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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¿Por qué me hice sacerdote?

Miguel Rivilla (Madrid)
Redacción
viernes, 22 de febrero de 2008, 00:58 h (CET)
Entrevista publicada en El Observador de México.

A modo de preámbulo

Antes de contestar a las preguntas de El Observador, manifiesto sinceramente mi sorpresa, y perplejidad al ser requerido un servidor, sencillo cura de pueblo, desde tan lejos, Querétano (México) y en un medio tan importante como éste, entre tantos hermanos sacerdotes más santos, listos y ejemplares que yo.

Acepto la amable invitación que me ha dirigido la periodista Mary Velázquez Donantes y movido sólo por el deseo de hacer algo de bien espiritual a algún(a) lector(a), me dispongo a contestar a sus preguntas.

1- Por qué me hice sacerdote.
Desde muy pequeño tuve la suerte o más bien providencia, de tomar contacto como alumno en un colegio religioso de PP salesianos, en una barriada de Madrid-Ronda de Atocha-al poco de acabar la guerra civil española.

El ambiente de alegría, familiaridad y piedad que en el colegio vivían los religiosos y los alumnos, pronto me conquistó de lleno, hasta el punto de hacer del colegio mi segunda casa. Siendo un adolescente bastante extravertido y de natural inquieto, los superiores me escogieron para las actividades deportivas, pequeño clero y representaciones de teatro.

El clima religioso de sacramentos, de devoción a María Auxiliadora y participación activa en las funciones religiosas, fueron moldeando mi personalidad adolescente, sintiendo la inclinación y el deseo (¡vocación¡ ) de ser un día, de mayor, como mis educadores salesianos, para tratar a los jóvenes con alegría y hacerles el bien.

A mis 13 años, el paso del colegio al seminario, que la misma Congregación tenía en Santander, resultó la cosa más natural y así con una veintena de compañeros inicié mi vida de seminarista salesiano. El aspirantado, noviciado, profesión y estudios de filosofía, teología y magisterio oficial , fueron otras inolvidables etapas en los años de mi juventud, en las que fui perfilando y madurando mi vocación, hasta acceder en el Seminario mayor de Carabanchel Alto (Madrid) en junio de 1957 a mi ordenación sacerdotal.

2- Descripción a grandes rasgos de mi vida sacerdotal.

Los diversos destinos y cargos que los superiores me fueron asignando, siempre en contacto con chicos en colegios de Madrid, Salamanca y el seminario de Alava, fueron afianzando más y más mi vocación salesiana, de clérigo, de profesor, de catequista, de director espiritual y vicario parroquial en la primera parroquia salesiana de Madrid, en Estrecho.

Lo que para siempre marcó estos años de mi vida, fue el contacto directo, tanto con jóvenes externos e internos, como con toda clase de personas en la pastoral parroquial y en mi ministerio sacerdotal.

La idea motor de mi sacerdocio, copiada de S.Juan Bosco, fue el celo por la santificación y salvación de las almas. Hice mío, con todo el fervor de mis años de joven sacerdote, el lema del santo fundador : ”Dadme almas y llevaos lo demás”. La predicación, el dictar Ejercicios Espirituales, el confesar, junto con la atención a grupos parroquiales de toda clase de personas, marcaron definitivamente mi vida

Toda mi acción pastoral de sacerdote salesiano giró siempre sobre el recuerdo-testamento de D.Bosco (amor al Papa-amor a la Eucaristía y devoción a la Sma.Virgen).

3-Lo que más me agrada de ser sacerdote.

Sin duda es y ha sido a lo largo de los años, el sentirme plenamente feliz y realizado en mi ministerio sacerdotal. Me siento “alter Christus” y aunque indigno, el ejercer en su nombre el ministerio de la predicación y de los sacramentos, dio sentido pleno a mi vida.

Quedo anonadado e inmensamente agradecido al buen Dios por la elección y predilección, que ha tenido con mi pobre persona. Por gracia suya, no me he acostumbrado, en mi ya larga vida, a celebrar la eucaristía y demás sacramentos –máxime el del perdón- de un modo rutinario o como si fuera un funcionario. Sólo por este aspecto de mi ministerio, merecería la pena haber entregado mi vida a Cristo, y seguir colaborando con él en la santificación de los hombres, la extensión de su reino en la tierra y por mi medio, darles la vida de gracia y la esperanza en la vida eterna.

No me siento ajeno a ninguna de las realidades que vive la gente con la que trato. Sus gozos, esperanzas y penas las hago mías y procuro compartirlas con ellos, a quienes amo como hermanos míos en la fe. He sentido a veces la atracción del otro sexo, de las mujeres y la tentación de vivir otras experiencias como la vida de familia, pero con la ayuda de Dios, la oración, el ejemplo y caridad de otros hermanos sacerdotes, he podido superar todo, sin creerme por eso ni superior ni mejor que los que siguieron otros caminos de casados, perseverando desde niño hasta ahora, que ya estoy jubilado.

