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El error Pizarro

Pascual Falces
Pascual Falces
domingo, 24 de febrero de 2008, 08:50 h (CET)
Era un programa de televisión esperado, lo cual ya es de tener en cuenta dado la mediocridad que se ofrece a diario en las programaciones y la apatía que provocan. Mando a distancia en mano, el “zapping” es el recurso para hacer más llevadero ese espacio de final de la jornada en que, principalmente, se busca algo que distraiga. Harto como está el espectador de la presencia de políticos en las pantallas, todavía hace más digno de atención el interés despertado por el debate Solbes vs. Pizarro.

Sin embargo, tal expectación terminó defraudando. Si hoy se anunciara algo parecido, cualquier reflexión hace previsible que no reuniría los cinco millones que, según estiman, consiguió reunir. El calificativo de “tostón” se hizo general entre los primeros comentarios que enviaban los espectadores. Pocos acudieron al espectáculo para contemplar al ministro de Hacienda, un hombre gris, monótono –capaz de aburrir a una oveja-, y al que es difícil imaginar capaz de dar sorpresas. Es evidente que la esperanza estaba puesta en Pizarro, cuya trayectoria de los dos últimos años hacia previsible un interesante “subirse a la pechera” del Ministro. Y, aquí, viene lo peor; un tinte gris como nebuloso, le cubrió durante todo el debate. “Tostón” y frustración pueden resumir la esperada contienda.

Pizarro tenía una imagen pública simpática, de intrépido luchador que esgrime sus tiempos juveniles –jugar al fútbol con pantalón corto y a cinco grados bajo cero-. Además, su denodado esfuerzo por salvar a Endesa de un claro contubernio que terminó felizmente de meses después de un alto suspense, le otorgaba aval para que el debate tuviera enjundia. Con esa esperanza fue recibido, y, tal vez, resistido para ver si en algún momento estelar surgía el héroe capaz de desmontar el conocido andamiaje del Gobierno en asuntos de economía. En sus momentos épicos, acudió ante las cámaras para defender Endesa con un ejemplar de la Constitución en la mano; con ella, defendía el capitalismo popular agrupado entre los accionistas de la compañía.

Con ese y otros parecidos limpios métodos, en apariencia, destapó ante la opinión pública el acoso desencadenado por Gas Natural, respaldado desde el Gobierno y para favorecer al regionalismo catalán. Además, y con lo que se cubrió de gloria, consiguió doblar el valor de las “endesas”, para satisfacción de sus accionistas. Claro que no sólo ganaron los modestos “capitalistas” populares, sino que, también, se doblaron los enormes capitales amagados en la compañía. Pero, ese es otro tema ya deliberado.

Como todo en esta vida, la “batalla” Endesa terminó, y, con su final, Pizarro se esfumó de la actualidad, hasta que un buen día, reapareció como sorprendente fichaje del PP para número dos de Rajoy, con lo que se despejaron incógnitas y deshicieron pronósticos. A partir de ese instante, el brillante gestor, proclamado campeón en la lucha contra manipulaciones del Gobierno, fue “reciclado” por los ideólogos del Partido Popular. Y, aquí, es donde viene lo peor a la vista del mediocre papel que jugó frente a Solbes. Se ve que a sus métodos de la época de Endesa, se le ha añadido un cursillo acelerado de “estar” en política. Con ello, desapareció el eficaz gerente de la empresa privada, y amaneció el político mediocre apabullado por la soltura que otorgan los años de Gobierno adiestrado en encubrir realidades para lograr intenciones. ¡Este no es mi “pizarro”, que me lo han cambiado!... se decía más de un espectador.

Aún así y todo, a la vista de los porcentajes de opinión, el esperado debate resultó en empate. Y, es que, mientras se transforme en oscuras “academias”, a brillantes ejecutivos en grises políticos, cualquier esperanza queda truncada. Pizarro, esta vez, ha frustrado, y ha añadido indiferencia a la indiferencia. Una lástima, porque era ocasión preciosa de captar el interés de la gente para las cosas de gobierno y elecciones, tal y como sucedió en la pugna Gobierno-Endesa.

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