace ya casi dos décadas vivió sus quince minutos de gloria cuando llegó a la Intendencia Municipal de Asunción por voluntad popular y con la ayuda del narcotraficante Andrés Rodríguez, ahora se queja amargamente de que no puede entrar en la municipalidad ni por favor del portero.

Sin dar mayores explicaciones del cómo, garantizan a pesar de todo una abrumadora victoria electoral el 20 de abril, aunque nadie se arriesga a ceder su puesto en las listas parlamentarias que se antojan por momentos más numerosas en candidatos que votantes. La oposición luguista ratifica permanentemente su plena fé en el cambio, aunque el partido oficialista sea el único que se renovó en casi veinte años de interminable transición.

Hace veinte años, en las postrimerías del régimen de Stroessner, cuando nadie había aún escuchado hablar del actual presidente Nicanor Duarte Frutos o la candidata colorada Blanca Ovelar, ya se encontraban en la palestra opositora casi todos los mismos eternos perdedores que hoy, convencidos al fin de su destino, apelan al místico argumento de la sotana para intentar lograr lo que no pudieron por incapacidad, deshonestidad, camandulerismo, figuretismo, vanidad, holgazanería y permanente deterioro de la propia imagen con el discurrir de todos estos años de democracia de baja intensidad.

Tampoco es comprensible la lógica del discurso que profieren altaneros los hombres del Obispo, asegurando que ganarán aunque el TSJE sea controlado por un violador de la constitución y la ANR (partido de gobierno) cuente con un jefe de campaña adjunto sin apego a la legalidad que para colmo es el comandante en jefe de las Fuerzas armadas.

Repiten además sin pausa que sobre los comicios pesa la amenaza latente de un fraude implícita en tener a un incondicional de la ANR del que son cómplices en repartijas de presupuesto al frente de los tribunales electorales. La explicación que nos deben entonces es:¿Cómo piensan ganar?

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