4- En qué me inspiro para escribir.

He recibido como un don de Dios la gracia que le pedí el día de mi ordenación. A ejemplo de don Bosco pedí al Señor la eficacia de mi palabra. No sólo en la predicación, sino también en lo que escribiera. Desde hace muchos años he practicado este apostolado en el campo de los medios, como publicista católico y ahí están por ahora mis cerca de 60 folletos y mis 6 libros, aparte de infinidad de colaboraciones sueltas en todos los medios.

Siendo joven sacerdote leí una frase que me impactó y que hice mía. Creo era de un pastor y teólogo protestante, Karl Bart. Decía que todo cristiano debía tener a diario en su mano derecha, la Palabra de Dios y en la izquierda, el periódico con el acontecer de la vida de sus hermanos. Ala luz de la 1ª, tratar de analizar, comprender y orientar los problemas, afanes y preocupaciones cotidianos de los hombres. Esta actitud es la mía y al mismo tiempo mi principal inspiración. Procuro estar bien informado de todos los eventos humanos que los distintos medios –no sólo la prensa, sino la radio, TV , e Internet -me proporcionan a diario y buscar luego en la Palabra de Dios la respuesta adecuada a este acontecer.

En esta etapa de mi jubilación, encuentro en esta ocupación y dedicación, una fuente inagotable para comunicarme y ayudar en el apostolado en pro de la gente. Me siento muy gratificado y pagado en esta tarea. Merece la pena el dedicar tiempo y vida a este sencillo apostolado, que recomiendo vivamente a todos mis hermanos sacerdotes.

5- Cómo describir al hombre moderno y su relación con Dios.

Lejos de mí la pretensión de escribir y generalizar sobre el hombre actual , con el que convivo y me relaciono en esta época llamada modernidad. Dejo este tema, brevemente pergeñado para otras plumas mucho más eruditas y autorizadas que la mía.

Me atrevo a adelantar una sencilla opinión al respecto, sin pretensión erudita alguna.

Estoy convencido que la fuente de felicidad para todos los humanos, radica en el encuentro personal del hombre con Dios, En la medida que cada persona experimenta vitalmente este encuentro con Dios, en la persona de Jesús y se esfuerza en seguirle fielmente, ha encontrado la fuente de su felicidad presente y futura.

Por el contrario, el que no ha vivido esta experiencia de encuentro personal con el Señor, por la fe, notará un vacío, una insatisfacción y un sinsentido en su existencia.

He aquí el drama del hombre actual. Nace en una nación cristiana, es bautizado de pequeño en el seno de la Iglesia y recibe algunos sacramentos; pero, llegada la edad de joven o adulto, sin un conocimiento y vivencia fuertes de su fe, abandona pronto toda práctica religiosa, quedando a merced de las fuertes corrientes del secularismo, del materialismo, de la irreligiosidad que le arrastran por otros derroteros del mal, como el vicio, la droga, el sexo, el dinero, el consumismo, la pérdida de la fe y hasta caer en el ateismo.

Se necesita una gracia extraordinaria de la conversión, para volver a las raíces cristianas y tener la experiencia del encuentro con Cristo, camino, verdad y vida para todo hombre.

Sólo Jesucristo da el sentido pleno de la vida a todo hombre.

6- Cómo vive la fe cristiana Europa.

Creo que parte de lo expresado en la respuesta a la pregunta anterior, vale también para explicar y comprender el fenómeno de la descristianización actual de Europa. Una realidad constatable a ojos vista.

El papa de feliz memoria, Juan Pablo II ,en sus viajes y magisterio ordinario avisó y previno repetidas veces a los europeos del gran mal que suponía para todos el olvido de sus raíces cristianas y el hecho de dar la espalda a Dios.

Desgraciadamente, por causas complejas así ha sucedido. Hoy, gran parte de Europa es tierra de misión y quizás los cristianos del Tercer Mundo más pobres que los europeos serán los instrumentos de Dios, para que nuevamente se opere la vuelta y el retorno a los inicios de la fe cristiana.

Las fuertes corrientes del liberalismo, de la masonería, del materialismo, del comunismo y del consumismo entre otras, han arraigado en toda Europa, convertida no al único Dios,

vivo y verdadero, padre de N.S Jesucristo, sino al neo paganismo actual. Por efecto de toda clase de leyes anticatólicas, reina y se ha instalado no ya la diosa Razón, como en la revolución francesa, sino el ídolo del dinero y del seudo progreso científico que lleva a millones de europeos a la apostasía y a vivir de espaldas a Dios.

Triste panorama que sólo la misericordia infinita y el poder de Dios, con la acción y el testimonio de las minorías cristianas, obrarán el milagro de que las aguas vuelvan a sus cauces.

No perdamos definitivamente la esperanza.

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